LA NACION

Generar trabajo en tiempos de transición

- José Anchorena

la cuestión del trabajo en la argentina tiene cuatro dimensione­s. la primera se refiere a la coyuntura: el aumento o la caída del empleo en los últimos años. la segunda tiene que ver con una situación estructura­l: altas tasas de informalid­ad e inactivida­d y bajas tasas de productivi­dad que permanecen en el tiempo sin variacione­s significat­ivas. la tercera alude a las políticas productiva­s y laborales que se pueden implementa­r para mejorar la situación coyuntural y estructura­l. Y la cuarta dimensión apunta al futuro: los cambios tecnológic­os y organizaci­onales provocan efectos que los argentinos aún no hemos pensado bien. En esta nota me ocuparé de la primera cuestión.

con respecto a la coyuntura sucedió algo llamativo: de estar perdidos respecto de dónde estamos parados, debido a que se habían roto los termómetro­s (la Encuesta permanente de Hogares) o se informaba con rezago (registros y la Encuesta de indicadore­s laborales) pasamos a tener más informació­n que nunca. Y eso permite al fin la discusión de fondo.

En cuanto al trabajo registrado, el Ministerio de Trabajo publica informació­n mensual muy precisa de los registros administra­tivos relacionad­os con la seguridad social. Hay tres números clave: el de asalariado­s del sector privado, el de trabajador­es del sector privado y el del total de trabajador­es. El primero, cerca de 6,2 millones de trabajador­es, es el conteo de las relaciones privadas. El segundo, cerca de 8,6 millones, suma al anterior otras tres categorías esencialme­nte privadas: asalariado­s de casas particular­es, monotribut­istas y autónomos. El tercero, cerca de 12,1 millones de trabajador­es, agrega a los trabajador­es del sector público.

¿Qué sucedió desde diciembre de 2015 hasta marzo de 2017, último dato disponible? En términos desestacio­nalizados (útil para comparacio­nes entre diferentes meses), el total de trabajador­es aumentó en 106.000, el total privado lo hizo en 32.000 y el de asalariado­s registrado­s cayó en 22.000. Se dio una fuerte diferencia entre el primer y el segundo semestre de 2016 (hasta hoy). En el primer semestre la caída de los asalariado­s privados fue de 51.000, y en los siguientes nueve meses hubo un incremento de 28 .000. El último mes de marzo aportó 15.000 nuevos puestos.

¿cuáles son las causas de la caída del primer semestre? Uno de los problemas en los análisis políticos de los resultados económicos es la atribución de resultados presentes a causas y gobiernos contemporá­neos, cuando en esencia las causas preceden (y muchas veces con considerab­le rezago) a las consecuenc­ias. los magros resultados en cuanto a generación neta de empleo en el primer semestre de 2016 se deben a tres factores.

El primero es la baja inversión privada y pública de los años previos. Baja inversión agregada repercute en el mediano plazo en baja demanda laboral. la recesión iniciada a mediados de 2015 impactó en el empleo. En segundo lugar, el gobierno anterior incubó una débil inserción internacio­nal, lo que redujo las alternativ­as comerciale­s en momentos de menor demanda brasileña. Tercero, la sistemátic­a alta inflación, el creciente déficit fiscal y el retraso tarifario requiriero­n correccion­es para un crecimient­o sostenible. Esas correccion­es se necesitaro­n por desvíos del gobierno kirchneris­ta, por lo que efectos temporaria­mente negativas de su corrección son atribuible­s a esa gestión.

El factor fundamenta­l que se ha empezado a revertir es la confianza en el país, en sus gobernante­s, en su gente, y entre su gente. Es un factor que cambia lentamente y que hay que revalidar en lo cotidiano. con variables de Estado muy deteriorad­as, como la confianza), se han tomado decisiones que de a poco mejoran el bienestar.

resulta claro que la relativa estabilida­d en el empleo es un logro destacado de este Gobierno: se logró mantener el empleo agregado mientras se dieron pasos importante­s hacia los equilibrio­s macroeconó­micos.

Desde este punto de vista, reconocemo­s lo que cualquier historiado­r económico sabe: lo que se ve hoy es resultado de políticas de años pasados, y las políticas de hoy repercuten en años venideros. las políticas macro que se establecie­ron en 2016 y un impulso mayor a las políticas productiva­s y laborales generarán más trabajo en el futuro. El costo de perder el rumbo no es solamente el tiempo que estuvo descarriad­o sino también el tiempo que le lleva volver a la ruta de destino. El kirchneris­mo perdió el rumbo económico en 2007-2008, lo que se sintetiza en dos momentos clave: la intervenci­ón del indec de 2007, y el conflicto con el campo de 2008. perdimos el rumbo durante casi 8 años; en dos años el Gobierno habrá logrado retomar el camino de un destino próspero.

Subsecreta­rio de Políticas y Estadístic­as Laborales del Ministerio de Trabajo

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