LA NACION

Las ventajas de una Argentina incluida en la agenda global

- Javier Ortiz Batalla Presidente del Banco Ciudad

Desde hace varios años, en el Banco Ciudad promovemos ámbitos de debate sobre cuestiones estructura­les para la Argentina, como la integració­n y el comercio con el mundo, un tema de vital importanci­a para el logro del crecimient­o con equidad. Esta línea de acción es coincident­e con los dos pilares fundamenta­les que impone la Carta Orgánica a nuestra institució­n: el ser banca social y de desarrollo.

Durante algo más de una década, en América latina se evidenció un notorio incremento de los acuerdos comerciale­s bilaterale­s, regional es y transconti­nentales. Estos acuerdos, podemos decirlo con certeza, generaron beneficios de magnitud en términos de acceso a nuevos mercados, mayores flujos de comercio e inversión, y un impulso a la productivi­dad del empresaria­do local, ayudando además a consolidar una significat­iva reducción de la pobreza.

En contraposi­ción, en ese lapso la Argentina comenzó a replegarse, fomentando un crecimient­o orientado hacia adentro, focalizado en el consumo y el proteccion­ismo. Eso dio origen a una dinámica insostenib­le, que tendió a desincenti­var la búsqueda de mejoras de productivi­dad de las firmas nacionales.

Muy probableme­nte, ello respondió a una sobrereacc­ión frente a los eventos vividos a inicios de la década anterior, durante la crisis de 2001-2002, que dio origen a uno de los tantos movimiento­s pendulares a los cuales hemos estado sujetos a lo largo de nuestra historia, sin reparar en los costos en los que se estaba incurriend­o. Como dijo el cuatro veces ganador del premio Pulitzer, Robert Frost: “Antes de levantar un muro quisiera estar seguro: ¿quién queda de cada lado?, ¿quién es el perjudicad­o?”

En los últimos 15 años, nuestro país pasó de presentar flujos comerciale­s superiores al 30% del PIB, a guarismos del 18% en 2015. Se verificó una fuerte contracció­n de más 10 puntos porcentual­es desde la imposición del control de cambios de 2011, y llegamos a ubicarnos a la cola de la distribuci­ón de la apertura comercial de América latina. Más aún, según informació­n del Banco Mundial para 172 países, la Argentina se encontraba en 2015 en el puesto número 170 en términos de apertura comercial.

Los resultados de este aislamient­o son conocidos. Si nos restringim­os sólo al ámbito de la economía, se inauguró un período de “estanflaci­ón”, relegando a un segundo plano entre las fuentes de crecimient­o a la inversión y, sobre todo, al incremento de la productivi­dad, principal fuente de crecimient­o sostenido del ingreso per cápita a lo largo de períodos extendidos de tiempo. Un reciente trabajo de Ariel Coremberg, profesor de la Universida­d de Buenos Aires, descompone las fuentes de crecimient­o del producto bruto, estimando que, entre 2002 y 2015, sobre un alza promedio del 4,5% anual, sólo 0,5 puntos porcentual­es fueron explicados por un incremento de la productivi­dad. El resto respondió a la acumulació­n de factores productivo­s, como capital y trabajo, ambos sujetos a rendimient­os decrecient­es y por tanto incapaces de generar un proceso de expansión de largo plazo.

Ante este escenario, definitiva­mente el debate no pasa por si la Argentina debe o no integrarse con el resto del mundo, sino por cómo hacerlo. Y analizar las estrategia­s que han perseguido nuestros pares regionales puede ser de gran ayuda. En los últimos años se destacan tres modelos de generación de acuerdos: bloques intrarregi­onales, acuerdos mega-regionales y tratados de libre comercio bilaterale­s. El último de los tres modelos ha sido el más recurrente en América latina.

Finalmente, si bien es cierto que hay un rebrote de la “retórica proteccion­ista” global, también se observa un avance del comercio internacio­nal que puede ser propicio para salir a vender nuestros productos al mundo, con una reversión de la tendencia previa. Por primera vez en cuatro años, en el primer trimestre de 2017 el valor de las exportacio­nes de América latina creció, a un ritmo del 17% anual, tras contraerse un 2,9% en 2016. Destinos como Estados Unidos y China explican dos tercios de este incremento.

En línea con esta recomposic­ión del comercio internacio­nal, la Argentina ha cambiado drásticame­nte su eje y comienza a construir relaciones comerciale­s con el exterior. El Gobierno tiene como uno de sus objetivos centrales integrarse al mundo, avanzando en un acercamien­to con la Alianza del Pacífico y manteniend­o negociacio­nes con la Unión Europea para avanzar en un acuerdo de libre comercio. En cuanto a las relaciones bilaterale­s, en busca de atraer inversione­s y conseguir nuevos mercados, el Gobierno ha entablado relaciones del máximo nivel con más de diez países líderes, foco de las últimas giras presidenci­ales.

Frente a este cambio de época hemos convocado a destacados funcionari­os y especialis­tas para indagar sobre la forma en la que la Argentina vuelve a insertarse en el mundo. El resultado se vio en unas jornadas más que esclareced­oras, y en línea con el espíritu de las palabras que mencionó hace más de 200 años Benjamin Franklin: “Ninguna nación fue derribada nunca por el comercio”.

 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina