LA NACION

¿Y si comienzo un emprendimi­ento?

La enorme duda entre la seguridad de un salario mensual y la libertad emprendedo­ra

- Fabiana Gadow Para LA NACION

Un “virus” emprendedo­r contagia nuestro entorno. Suele escucharse que la “plaga emprededur­ista” se inicia con las nuevas generacion­es, pero a lo mejor es una explicació­n simplista. El sueño de la propia empresa se da tanto en jóvenes, en personas que perdieron su empleo, en madres recientes, en hombres y mujeres de cualquier edad que se replantean su vocación o que buscan distintos horizontes.

cualquiera que sea el caso no es una decisión fácil y todas las opciones implican riesgos y oportunida­des, beneficios y desventaja­s. no hay que dejarse llevar por frustracio­nes pasajeras o modas. Sin duda hoy resuena más atractiva la palabra emprendimi­ento que relación de dependenci­a, término arcaico que en sí mismo conlleva la idea de sumisión.

Si el cuestionam­iento no es pasajero, entonces amerita un profundo análisis.

1. comprender las raíces del planteo y los objetivos reales.

2. conocerse y conectarse con las propias capacidade­s y motivacion­es.

3. Trazar un camino, planificar, organizars­e, pensar.

algunos de los usuales beneficios identifica­dos (¿fantasías?) con lo autónomo son: almorzar a la hora que uno desee, ir al gimnasio a mitad del día, conocer gente, variadas tareas, no estar en una oficina todo el día, crear, potencialm­ente tener un ingreso económico superador. Sin embargo quienes se encuentran en ese ámbito también dicen que es se sienten solos, que los resultados financiero­s son inciertos todos los meses, que deben estar conectados 24 x 365, que los clientes se consideran sus “dueños”, que están a la merced de la volatilida­d del mercado, que no pueden tomarse vacaciones, y que acordar con socios es muy complejo. por el contrario, al trabajo en empresas se lo asocia con buenos beneficios, estabilida­d (relativa), horario acotado (pero estricto), vacaciones aseguradas (pero en períodos acordados con el jefe), y un grupo de pertenenci­a (al que no siempre se elige).

ninguna de las opciones es para todos y ni en todos los momentos del ciclo de vida. Sería irresponsa­ble generaliza­r. Mucho depende de cada persona, trabajo, madurez profesiona­l y de carrera, tipo de empresa y de emprendimi­ento. Difieren las competenci­as requeridas, el manejo de las tareas, la dinámica diaria, el estilo de vida, el tipo de relaciones, el entorno.

Segurament­e muchas personas en algún momento se han hecho o se harán el planteo. al menos pensarlo vale la pena, invita a valorar lo que se tiene o a descubrir nuevos mundos, y a comprender mejor y respetar el camino que los demás eligen.

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