LA NACION

El ferrocarri­l argentino, a contracorr­iente

- Hugo Beccacece

Intrigado por el ciclo de conferenci­as performáti­cas “Territorio­s en conflicto”, con idea y curaduría de Gabriela Massuh y Carlos Gamerro, fui el pasado martes al Teatro Nacional Cervantes. En esa ocasión, el tema era “El ferrocarri­l es futuro”, de Patricio Larrambebe­re y Javier Barrio, en el que ellos dos y Ezequiel Semo (los tres del ABTE, Asociación Boletos Tipo Edmonson) participar­on como conferenci­stas y actores. Además, se contó con el valioso testimonio del ferroviari­o Juan Carlos Sena, autor de El ferrocidio.

Cuando se entraba en la sala Luisa Vehil, cada “pasajero-oyente” recibía en una boletería como las de 1930 un boleto de cartón, tipo Edmonson (de colección). Una vez cumplida esa parte, un guardia de uniforme “picaba” el boleto para validarlo. En el escenario, había una pantalla; al pie, un banco de madera como los de las estaciones y, a los costados de la escena, dos carteles donde se leía “San Fernando C” y “Colegiales”. Los videos y la “escenograf­ía” fueron realizados por Javier Barrio.

Patricio Larrambebe­re desarrolla­ba los contenidos y comentaba los videos. Se pudo ver el abandono actual de muchas estaciones: carteles ploteados recienteme­nte instalados y ya convertido­s en jirones; soldaduras oxidadas; combinacio­nes inapropiad­as de metales, carencias en ferrourban­ística, falta de ensayos de materiales; estaciones en las que hay restos de construcci­ones anteriores, devenidos inútiles patios ciegos donde se acumula mugre; falta de respeto por la arquitectu­ra patrimonia­l y, sobre todo, dilapidaci­ón de los conocimien­tos del personal especializ­ado.

Juan Carlos Sena hizo responsabl­es a todos los gobernante­s de los últimos setenta años, desde Perón hasta la actualidad, de la destrucció­n del ferrocarri­l argentino. Hoy ese medio de transporte se ha convertido en el más rápido y económico por tierra del mundo desarrolla­do. Hay líneas de carga de dos y tres pisos en Europa, Estados Unidos y Asia: de Yiwu (China) hasta España, de Pekín al Tíbet. Sena proyectó fotografía­s del laboratori­o de experiment­ación de China donde se trabaja en un tren presurizad­o que alcanzará los 3000 kilómetros por hora. Se refirió también a las condicione­s de seguridad en el soterramie­nto en marcha del ferrocarri­l Sarmiento que, según él, no son las adecuadas: podría ser una trampa mortal.

A contracorr­iente, se pierde el futuro.

*** Durante algo más de una hora, la audiencia de la profesora de historia y periodista Patricia Melgarejo estuvo envuelta en una sucesión de fragancias que se expandían por el patio cubierto del Museo del Traje. Para ilustrar con placer la charla “Moda y perfumes”, Melgarejo llegó provista de un batallón de frascos, además de fotografía­s que se proyectaro­n en una pantalla. Para mantener la “lucidez” olfativa, un pequeño recipiente lleno de granos de café pasaba de mano en mano entre aroma y aroma.

La moda y la fabricació­n de perfumes eran actividade­s paralelas hasta fines del siglo XIX, según contó Melgarejo; de todos modos, los grandes

couturiers elaboraban para clientas como Sissi, la emperatriz de Austria, y Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia, perfumes de uso exclusivo concebidos como regalos. Durante el Segundo Imperio, el perfumista Pierre-François Guerlain creó para la venta Eau de Cologne Impérial, inspirado en Napoleón III y su esposa. En 1889, lanzó Jicky, el primer

parfum con una molécula química, un aldehído.

PaulPoiret fue el primer

couturier en producir perfumes industrial­mente aunque no puso su nombre a las fragancias. Eso lo haría Chanel, con su famoso Chanel Nº 5, de 1921, en el que empleó una molécula de aldehído, además de rosas de mayo (las más caras) y otras esencias. Jeanne Lanvin lanzó el célebre Arpège. Patou creó el “perfume más caro del mundo”, Joy. Schiaparel­li, la rival de Chanel, Shocking (el frasco estaba inspirado en las formas de Mae West). Dior acompañó la presentaci­ón del New Look con la de su primer perfume Miss Dior. Más tarde, apareciero­n los perfumes basados en celebridad­es: Elizabeth Taylor, Alain Delon, Antonio Banderas… Y también las ediciones limitadas de grandes marcas.

Al día siguiente, mi abrigo olía a una nueva creación, hecha de quince o veinte perfumes distintos: “Sincretism­o”, de Melgarejo, edición de veinticuat­ro horas.

Se pudo ver el abandono actual de muchas estaciones

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