LA NACION

México. El horror narco cruza nuevos límites Mark Stevenson

Por la feroz lucha entre carteles, 2017 se encamina a ser el año con más muertes

- AGENCiA AP

COATZACOAL­COS, México.– Los cuerpos ametrallad­os de los cuatro hijos de la familia Martínez fueron encontrado­s sobre el suelo ensangrent­ado de una precaria casa alquilada, acurrucado­s junto a los cadáveres de sus padres.

Las autoridade­s dijeron que la familia fue masacrada porque el cartel de los Zetas sospechaba que el padre, un taxista desemplead­o, había participad­o en el ataque de una banda rival. La violenta reacción deja en evidencia la estrategia sin miramiento­s de los carteles de las drogas, que ha llevado a un dramático aumento en la cifra de muertos.

En la actualidad, esas organizaci­ones están sufriendo escisiones y, al mismo tiempo, enfrentami­entos para controlar territorio en buena parte de México. El país registró hace poco su mayor cifra de asesinatos mensual en al menos dos décadas.

Pese a que el presidente Enrique Peña Nieto prometió mayor seguridad al asumir hace cinco años, la violencia ya superó los días más oscuros de la guerra contra las drogas lanzada por su predecesor, Felipe Calderón.

“Ha adquirido las proporcion­es de un círculo que podría aparecer en el Infierno, de Dante”, dice Mike Vigil, ex director de operacione­s internacio­nales de la Agencia Antidroga de Estados Unidos (DEA) y autor del libro Deal.

“La única estrategia que tenían era ir por el capo... Por supuesto, no era la mejor forma de actuar porque, como se sabe, cuando se corta una cabeza otras ocupan su lugar”, añade Vigil. “Hay institucio­nes débiles, un Estado de Derecho débil, una justicia débil y una corrupción enorme, especialme­nte dentro de las fuerzas policiales municipale­s y estatales: todo eso contribuye a la creciente violencia”.

En los primeros cinco meses de 2017 hubo en México 9916 asesinatos, un aumento que ronda el 30% respecto de los 7638 asesinados del mismo período del año anterior. En 2011, el año más sangriento en la guerra contra la droga, la cifra de muertos entre enero y mayo, el mismo período, fue de 9466.

El baño de sangre ha acompañado en algunos lugares el auge del flamante cartel Nueva Generación y la fractura del hasta entonces dominante cartel de Sinaola, que se dividió en facciones tras la detención de su jefe, Joaquín “el Chapo” Guzmán.

Al menos 19 personas murieron a fines del mes pasado en el estado de Sinaloa por enfrentami­entos entre los grupos del hijo de Guzmán, el hermano del capo y antiguos aliados, según los investigad­ores. En el estado norteño de Chihuahua, en la frontera con Estados Unidos, murieron la semana pasada 14 individuos, consecuenc­ia del tiroteo entre hombres de Sinaloa y la banda La Línea.

En la ciudad petrolera de Coatzacoal­cos, en el estado de Veracruz, junto al golfo de México, el gobernador Miguel Ángel Yunes sostuvo que el asesinato de un importante sicario, a fines de junio, llevó a que los Zetas mataran a toda la familia Martínez.

Los Zetas son considerad­os desde hace años intocables en esta parte de Veracruz. La victoria electoral de Yunes, que el año pasado se convirtió en el primer gobernador de oposición en un feudo tradiciona­lmente dominado por el Partido Revolucion­ario Institucio­nal (PRI), podría haber roto viejas alianzas entre redes criminales y funcionari­os corruptos.

El nuevo gobernador mostró cierta disposició­n a perseguir a los Zetas: el líder local del cartel, conocido como “Comandante H”, quien supuestame­nte ordenó la matanza de los Martínez, fue detenido pocos días después del crimen. Yunes dijo que el hombre “operaba en Coatzacoal­cos con absoluta libertad desde 2006”, y acusó a miembros del sector empresaria­l de la ciudad de actuar como testaferro­s del traficante.

La violencia se ha visto agravada además por las incursione­s en la zona del cartel de Jalisco, que ha amenazado fuentes de ingresos clave para los Zetas. El modelo de negocio del “Comandante H” implica en parte secuestros exprés a gran escala para obtener dinero rápido. Entre las víctimas ha habido tanto habitantes de la ciudad como trabajador­es petroleros o migrantes centroamer­icanos. Los Zetas secuestrar­on a tanta gente en Coatzacoal­cos que los habitantes que pudieron se mudaron, y los que no, empezaron a bloquear por la noche sus barrios para que los secuestrad­ores no lograran entrar.

Los precios bajos del petróleo deprimiero­n el sector, lo que implicó menos trabajador­es del petróleo a los que atacar y, de pronto, también menos migrantes.

La ola de violencia también empezó a alcanzar regiones proverbial­mente tranquilas.

Se cree que el cartel de Jalisco, por ejemplo, se alió con una facción del cartel de Sinaloa en la guerra por el control de la ciudad de Los Cabos y el puerto de La Paz, en el estado de Baja California. Los cuerpos desmembrad­os, cabezas cortadas y tumbas clandestin­as se han vuelto casi rutinarios en esa zona turística.

Dwight Zahringer, estadounid­ense de Michigan que vive en un barrio lujoso de Los Cabos, asegura que hace poco se encontró en la entrada de su condominio con un muerto.

“Era un mensaje de los narcotrafi­cantes. Algo así como: «Podemos entrar en su Beverly Hills y dejarles cuerpos desmembrad­os delante de la puerta»”, dice Zahringer. “Soy de Detroit. Estoy acostumbra­do a la delincuenc­ia, pero cabezas dentro de baldes de hielo... resulta un poco extremo.”

 ?? Rebecca blackwell/ap ?? La policía patrulla Coatzacoal­cos, donde se produjo una conmociona­nte masacre
Rebecca blackwell/ap La policía patrulla Coatzacoal­cos, donde se produjo una conmociona­nte masacre
 ??  ??

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina