LA NACION

Igualdad de género. Aún nueve de cada 10 mujeres siguen al frente de las tareas del hogar

El dato surge de un relevamien­to hecho por la ONU, que impulsa una campaña de concientiz­ación; mientras ellas trabajan puertas adentro más de seis horas diarias, ellos, sólo tres horas y media

- Evangelina Himitian

Sebastián Saravia tiene 53 años y es el padre de cuatro hijas. La menor, Antonia, tiene cinco. Cuando las mayores, que ahora tienen entre 18 y 23, tenían esa edad, él casi no compartía las tareas del hogar. Pero los tiempos cambiaron y ahora lo encuentran como un padre que forma parte de otro paradigma: tres veces por semana, cuando su esposa, que es psicóloga, llega de trabajar a las 20.30, se ocupa del baño, de preparar la mochila y de tener lista la cena. “Los tiempos cambiaron. Es una evolución”, dice. Cuando se le pregunta cómo se reparten las tareas compartida­s, es sincero: “Es un 70/30”, señala. Significa que un 70% de las cosas las hace ella y él se encarga del 30% restante. “El concepto de igualdad lo tengo superclaro. Uno va evoluciona­ndo. Lo que pasa es que a veces llevarlo a la práctica no es tan fácil”, explica.

No es el único. Pese a los cambios culturales, la desigualda­d de género sigue reinando puertas adentro de los hogares, donde las cuestiones domésticas y de cuidado de la familia siguen siendo cosa de mujeres.

Esta semana, el Centro de Informació­n de las Naciones Unidas (CINU) para la Argentina y Uruguay lanzó una campaña junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la Fundación Avón, el Instituto Nacional de las Mujeres y la Universida­d Nacional de San Martín que se llama “Compartamo­s el cuidado”. La iniciativa busca promover la igualdad de género en las tareas domésticas.

Las estadístic­as sobre las que se basa indican que nueve de cada 10 mujeres se encargan a diario de las tareas domésticas y de cuidado, mientras que menos de seis de cada 10 hombres lo hacen. Ellas dedican seis horas y media diarias a trabajar para que la casa y la familia sigan en funcionami­ento. En cambio, los hombres, sólo tres horas y media. Esto incluye tareas como llevar a los chicos al colegio, hacer las camas y las compras, cocinar, lavar, ayudar con las tareas escolares, poner la mesa y planchar, entre otras.

Visto así, por cada hora que trabaja un hombre puertas adentro la mujer lo hace dos. Es decir, la desigualda­d de género es incluso mayor puertas adentro que en el ámbito laboral, donde ellas perciben en promedio un salario equivalent­e al 74,2% del de los hombres, según señala el informe de la campaña.

“Mientras las mujeres se incorporar­on masivament­e al mercado laboral, los hombres no han asumido las tareas domésticas y de cuidado en las mismas condicione­s, tal como surge de los datos de la encuesta sobre el uso del tiempo”, dice Tamar Hahn, directora del CINU.

Los datos son del segundo semestre de 2016 y son una consolidac­ión de los resultados de la encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo hecha por el Instituto Nacional de Estadístic­a y Censos (Indec) sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares.

La campaña que propone involucrar a los varones en las tareas domésticas surge como una parte del relanzamie­nto de la Red de Hombres por la Igualdad, una iniciativa de las Naciones Unidas que los invita a compromete­rse a eliminar la violencia contra las mujeres.

Sobreexigi­das

“Hay una carga cultural muy fuerte en la idea de que el cuidado, lo doméstico y la crianza son responsabi­lidad primaria de las mujeres. Esto nace de la época de las cavernas, cuando el hombre salía a cazar y la mujer cuidaba a la manada. Funcionó por mucho tiempo cuando el hombre era el único proveedor, pero no tiene ningún sentido hoy en un contexto en el que la mayoría de las mujeres trabaja fuera de su casa. Se traduce en la doble jornada: las mujeres, por el hecho de ser mujeres, tenemos que trabajar el doble que los hombres. Es una forma de machismo, de violencia contra la mujer, muy invisibili­zada”, apunta Gala Díaz Langou, directora de Protección Social del Centro de Implementa­ción de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimient­o (Cippec).

“Si se superponen los cortes de género y de clase, se llega a que las mujeres de estratos bajos son las que más horas dedican a las tareas domésticas y de cuidado. Sin embargo, en el otro extremo de la pirámide, son pocas las de mayores recursos que se desentiend­en por completo: en todos los estratos, nueve de cada 10 mujeres hacen a diario tareas vinculadas al cuidado doméstico y de los miembros de la familia. Significa que aunque logren contratar a otra persona para que las ayude, que en general es otra mujer, son ellas las encargadas de administra­r la vida doméstica”, explica Díaz Langau.

Un análisis propio que hizo el Cippec sobre los datos indica que la maternidad es uno de los factores que más transforma­n la agenda femenina. Una mujer que vive en pareja pero sin hijos realiza a diario cinco horas de tareas de cuidado. Si tiene dos hijos o más, pasa a hacer casi 10. En cambio, la paternidad significa para ellos pocos cambios. Un hombre en pareja sin hijos hace casi tres horas diarias de tareas compartida­s, mientras que los que tienen dos hijos o más hacen apenas una hora y media más (cuatro y media) de actividade­s domésticas que los que no tienen hijos.

“Para superar esto, además de cambiar las pautas culturales a través de campañas que promuevan compartir los cuidados, es necesario que los gobiernos brinden servicios de apoyo, como colegios o guarderías para el cuidado de niños menores de cuatro años, escuelas, con jardines de infancia o salitas escolares públicas suficiente­s y bien distribuid­as para que las familias con menos recursos puedan usarlas. Planteamos la necesidad de acciones mancomunad­as y financiami­ento compartido entre familias, gobierno y empleadore­s para distribuir la carga de los cuidados no remunerado­s de niños, ancianos y discapacit­ados para que mujeres y hombres puedan trabajar fuera del hogar”, dice Mabel Bianco, directora de la Fundación para Estudio e Investigac­ión de la Mujer (FEIM).

Gala Díaz Langou CIppeC “Hay una carga cultural muy fuerte en la idea de que el cuidado, lo doméstico y la crianza son responsabi­lidad primaria de las mujeres. Se traduce en la doble jornada: las mujeres, por el hecho de ser mujeres, tenemos que trabajar el doble. es una forma de machismo, de violencia contra la mujer, muy invisibili­zada”

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SAntiAgo filipuzzi Sebastián Saravia, junto a su hija Antonia, dice que sólo se ocupa de un 30% de las tareas del hogar

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