El go­bierno chino no cree en Win­nie Pooh

La Nacion - - Página Dos - Ma­riano Do­na­dío

Dis­ney les es­tá ha­cien­do un lif­ting a sus pe­lí­cu­las clá­si­cas, y es­ta vez le to­có al osi­to Win­nie The Pooh. Christopher Robin es una nue­va ver­sión de es­ta his­to­ria que mez­cla ac­to­res con ani­ma­cio­nes compu­tari­za­das. Pe­ro es di­fí­cil que el film lle­gue a ver­se en Chi­na… de­bi­do al pa­re­ci­do en­tre el osi­to y su pre­si­den­te, Xi Jin­ping. Por un la­do, en Chi­na cir­cu­lan me­mes que lo com­pa­ran con Pooh; el más fa­mo­so de

2013, don­de un pa­seo del pre­mier chino con el en­ton­ces pre­si­den­te Oba­ma se re­pli­ca en un di­bu­jo del osi­to con su ami­go Tig­ger. La co­sa se vi­ra­li­zó y la bro­ma que­dó con­sa­gra­da. Por otro la­do, el go­bierno chino so­lo per­mi­te

34 pe­lí­cu­las ex­tran­je­ras al año. ¿Cuál de las dos cau­sas es la res­pon­sa­ble de es­ta cen­su­ra? Cree­mos que las dos: es di­fí­cil que un film co­mo es­te ob­ten­ga la apro­ba­ción de los cen­so­res. Re­cor­de­mos que el ge­ne­ral On­ga­nía prohi­bió la re­vis­ta Tía Vi­cen­ta por­que Lan­drú lo ha­bía di­bu­ja­do co­mo mor­sa. Pen­se­mos en los pin­güi­nos Kirch­ner y el ga­to Ma­cri. Ser pre­si­den­te sig­ni­fi­ca per­te­ne­cer a una es­pe­cie ani­mal de­ter­mi­na­da, y a po­cos les gus­ta que se lo re­cuer­den.

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