LA NACION

Diego Coatz

El director ejecutivo y economista jefe de la UIA dice que en el país hace falta una política productiva de largo plazo y estima un repunte muy leve este año, pero solo en ciertos sectores

- Carlos Manzoni | Foto Victoria Gesualdi/AFV

entrevista con el director ejecutivo y economista jefe de la unión industrial argentina

Han pasado muchas cosas desde 2008; sin embargo, en la Argentina hay una cifra que se mantiene igual: el producto industrial de 2018 va a cerrar en el mismo nivel que el exhibido hace una década. Eso se debe, según Diego Coatz, director ejecutivo y economista jefe de la Unión Industrial Argentina (UIA), a la falta de una política productiva de largo plazo. Él hace la salvedad de que se vivió un efímero repunte entre 2010 y 2011 y que luego se retomó, hasta hoy, la senda del estancamie­nto. Por eso afirma: “Como mínimo, la industria lleva ocho años perdidos”.

El análisis de Coatz también incluye un párrafo para la alta carga fiscal que pesa sobre el sector; la falta de financiami­ento, que afecta sobre todo a las pymes; la apertura de la economía, que se hace más complicada en un contexto recesivo y con el principal socio comercial en caída, y la necesidad de iniciar un proceso hacia lo que se conoce como la industria 4.0.

–¿Cómo ve la situación actual de la industria local?

–El producto industrial este año va a cerrar al mismo nivel que en 2008, con lo que tenemos diez años de estancamie­nto de la actividad productiva. La industria no es tan pujante como debiera ser. La industria es la solución a muchos de los problemas que tiene la Argentina, y como hace varios años que viene mal, estamos viendo falta de divisas genuinas, falta de generación de empleo bien pa- go, déficit en el crédito por empresa, etcétera... Claramente, la tendencia se agudizó en el último año, con la recesión generaliza­da que hay.

–¿Cuáles son las causas que originaron esta situación?

–Creo que falta una mirada de largo plazo y de Estado en términos de plan productivo, y eso impide que la industria crezca. Hay que definir una política productiva e industrial de largo plazo, y eso no depende de una persona, ni siquiera de un solo gobierno. Después, están los temas coyuntural­es: una economía a la que le faltaban dólares y que por eso se financió con deuda mientras pudo; eso se acabó y se produjo el ajuste, que implica salto del tipo de cambio, con todos los efectos en la actividad que tiene, con suba de tasas y demás. De nada te sirve un tipo de cambio que salte de un día para otro. –Dentro de esas causas, ¿hay

alguna responsabi­lidad del industrial argentino?

–Puede haber, pero si uno toma la productivi­dad media del país, se ve que somos los mejores de América Latina. Esto tiene que ver con la calificaci­ón de la mano de obra, la tecnología y todas las rutinas operaciona­les. Ahora, cuando se analizan los costos fuera de la fábrica, como la cuestión tributaria, la litigiosid­ad y la logística, se observa ahí estamos mal. Cuando hay crecimient­o económico, todo eso lo vas manejando; pero en recesión se hace más difícil.

–¿Cuánto les pega la apertura de la economía?

–Como siempre, todo debe ser en su justa medida. Acá se hizo una apertura importante, pero el mayor problema es que se hizo en un contexto de fuerte recesión. Si la economía crece, el proceso de apertura es una cosa, pero cuando tenés tensiones coTexto merciales como hoy, cae tu mercado interno y cae fuerte tu principal socio comercial, todo te pega más. Tampoco es lo mismo una apertura con costo de energía más barato y tasa de interés baja, que una con energía cara, costos logísticos por las nubes y tasa de interés alta.

–¿Y cuánto pesa la carga fiscal?

–La presión fiscal es muy alta. Y lo que parecía que iba a empezar a bajar, se demoró. La industria aporta 20% de la masa salarial privada, es un sector más formalizad­o y paga sueldos que están 30% por encima del promedio. Además, genera empleo muy calificado y semicalifi­cado. Como aporta mucho al empleo, aporta mucho a la seguridad social, por lo que si a la industria le va mal, afloja la recaudació­n. La reforma tributaria tiene algunos elementos positivos, como la reducción gradual de Ingresos Brutos, entre otras rebajas, pero con los problemas de 2018 el nuevo presupuest­o postergó estos puntos. Y en un contexto en el que no hay ajuste por inflación, el impacto de Ganancias es complicado.

–Más allá de la pérdida de puestos de trabajo, ¿también tienen reducción de jornada?

–Este año hay una pérdida de más de 40.000 puestos de trabajo. Obviamente, para la industria el trabajador es fundamenta­l y lo último que se quiere es perderlo. Primero se empieza por el goteo, pero cuando tenés un problema de productivi­dad, llegás al despido. Esto último pasó en metalmecán­ica, textiles, gráfica y muebles, entre otros. El orden temporal es así: reducción de horas extras, reducción de horas comunes, suspension­es, adelanto de vacaciones y, por último, despido.

–¿Cómo ve la situación de las pymes en este contexto?

–Es difícil tener política pyme si no se tiene política productiva. Cuando se habla de política productiva hay que tener la macroecono­mía estable, inserción internacio­nal, educación, tecnología y un enfoque pyme. No se puede hacer eso en un contexto de volatilida­d macro. El caso de las pymes es más complicado porque les pega más la tasa de interés. En un contexto de caída de la actividad, lo que hay hoy son todas medidas paliativas para amortiguar la coyuntura. Uno de los temas para este año es una nueva edición de la ley pyme.

–De todo esto, ¿se habla desde la UIA con el Gobierno?

–La verdad que los últimos dos años vienen marcados por la coyuntura. Lo que venimos diciendo es que agregar valor y generar empleo y tecnología es un tema de política de largo plazo. Generar dólares genuinos, invertir en fierros o conocimien­to y crear empleo calificado se hace con una estrategia país y con una buena inserción en las cadenas de valor globales, sin descuidar el mercado interno. Hay que complement­ar el mercado doméstico con la exportació­n, eso es clave para la industria.

–Por lo que dice, la industria perdió 10 años...

–Creo que, como mínimo, la industria lleva ocho años perdidos en la Argentina, con agudizació­n en los últimos dos años. Hay que diferencia­r tres etapas: en 2009 pegó fuerte la crisis internacio­nal, pero la economía se recuperó en 2010 y 2011; en el segundo semestre de 2011 volvió el estancamie­nto y en 2016/2018 se agudizó ese estancamie­nto. Comparado con 2011 estamos 10% abajo e igual que en 2008.

–¿Cómo ve la marcha de la economía en 2019?

–Si se logra bajar la tasa de interés, que haya tranquilid­ad cambiaria y se trabaja en temas de financiami­ento y de tributos, a mitad de año puede haber un repunte, pero muy lento. Yo diría que 2018 fue un año malo y 2019 será apenas menos malo. Yo creo que lo importante es que ya en 2020 el país pueda sentarse a discutir un plan productivo industrial.

–¿Ese repunte será homogéneo o se dará solo en ciertos sectores?

–Va a ser heterogéne­o. Se va a ver en sectores como el campo (maquinaria agrícola, agroquímic­os), algunos sectores ligados a Brasil (autopartes), ciertos rubros vinculados con la construcci­ón, algunos nichos de consumo de bienes durables y todo lo que tiene que ver con la energía y Vaca Muerta. Pero insisto en que va a ser una recuperaci­ón muy lenta.

–¿Cuál es su estimación para la actividad industrial este año?

–Para la UIA, 2018 va a cerrar con una caída de 3% (faltan datos del último mes). Y este año vemos que, por efecto arrastre, va a estar en 1,5% de caída. La gran pregunta es si en el segundo semestre se empezará a sentir la recuperaci­ón y se compensará un poco la caída del primer semestre.

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