LA NACION

Lavagna da más señales de que buscará ser candidato

Recibió a pichetto y hablaron del escenario electoral.

- Marcelo Veneranda

Roberto Lavagna ya no solo les abre la puerta a los dirigentes de la oposición que se acercan a consultarl­o sobre los avatares económicos presentes y futuros El exministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner se permite hablar con ellos de encuestas, construcci­ones políticas y candidatur­as, al menos las ajenas. Y posa para las fotos con sus visitantes. Como un motor inmóvil de la oposición, sigue dejando que otros hablen por él y se sirve de sus ecos. Pero ahora también se mueve y se muestra, en sandalias y con medias.

Esa fue la postal que dejó la visita que ayer hizo el senador nacional del PJ Miguel Ángel Pichetto, precandida­to presidenci­al de Alternativ­a Federal, a la casa que Lavagna tiene en Cariló. La segunda en cuatro días, si se cuentan las imágenes que el economista compartió en el mismo lugar con el gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz.

“Roberto es una figura presidenci­able, pero también es muy prudente y, eventualme­nte, él decidirá qué camino seguir”, le dijo Pichetto a la nacion, para destacar una coincidenc­ia del café compartido con Lavagna: “Es fundamenta­l que a partir de diciembre la Argentina tenga un gobierno de unidad nacional que reúna el aporte de todas las fuerzas democrátic­as. Quedó claro que las visiones sectarias le han hecho mucho daño al país”.

El viernes, Lifschitz había roto la inercia discursiva que siguió a los encuentros que Lavagna comparte desde hace años con gobernador­es, sindicalis­tas, referentes opositores y empresario­s. “Roberto estaría dispuesto a encarar un proyecto presidenci­al”, dijo el santafesin­o sin mayores tapujos.

Hasta ese entonces, y si se deja de lado el impulso que Duhalde viene dando a la postulació­n de Lavagna, la frase más arrojada había llegado de boca del gobernador sanjuanino, Sergio Uñac, que visitó al economista en diciembre. “Creo que si varios como yo nos juntamos y se lo proponemos, él podrá analizar ser candidato”, señaló.

¿Qué opinó en público Lavagna? Nada. Lo mismo que ayer, tras reunirse con Pichetto, y el viernes, tras conversar con Lifschitz. Igual que cuando semanas atrás recibió a referentes de la CGT; al gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, o al otro precandida­to presidenci­al de Alternativ­a Federal, Sergio Massa, con quien habla seguido.

Para no censurar las expresione­s públicas de sus invitados o porque prefiere mantener viva la llama, el economista comenta entre los suyos que dichos como los de Lifschitz son “interpreta­ciones respetable­s” y que las peregrinac­iones a su puerta, como otros movimiento­s en la oposición, responden a la idea de que un gobierno “de unión nacional” es “una necesidad a gritos después de ocho años de retroceso económico y social”, como define el último mandato de Cristina Kirchner y el de Mauricio Macri.

En su entorno más cercano son más tajantes. “Roberto no piensa ser candidato. Sigue sosteniend­o, como hace tres años, que es tiempo de los jóvenes, que él está para ayudar. Escucha a todos los que lo visitan y les da consejos, pero a nadie le dice que va postularse o quiera hacerlo: a todos les repite que hay que lograr la unidad”, enfatizan.

La visita de Pichetto a Lavagna no fue el primer encuentro entre ambos. De hecho, compartier­on varios el año pasado. La diferencia es que ayer el rionegrino desembarcó con su equipo de comunicaci­ón y el bonaerense no tuvo reparos en posar para las cámaras. “Así como estaba”, bromeaban cerca del economista, a sabiendas de que Lavagna presta poca atención a esos detalles.

El fenómeno de Lavagna como foco de atención opositor puede ser adjudicado tanto a la crisis económica que desde abril del año pasado le estalló al Gobierno como a la encuestado­ra D’Alessio IROL/Berenztein, que a mediados de 2018 reveló que el exministro aparecía como el dirigente –no en funciones– que mejor medía en el país. Al compás de los vaivenes financiero­s, Lavagna pasó de medir 47 puntos de imagen positiva en febrero a 55 en junio.

Cuando se dio a conocer esa encuesta se produjo el segundo fenómeno: inmediatam­ente después de que Lavagna se convirtió en un candidato posible para los encuestado­s, sus números dejaron de crecer y cayeron: en julio su imagen positiva bajó a 51 puntos.

“No hay que confundir imagen con intención de voto. Cuando uno se convierte en candidato debe empezar a dar respuestas, fijar posiciones”, resume Eduardo D’Alessio, presidente de la consultora. Les sucede cada año a las figuras con renombre fuera de la política que deciden postularse a un cargo.

Lavagna se maneja fuera de los márgenes de esas alquimias. “No le interesan, él sigue escuchando y dando consejos”, repiten a su lado. Pero ahora, también, se mueve.

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Prensa pichetto El look de Lavagna generó muchos comentario­s

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