Fe­de­rer en Pa­rís, a 10 años de su título y 20 de su de­but

El sui­zo no jue­ga en Ro­land Ga­rros des­de 2015; di­jo que se re­ti­ró de Roma pa­ra lle­gar al 100% y que en 2009 vi­vió “uno de los me­jo­res mo­men­tos” de su vi­da

LA NACION - - DEPORTES - Jo­sé Luis Do­mín­guez

PA­RIS - Es, por le­jos, el gran re­gre­so, el que más es­pe­ra­ba Ro­land Ga­rros . Tras un lar­go pa­rén­te­sis, Ro­ger Fe­de­rer de­ci­dió vol­ver al tor­neo que lo vio cam­peón ha­ce diez años. Ju­gó por úl­ti­ma vez aquí en

2015, cuan­do se des­pi­dió en los cuar­tos de fi­nal con de­rro­ta ante su com­pa­trio­ta Stan Waw­rin­ka. Ha pa­sa­do tam­bién una dé­ca­da des­de su úni­ca co­ro­na­ción en el Bois de Boulogne, en 2009, a ex­pen­sas del sue­co Ro­bin So­der­ling. Fe­de­rer tie­ne ex­ce­len­tes nú­me­ros en el abier­to fran­cés (65 triun­fos y

16 de­rro­tas), y na­die du­da de que, si no fue­ra por Rafael Nadal, el sui­zo po­dría ha­ber ga­na­do al me­nos dos o tres ve­ces más aquí.

A los 37 años, Fe­de­rer vuel­ve a Ro­land Ga­rros, don­de ya se es­tu­vo en­tre­nan­do des­de ha­ce va­rios días. Po­si­ble­men­te no sea el prin­ci­pal fa­vo­ri­to, pe­ro se­ría ne­cio des­car­tar­lo de la lis­ta de can­di­da­tos. En su pa­so por can­chas len­tas en es­ta tem­po­ra­da, lle­gó a los cuar­tos de fi­nal en el Mas­ters 1000 de Ma­drid, don­de per­dió con Do­mi­nic Thiem; la mis­ma eta­pa al­can­zó en Roma, aun­que no se pre­sen­tó al due­lo con­tra el grie­go Ste­fa­nos Tsit­si­pas. ¿Se sien­te can­di­da­to al título? “No lo sé. Es una suer­te de signo de in­te­rro­ga­ción pa­ra mí. En al­gún sen­ti­do es si­mi­lar a lo de Aus­tra­lia 2017 –fue cam­peón tras seis me­ses al mar­gen del cir­cui­to–, hay al­go in­cier­to. Sien­to que es­toy ju­gan­do buen te­nis, pe­ro no sé si se­rá su­fi­cien­te con­tra los ju­ga­do­res top cuan­do lle­gue la ho­ra. Pe­ro es­pe­ro es­tar en esa po­si­ción cuan­do lle­guen las ins­tan­cias de­ci­si­vas. Pri­me­ro ne­ce­si­to lle­gar has­ta ahí, y eso ya se­rá un desafío en sí mis­mo. Pa­ra mí, se­rá un tor­neo más que in­tere­san­te en la par­te men­tal pa­ra lle­gar le­jos”, ex­pli­có.

En una sa­la de pren­sa es­pe­cial­men­te ar­ma­da pa­ra es­te año en el Mu­seo de Ro­land Ga­rros, y ves­ti­do de im­pe­ca­ble blan­co, Fe­de­rer ha­bló de es­te re­en­cuen­tro con Ro­land Ga­rros. “Veo que mu­chas co­sas han cam­bia­do. Es la pri­me­ra vez que ven­go a es­ta sa­la, por ejem­plo. El court cen­tral lu­ce muy di­fe­ren­te, hu­bo un mon­tón de me­jo­ras. El tor­neo es­tá cre­cien­do y eso es bueno. Pe­ro por otro la­do tam­bién man­tie­ne su es­ti­lo y to­do, y es­pe­ro vol­ver a ver có­mo se sien­te con to­da la gen­te y los fa­ná­ti­cos. Per­so­nal­men­te, y des­pués de ha­ber­me per­di­do el tor­neo du­ran­te tres años, es­toy muy con­ten­to de es­tar otra vez aquí”. Fe­de­rer con­tó tam­bién có­mo re­suel­ve si­tua­cio­nes re­la­cio­na­das con su fí­si­co, co­mo su­ce­dió re­cien­te­men­te en Roma, cuan­do de­ci­dió no dispu­tar los cuar­tos de fi­nal des­pués de un du­ro cru­ce con­tra Bor­na Co­ric en el cho­que pre­vio. “Es­tar sa­lu­da­ble en es­ta eta­pa de mi ca­rre­ra es cla­ve. Sien­to que des­pués de la úl­ti­ma vez que es­tu­ve le­sio­na­do (en Mon­treal, ha­ce dos años), mi cuer­po ha res­pon­di­do. Lo de Roma, por ejem­plo, fue por pre­cau­ción. Que­ría es­tar cien­to por cien­to se­gu­ro de po­der ju­gar Ro­land Ga­rros, por eso to­mé esa de­ci­sión. A ve­ces uno se pre­gun­ta: ¿real­men­te quie­ro ju­gar en Pa­rís-bercy (a fin de año)? ¿quie­ro ju­gar en pol­vo de la­dri­llo? Por­que el cuer­po pue­de de­cir que sí, pe­ro hay que ver si eso es bueno pa­ra mi ca­len­da­rio, si es lo co­rrec­to. ¿Es­tá mi fa­mi­lia de acuer­do? ¿Qué pien­san mi cuer­po téc­ni­co? En es­te mo­men­to sien­to que mi fí­si­co me da luz ver­de pa­ra ju­gar, y eso es un lu­jo a mi edad”.

Fe­de­rer, que ju­ga­rá ma­ña­na por la pri­me­ra rue­da ante el ita­liano Lo­ren­zo So­ne­go, con­tó que, pa­ra él, los tiem­pos de re­cu­pe­ra­ción de una le­sión o de una do­len­cia son más ex­ten­sos que cuan­do era jo­ven. “Mi­ra, cuan­do eres un ado­les­cen­te y tie­nes una con­trac­tu­ra en la espalda, sa­bes que te va a do­ler por lo que que­da del día, qui­zás el día si­guien­te, y ya. Cuan­do eso se pro­du­ce a mi edad, te das cuen­ta de que el do­lor per­ma­ne­ce­rá por una se­ma­na, qui­zás un mes, de­pen­de del ca­so. Por mi par­te, agra­dez­co con no te­ner pro­ble­mas con ju­gar en pas­to, pol­vo de la­dri­llo o can­chas du­ras. Des­de lue­go, ten­go do­lo­res mus­cu­la­res en lu­ga­res que no ten­dría cuan­do jue­go en cés­ped o en ce­men­to. Creo que to­do es­tá en si pue­des en­tre­nar­te bien; si tie­nes mo­les­tias per­sis­ten­tes no po­dés prac­ti­car co­mo te gus­ta­ría, ahí es cuan­do se em­pie­za a per­der la bue­na con­di­ción, a per­der fuer­za, y una co­sa lle­va a la otra. Por eso es­toy con­ten­to de es­tar aho­ra tan sa­lu­da­ble”.

El sui­zo tam­bién hi­zo ga­la de una ex­ce­len­te me­mo­ria y re­cor­dó su pri­me­ra par­ti­ci­pa­ción en Ro­land Ga­rros, ha­ce dos dé­ca­das. “Me die­ron una in­vi­ta­ción (wild card) pa­ra ju­gar en 1999 en el cua­dro prin­ci­pal, ha­ce 20 años. Me to­có ju­gar con­tra Pa­trick Raf­ter en el es­ta­dio Su­zan­ne Len­glen. Era la épo­ca en la que ga­nar­le a un ju­ga­dor de primer ni­vel te da­ba pun­tos bo­nus, creo que Raf­ter era Top 5 (era el nú­me­ro 3) y si le ga­na­ba su­ma­ba co­mo 50 pun­tos adi­cio­na­les. Re­cuer­do que ju­gué bien, pe­ro no pu­de ga­nar; sin em­bar­go, fue una gran ex­pe­rien­cia pa­ra mí. Re­cuer­do tam­bién aquel tor­neo por la fi­nal en­tre Mar­ti­na Hin­gis y Stef­fi Graf, por­que Mar­ti­na te­nía mi edad, y mien­tras yo es­ta­ba en pa­ña­les ella ya era la nú­me­ro 1 del mun­do en ese mo­men­to. Des­pués, fui par­te de la fá­bri­ca y ha­ce diez años lo ga­né, lo que fue un sue­ño he­cho reali­dad, uno de los me­jo­res mo­men­tos de mi vi­da”.

Ch­ris­top­he ena / ap

Ro­ger con la Co­pa de los Mos­que­te­ros, la úni­ca que con­quis­tó en su ca­rre­ra

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina

© PressReader. All rights reserved.