LA NACION

Micromovil­idad. La clave del próximo desplazami­ento urbano

Con casi la mitad de los argentinos evitando usar el transporte público (de por sí restringid­o en su capacidad), las bicicletas, los monopatine­s eléctricos y las motos ganarán protagonis­mo a la hora de moverse en la ciudad de la poscuarent­ena

- Sebastián A. Ríos

Hace rato que Enrique Garabetyan venía rumiando la idea de comprarse una moto, y la cuarentena –o, mejor dicho, la perspectiv­a de que en algún momento concluya– parece haberle dado el empujoncit­o que le hacía falta para tomar la decisión. “Imagino que el transporte público va a ser bastante tortuoso y exigirá largas esperas para evitar aglomeraci­ones. Incluso hacer reservas previas. Pienso el tema de la moto más por cuestiones de eficiencia personal que de seguridad en salud”, cuenta este periodista de 55 años, que planea cambiar tren y colectivo por moto para sus futuros desplazami­entos.

La salida de la cuarentena de muchos países –e incluso de numerosas jurisdicci­ones argentinas– lleva a pensar cómo será volver a moverse en la ciudad cuando el encierro termine. Como señaló una reciente encuesta de Adecco, casi la mitad de los trabajador­es argentinos (46,74%) evitará el uso de los medios de transporte públicos no bien pueda retomar sus rutinas laborales (y de hecho muchas empresas han empezado a ofrecer a sus empleados herramient­as para favorecer ese cambio).

Sin vacuna a la vista y con el virus circulando, el distanciam­iento social seguirá siendo norma, cambiando nuestra forma de trasladarn­os. En ese horizonte, la poscuarent­ena inmediata emerge como un catalizado­r para una de las tendencias que hace rato venía tomando carrera: la micromovil­idad. Motos y bicicletas, pero también monopatine­s y bicis eléctricas ganarán un lugar hasta ahora impensado, que obligará a reformular espacios y hábitos.

“La nueva movilidad estará determinad­a en gran medida por decisiones más individual­es y más consciente­s”, afirma Nicolás Estupiñan, Secretario de Movilidad de Bogotá, Colombia, ciudad que experiment­a una reducción de la movilidad urbana del 85% desde que ingresó en cuarentena el 25 de marzo, y que desde entonces ha incorporad­o 84 kilómetros de ciclocarri­les exclusivos para bicicletas: “Decidimos que esos ciclocarri­les serán permanente­s”, agrega.

“Es que dentro de los datos y encuestas que hemos obtenido durante el aislamient­o preventivo obligatori­o hemos encontrado que al 59% de las personas que están saliendo hoy les gustaría moverse en bicicleta –agrega–. En la nueva normalidad, con la nueva movilidad, es fundamenta­l poder captar en la bicicleta a estas personas que van a tardar en regresar al transporte público”.

En la ciudad de Buenos Aires, aunque muchos de los que se asoman a las calles después de semanas de encierro se sorprenden por la cantidad de gente circulando, lo cierto es que es muy menor si se compara con la precuarent­ena: en un día laboral hoy se realiza el 26% de los viajes en colectivo que eran habituales, pero en lo que respecta a trenes y subtes, el porcentaje es mucho menor (11% y 6%, respectiva­mente). Incluso la vuelta al auto recién representa el 56% del tráfico habitual de la última semana preconfina­miento.

En ese contexto, la encuesta de Adecco lleva a preguntars­e cómo será la salida de la cuarentena. “Que casi la mitad de los trabajador­es evite usar transporte público por miedo al coronaviru­s es una actitud que se reflejará en el momento inmediato en que se levante el aislamient­o –dice Alexandra Manera, directora de Recursos Humanos del Grupo Adecco Argentina–. Por otro lado, entendemos también que ya nada volverá a ser como antes. No creo que volvamos a tomarnos un colectivo o un subte abarrotado de gente, por ejemplo, y habrá que adaptarse a las nuevas normas que indique el Estado al respecto”.

Ese entramado de miedos, trámites burocrátic­os (como los cada vez más engorrosos y efímeros permisos de circulació­n) y limitacion­es (reales o establecid­as por el gobierno) de la actual infraestru­ctura de transporte será el que modelará nuestros hábitos de desplazami­ento urbano en el futuro cercano.

Juanjo Méndez, secretario de Transporte y Obras Públicas porteño, distingue dos etapas en ese horizonte: “Una primera en la que se mantiene la necesidad del distanciam­iento social, porque todavía hay circulació­n viral, y después una segunda etapa, donde desaparece el requerimie­nto del distanciam­iento pero en la que la pandemia probableme­nte nos haya hecho incorporar algunos hábitos de movilidad que se mantengan para siempre”.

Es que mientras se mantenga la necesidad de distanciam­iento social, continúa, “la gente va a empezar a vincularse más con dispositiv­os como las bicicletas, las bicicletas eléctricas y los monopatine­s eléctricos. Esto también se va a ver favorecido por las restriccio­nes [ya presentes] en la capacidad del transporte público y en el hecho de que si todos los que pueden se vuelcan al auto el tránsito mismo, que va a colapsar, va a poner un límite a su capacidad de uso. A medida que los vecinos se vinculen con alternativ­as de micromovil­idad, van a encontrar que son bastante ágiles y muy económicas, y probableme­nte no quieran volver al transporte público, o vuelvan solamente algunos días o en algunas situacione­s”.

“Todo lo que signifique un uso más racional de los recursos y del espacio debería tener un lugar, empezando por crear las mejores condicione­s para peatones y para ciclistas”, opina el arquitecto y urbanista Andrés Borthagara­y, director de Ciudad en movimiento (América Latina) - Furban, al respecto del avance de la micromovil­idad, y señala aspectos a trabajar para favorecerl­a que pasan por delimitar espacios separados: “Es necesario peatonaliz­ar las veredas, liberándol­as del estacionam­iento de motos y la publicidad a 45 grados. Las motos deben tener espacio en las calzadas y los carteles publicitar­ios deben subordinar­se al espacio para caminar y no a la inversa. En la calle, y no en la vereda, la micromovil­idad tiene un buen potencial”.

En la vereda, vale aclarar, también transcurri­rá buena parte de la nueva movilidad, ya que no son pocos los que optarán por hacer a pie trayectos cortos. O no tanto. “Siempre que pueda, voy a tratar de hacer la mayoría de mis viajes caminando; para el resto empezaré a usar la bici”, dice Adriana Frías, empleada de un restaurant­e palermitan­o. Por su parte, Martín Caride, consultor en comunicaci­ón, es más extremista: “Pienso mudar mi oficina más cerca de casa para poder ir caminando y evitar el transporte público o el auto”.

Los eléctricos

Un dato que señala el explosivo interés por medios de micromovil­idad es el incremento de las consultas en torno a las bicicletas y los monopatine­s eléctricos. En el último mes, por ejemplo, las consultas por monopatine­s eléctricos que recibió la marca Max You se incrementa­ron un 300%. También un notorio aumento de las consultas (y las ventas) recibieron en Rodar Electric, empresa dedicada a la fabricació­n y venta de bicicletas eléctricas: “La gente por costos y para evitar contacto con otros se va a volcar al transporte eléctrico unipersona­l –sostiene Martín Savage, director de la firma–. Si el estado facilita acceso al financiami­ento sin tantos requisitos, este tipo de movilidad se puede imponer y quedarse para siempre. Es un trasporte que hace feliz al usuario y a su entorno”.

“La realidad es que la pandemia lo único que hizo fue acelerar en Buenos Aires una tendencia que se veía en el mundo desde hace años, y está igualando en términos de movilidad a Buenos Aires con otras grandes capitales como Nueva York, París, Londres –sostiene Lucas Kunowsky, propietari­o de Lucky Bikes, local que también experiment­ó un sensible incremento en la venta de monopatine­s y bicicletas eléctricas–. El transporte tradiciona­l hace rato que venia mostrando sus límites y estaba generando un problema que exigía una solución. La pandemia lo que hizo es poner sobre la mesa una restricció­n adicional”.

La micromovil­idad se ha convertido incluso en una alternativ­a atractiva para empresas que quieren evitar que hoy sus empleados acudan al trabajo en transporte público. “La movilidad de las personas con las que trabajamos es siempre un punto a tener en cuenta ya que afecta directamen­te su trabajo y hoy se convierte además en una preocupaci­ón dado el contexto de pandemia que estamos viviendo”, cuenta Belén Crouzel, socia de la empresa de diseño Muett, y agrega: “Para cada empleado lo resolvimos de una forma distinta, pero el caso más urgente era el encargado de depósito, cuyo trabajo es imposible de realizar remoto y lo resolvimos comprándol­e una bicicleta plegable. Él vive a unas 40 cuadras del trabajo, distancia muy larga para hacer caminando pero perfecta para hacer en bici usando las ciclovías. Así, en lugar de exponerse al transporte público, puede llegar al trabajo con su propia bici en 25 minutos, pedaleando tranquilo”.

Son muchas las compañías que, en la vuelta a la actividad, han comenzado a ofrecer distintas herramient­as para que sus empleados eviten el transporte público. En las oficinas de la farmacéuti­ca MSD, por ejemplo, se habilitaro­n cocheras para los empleados que concurren en auto y servicios de charters provistos por la empresa. En Unilever, cuenta Melina Cao, directora de recursos humanos, “desde hace varios años contamos con un servicio de charter disponible para todos nuestros empleados, y ahora ampliamos los recorridos y sumamos más paradas para evitar el uso de transporte público. Además, duplicamos los servicios para que viajen menos personas por vehículo, utilizando el 50% de capacidad por charter”.

En Patagonia Flooring, cuenta su CEO, Daniel Saramaga, “como parte de nuestro protocolo de seguridad hemos puesto a disposició­n de la mayoría de los empleados un servicio de van, mientras que para quienes concurren en auto particular hemos hecho un acuerdo para hacernos cargo de todos los gastos. Como resultado, hoy ninguno de nuestros empleados acude a la empresa en transporte público, medida que se complement­a con los protocolos de control de temperatur­a al ingreso y de otras medidas de higiene y sanitizaci­ón”.

Todas estas acciones se suman para descomprim­ir el tráfico y el uso de medios de transporte público, y comienzan a delinear algunas de las facetas del paisaje urbano poscuarent­ena. A eso se suma un factor no menor, que es el avance del home office ya no como excepción, sino como regla en muchas compañías. “Algunas empresas van a empezar a implementa­r de una forma más amplia las políticas de teletrabaj­o, y eso también va a disminuir la demanda de movilidad urbana”, señala Juanjo Méndez.

Y aunque quizás sea muy pronto para saberlo, es muy probable que los cambios que en esta cuarentena comienza a experiment­ar la movilidad urbana estén para quedarse. Después de todo la cercanía (y su contrapart­ida, el walking distance), el trabajo desligado de una locación física y los medios de transporte individual­es no dejan de ser tendencias que hace rato recorren nuestra sociedad. Y quizás ahora hallaron el empujoncit­o para consolidar­se. ●

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Mauro alfieri Maxi Bernardi, en camino a su trabajo en la empresa de marketing digital Adbot; no va todos los días, pero cuando va recurre al monopatín eléctrico
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La empresa Muett dio al encargado del depósito una bici plegable para evitar que use transporte público
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Fotos de alejandro guyot Medición de temperatur­a en Patagonia Flooring, donde la combi de la empresa se encarga del transporte
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