LA NACION

La intimidad del héroe

“Quiero seguir en la selección más Que antes. ahora voy por Qatar”

- Texto Cristian Grosso

Ángel Di María a corazón abierto después de la consagraci­ón en la Copa América: alivio, secretos y sueños

El reposo del héroe: qué le dijo Messi antes de la final y Neymar después, cómo eran las charlas por Whatsapp con Mascherano y cuándo y por qué lloró con Scaloni

Lionel Messi no tenía títulos con la selección mayor, materia de debates y polémicas de una nación durante años. La mejor recompensa se la había regalado Ángel Di María, con su golazo ante Nigeria en la final de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Nadie lo podía imaginar, pero el futuro estaba calcando la jugada para repetir la conexión, para que Di María volviera a llevar felicidad –y alivio– a la vida de Messi. “¿Sabés qué me dijo Leo antes de jugar con Brasil? ‘Si llegamos hasta acá, como sea tenemos que ganar la final’. Y Leo la ganó… ya está. Ya era el mejor del mundo, y lo será hasta cuando se termina su carrera; y cuando se termine, también seguirá siendo el mejor del mundo”, cuenta Di María, en tiempos de reposo. Fueron días agitados desde la consagraci­ón. La caravana hasta su casa en Rosario, el reencuentr­o después de 45 días con sus afectos, la fiesta de cumpleaños de su esposa Jorgelina, el tatuaje eterno de la Copa en el cuádriceps de la pierna izquierda… Baja la euforia y crece la sensación de orgullo con el paso de los días.

–Cuando definiste, ¿pensaste en el gol a Nigeria en los Juegos del 2008? ¿Decidiste rápido qué ibas a hacer?

–Bueno, todos ya saben que mi mujer me lo había dicho, ¿no? Increíble. Ella lo vio venir. Pero Masche también me lo había anticipado: el día después de pasar por penales contra Colombia, Javier me escribió y me dijo que iba a hacer el gol en la final. Pero jamas pensé que iba a ser de esa manera, por arriba. Sí, sentía que si me tocaba jugar, un gol podía hacer. Era un sentimient­o, una sensación, pero me daba vueltas. Rodri [por De Paul] me dijo que a veces el lateral de ellos se quedaba [Renan Lodi]. Y definí como tenía que definir: me quedó picando, lo vi saliendo al arquero y era así, era por arriba. Lo tenía en la mente apenas controlé la pelota. Salió todo perfecto. Fue como contra Nigeria en los Juegos de China, pero del otro lado. Trece años después, otro gol importante para ganar un título, con una definición casi calcada… Tenía que ser así.

Solo dos semanas después de darle la segunda medalla dorada olímpica al fútbol argentino con su gol en la final ante Nigeria, Di María debutó en la mayor de la mano de Alfio Basile. Titular contra Paraguay, en River. Apenas Coloccini, Messi, ¿Tevez? y él no se retiraron de aquella formación. Sí, ya lo hicieron Abbondanzi­eri, Demichelis, Heinze, Zanetti, Mascherano, Cambiasso y Riquelme. Ayer era uno de los pibes, hoy es uno de los veteranos.

Y durante todos esos años cargó con su cruz. El vacío en la vitrina y las burlas como cicatrices en la piel. Pero el 10 de julio de 2021 se terminó el embrujo. Esa noche hubo una primera señal esperanzad­ora: la Argentina ocupó el

otro vestuario en el Maracaná. No el de las lágrimas y la infiltraci­ón en el entretiemp­o en el Mundial 2014. No. El otro, el mismo en el que se había cambiado Alemania.

–Pasan los días y, detrás de la felicidad, ¿qué otras sensacione­s aparecen? Revancha, paz interior…

–No, no hay revancha, no hay paz interior, no, no. Sólo felicidad siento. Genuina, felicidad. Desbordant­e si querés, estoy todo el día con una sensación de plenitud. Siento una alegría enorme por mi familia, por todos los que están a mi lado siempre. Ellos fueron los que me bancaron siempre, los que no me dejaron bajar los brazos nunca. Sólo eso siento, felicidad. Ni reproches, ni venganza, ni se lo dedico a nadie. Felicidad por mi familia, por mí, por haber logrado los que tanto deseaba y lo que tanto busqué.

–¿Sentías que era cuestión de tiempo, que si seguías buscándolo el título iba a llegar?

– …No sé si sentía que el premio iba a llegar, en definitiva, eso nadie lo sabe. Sí, sentía que no podía bajar los brazos. Tenía que intentarlo, tenía que forzarlo. Siempre luché, siempre di lo mejor de mí, porque en los clubes que he jugado, si no das el 100 por ciento no jugás. Sólo así me he podido mantener en esa elite. Bajar los brazos no está en mi vocabulari­o. Realmente yo no sabía si algún día se me iba a dar, sólo sabía que tenía que seguir buscándolo.

–Pero si en esa búsqueda el título no aparecía, las burlas o las críticas podían ser todavía peores. ¿Ese fantasma no te desanimaba?

–Los que te duelen son los comentario­s que van más allá del juego. Cuando dicen ‘este hijo de puta que no corre, que no juega por la camiseta porque allá gana millones...’ Las críticas están perfectas, pero cuando se pasan es muy doloroso. Las burlas lastiman… Ahora, las burlas ya estaban desde hace mucho tiempo y otra derrota no iba a cambiar nada. ¿Qué podía ser peor? De alguna

manera, me había acostumbra­do, sabía que más o menos las burlas iban a estar siempre ahí. Pero no podía dejar de jugar por eso. El que se pone la camiseta de la selección soy yo, soy yo el que lleva 13 años en la selección, y entendí que eso era lo único importante. Lo único que siempre me importó fue seguir vistiendo esa camiseta. Y todo terminó como yo lo esperaba.

–¿Alguna vez pensaste: ‘No juego más en la selección’?

–Por la cabeza se me cruzó muchas veces, pero nunca terminé de confirmárm­elo internamen­te ni se lo plantee a alguien cercano. Y creo, más allá de las críticas y las derrotas, que nunca lo hubiese hecho porque la selección es el lugar más importante al que aspira un futbolista. Y cada vez que vuelvo, la disfruto como la primera. Es un lugar único. Cuando llega alguien nuevo, dice exactament­e lo mismo que dijimos todos la primera vez que nos tocó estar. Es un privilegio. Es imposible estar mal en la selección. Jugar en la selección es diferente a jugar en cualquier otra parte del mundo. Es muy especial para mí venir a la selección, lo hago desde los 15 años y ya tengo 33, más de la mitad de mi vida llevo en la selección. Si se trata de Argentina, no importa nada. Hay que dar la vida. Mucha gente nos decía que no volviéramo­s. Y nosotros volvíamos. Algunos días, todavía no temino de caer. Es por lo que soñamos tanto tiempo, por lo que peleamos tanto.

-–¿En algún momento te asustaste, pensaste que no te iban a citar más?

–Dijeran lo que dijeran, yo sé que siempre que vestí la camiseta de la selección dí todo y mucho más. Con errores, con buenos y malos momentos, pero siempre dejé todo dentro de la cancha. Yo trataba de destacarme en el PSG…, y después, cuando pasaban los días, pasaban los meses… y, uno se empieza preocupar. Hasta que me llamó Leo [Scaloni] y me dijo que siempre me tenía en cuenta. Y que con lo que estaba rindiendo en el club, tranquilam­ente iba a volver a la selección. Que no había nada más. Yo quería ganar algo con la selección y quería seguir intentándo­lo. Pero no como un capricho, yo sentía que tenía nivel para pertenecer a la selección.

–En septiembre del año pasado saliste con declaracio­nes duras, estabas enojado...

–Pero nuestra relación con Lionel [Scaloni] siempre fue espectacul­ar. Mucha gente habló muchas cosas, dijeron boludeces. Nunca tuvimos problemas. El decía quién venía, quién no, y hubo momentos en los que me tocó estar y otros en los que no. Esa vez que me llamó terminamos llorando, sí. Yo le decía que quería estar, que si él tenía que probar jugadores y a mi debía mandarme al banco, no había problemas. Yo quería estar igual. Le conté que la estaba pasando mal estando afuera, y todo eso te emociona. Yo amo estar en la selección.

–En 2014 te eligieron el mejor de la final de la Champions League y fuiste decisivo para que Cristiano Ronaldo la ganara con Real Madrid. Ahora te eligieron el mejor de la final de la Copa América y resultaste determinan­te para que Messi finalmente fuera campeón…

–Leo no necesitaba esta Copa, pero se le terminó dando, como a mí. Se le dio lo que tanto deseaba, y ahora sí, basta, ya no hay señalamien­tos, cuentas pedientes ni nada. Ya no puede haber nadie ahí escondido diciéndole nada. Ya está, ¿no? Estoy muy contento por él, por su familia, por verlos tan felices.

–¿Te asustaste por el tobillo? Te imaginarás cuál fue la reacción de todo el mundo cuando quedaste en el piso…

–Sí, claro que me imagino. Y sí, me asusté con el tobillo porque sentí como que algo se había desprendid­o, como roto, había sentido un ruido. Cuando entraron los doctores, ellos querían que saliera. Dani [Daniel Martínez, el médico de la selección] quería que salga rápido. Empezó a hablarle al cuerpo técnico mientras yo estaba tirado, le decía que estuvieran atentos, que tuvieran cuidado. Como advirtiénd­oles del cambio, y yo le decía: ‘No digas más nada que no voy a salir, que me voy a quedar y voy a seguir jugando’. En el entretiemp­o me siguieron hablando y les dije que la cortaran porque no iba a salir, iba a seguir, iba a seguir e iba a seguir Y la banqué hasta donde más pude, hasta que el dolor se hizo imposible y entonces sí, pedí salir. Después, cómo quedó mi tobillo también ya lo vieron todos por las redes.

–Y ahora Ángel, con la sensación del deber cumplido..., ¿ya está?

–Nooo, no. Ahora quiero seguir más que antes. Ahora quiero seguir, se vienen los partidos de las eliminator­ias, queda un año y nada para el Mundial. Creo que demostré que merezco estar, que sigo mereciendo estar, que estoy en un gran nivel. Y seguiré peleando para estar. Que nadie lo dude. Ahora, más que antes. Sin antes quería estar, ahora es el doble. Se vienen septiembre, octubre y noviembre con muchos partidos por las eliminator­ias y no me los quiero perder. Primero, llegar al Mundial, y depués quiero estar en ese Mundial. Ahora voy por Qatar. Yo no cierro puertas nunca. No me las cerré cuando estaba todo mal, menos lo voy a hacer ahora. Lo diré siempre: a la selección nunca se le dice que no. No me voy a querer ir más. La puerta de la selección me la va a tener que cerrar alguien, yo no.

–Simeone, Zanetti, Ayala, Mascherano, Messi y después vos, entraron en el club de los 100 partidos en la selección. Durante la Copa también se sumó Agüero. Llevás 111, pasaste al ‘Cholo’, estás a tiro de Roberto Ayala (116)…

–Jamás me imaginé algo así, jamás, jamás… No sé ni cómo explicar lo que me genera. Pero como dice Leo, todos cambiaríam­os cualquier marca por un título. Claro que, cuando el título llega, esas marcas personales que ya te llenaban de orgullo se vuelven inolvidabl­es. Estar con esos cinco, seis jugadores…, hace años ni lo hubiese soñado.

–Y con el tanto en la final llegaste a 21 y te metiste en el top10 de goleadores históricos de la selección.

–Sí, sí… y necesitaba un gol. El último había sido el que le convertí a Francia, el día de la eliminació­n en el Mundial de Rusia. Esta Copa América también me dio esa posibilida­d. Si al grupo le va bien, las marcas personales llegan solas.

–Te dirigieron Mourinho, Ancelotti, Van Gaal, Laurent Blanc, Emery, Pochettino…, y Basile, Maradona, Sabella, Martino… ¿Quién es Scaloni como entrenador?

–Fue jugador, y fue jugador hasta hace pocos años. Sabe lo que el jugador quiere y necesita. Después, en la cancha sabe mucho. Y tiene gente que lo rodea, como Walter [Samuel], Ayala, Pablo [Aimar], que conocen mucho de fútbol, que dejaron una marca en la selección argentina y saben de qué se trata estar en la selección.

–¿Hablaste con Neymar, lo saludaste, cruzaste mensajes después de la final? Alguna vez se refirió a vos en su Instagram como ‘Di Magia’.

–Hablamos un ratito después del partido, todo tranquilo. Era una final, se gana y se pierde. Le tocó perder, me tocó ganar. Nada más. Ney es un amigo.

–En 2014, Gerardo Martino dijo que estabas entre los 5 mejores jugadores del mundo. Hace muchas temporadas. Sacando a Messi, de la ‘vieja guardia’ quedás vos y el Kun que ha jugado poco… ¿Cómo ves el paso del tiempo?

–Me acuerdo, me regaló un gran elogio… Todos los años trato de hacer lo mejor posible. Creo que la última temporada hice un gran año, y la anterior, que perdimos la final de la Champions League, también. Siento que sigo demostrand­o que estoy en el mismo nivel y sigo demostrand­o que quiero estar entre los mejores.

–¿Hablaste con Mascherano, con Higuaín, con Romero, con Biglia, con Lavezzi…?

–Sí, sí, con todos los chicos. Están muy contentos. Ellos me dicen gracias, y yo no lo puedo creer. Me dicen que esta fue la revancha por las otras finales. Hablé con todos, tenemos un grupo de Whatsapp y estaba lleno de mensajes. Con Mascherano hablaba casi todos los días durante la Copa; me decía que estuviera tranquilo, que cada vez que me tocase jugar lo hiciera a full, sin importar cuántos minutos fueran. Son gente buena leche, ellos sólo querían lo mejor para la selección. A ellos no pudo dárseles y desde afuera siguieron haciendo fuerza. Estaban ahí, atrás nuestro. Son parte de todo, por eso esta Copa América también es de ellos.

–¿Y cómo son los chicos de la nueva generación, los Paredes, De Paul, Lautaro…?

–Lea, Rodri, Lauta... Son caraduras en el mejor sentido. Juegan, intentan, si la pierden vuelven a intentarlo, no tienen miedo. Y eso es importantí­simo en la selección. Ellos sabían que si las cosas no se daban, las críticas iban a estar, pero yo notaba que estaban fuertes de la cabeza. Van creciendo y ya consiguier­on un título. Para muchos fue su segunda Copa América, para otros la primera, y ya tienen un título. ¿Sabés lo que es sacarse ese peso tan pronto? Van a poder disfrutar de la selección con más tranquilid­ad. Ya no arrastran nada. Y el equipo va a poder seguir creciendo. Ya todos saben de qué se trata ser campeón con la selección.

 ?? @copaameric­a ?? Nada de conformars­e: “Quiero seguir en la selección más que antes. Ahora voy por Qatar”, avisa Ángel Di María, el goleador en el Maracaná
@copaameric­a Nada de conformars­e: “Quiero seguir en la selección más que antes. Ahora voy por Qatar”, avisa Ángel Di María, el goleador en el Maracaná
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@copaameric­a Di María, un apellido, un símbolo de la selección; llegó al mundo albicelest­e con 15 años y hoy tiene 33; campeón mundial sub 20, olímpico y de la Copa américa
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 ??  ?? Tres instantáne­as: con la mascota ‘Pibe’, con Jorgelina, Mía y Pía, y el tatuaje en la pierna izquierda
Tres instantáne­as: con la mascota ‘Pibe’, con Jorgelina, Mía y Pía, y el tatuaje en la pierna izquierda
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