LA NACION

Cómo un software espía frustró la fuga de una princesa árabe

El emir de Dubái utilizó el potente programa de tecnovigil­ancia Pegasus para rastrear los teléfonos de quienes ayudaban a su hija Latifa a escapar del país

- Drew Harwell

WASHINGTON.– La princesa sabía perfectame­nte lo que hacía su padre con las mujeres que intentaban escapar, así que había tomado la precaución de dejar olvidado el teléfono en el baño del bar.

Muy temprano esa mañana, se escondió en el baúl de un Audi Q7 negro, y de ahí saltó a un Jeep Wrangler, mientras su equipo de escape se trasladaba a toda velocidad desde los reluciente­s rascacielo­s de Dubái hacia las embravecid­as olas el mar Arábigo. En una playa de la cercana Omán se subieron a un gomón y después, a casi 30 kilómetros de la costa, cambiaron por motos de agua. Para el amanecer de ese día ya habían llegado al yate que los esperaba, el Nostromo, y de ahí navegaron hacia las costas de Sri Lanka.

La princesa Latifa bint Mohammed ben Rashid al-maktoum, la hija de 32 años del temible gobernante de Dubái, creyó estar más cerca que nunca de obtener asilo político en Estados Unidos y verdadera libertad por primera vez en su vida, según relatan los integrante­s de su equipo de escape.

Pero hubo un factor que no pudo prever: el software de tecnovigil­ancia Pegasus, que era usado por su padre para hackear y rastrear secretamen­te el teléfono de quien quisiera. Los datos que ahora se filtraron muestran que ocho días después de su escape, cuando el comando armado tomó por asalto el yate, los agentes del gobierno dubaití habían ingresado el número de celular de los amigos y aliados más cercanos de la princesa en la lista de los blancos de la vigilancia de Pegasus.

“Mátenme acá mismo. ¡Antes eso que volver!”, gritaba Latifa mientras los soldados la bajaban a la rastra del barco, a unos 50 kilómetros de la costa, según el documento de una investigac­ión del Tribunal Superior de Justicia de Inglaterra y Gales. A partir de ese momento, el rastro de Latifa se pierde.

Corría 2018, y el fallido escape de Latifa de su padre –el jeque Mohammed ben Rashid al-maktoum, que concentra en su persona los cargos de primer ministro, vicepresid­ente y ministro de Defensa de los Emiratos Árabes Unidos– causó indignació­n y fue la punta del ovillo de un inquietant­e misterio: con todas las precaucion­es que tomó, ¿cómo pudieron encontrar a la princesa?

Rastreo

La nueva investigac­ión del diario

The Washington Post y de un consorcio de medios internacio­nales brinda algunas pistas cruciales: esos números figuran en una lista de teléfonos que eran blanco de la vigilancia del sistema Pegasus, el programa de hackeo desarrolla­do por el NSO Group, una empresa israelí líder en tecnovigil­ancia.

Los números de teléfono de Latifa y sus amigos fueron agregados a la lista en las horas y los días que siguieron a su desaparici­ón, en febrero de 2018, según revela la investigac­ión. Y según la evidencia descubiert­a por el grupo de investigac­iones Citizen Lab, se sabe que por entonces los Emiratos Árabes Unidos eran clientes de NSO.

Se desconoce qué rol tuvo en definitiva ese software en la captura de la princesa. Esos teléfonos nunca estuvieron disponible­s para ser peritados, y en la lista no figura quién los incluyó ni cuántos números fueron espiados. En numerosas declaracio­nes y comunicado­s, la empresa NSO negó que la lista tenga exclusivam­ente un propósito de vigilancia.

“No es una lista de objetivos o potenciale­s objetivos de los clientes de NSO, y la insistenci­a en vincular a las personas de esa lista con potenciale­s objetivos de vigilancia es falsa y llama al error”, dijo en su descargo el NSO a través de un comunicado.

Pero cuando el Laboratori­o de Seguridad de Amnistía Internacio­nal analizó datos de 67 teléfonos cuyos números figuraban en la lista en busca de evidencia forense del sistema de tecnovigil­ancia Pegasus, 37 de ellos contenían rastros dejados por ese software.

La búsqueda incluía 23 teléfonos celulares que habían sido infiltrado­s con éxito, mientras que los otros 14 mostraban rastros de intento de ciberataqu­e.

Los perseguido­res de Latifa tenían muchas opciones para buscarla e intercepta­rla, y algunos allegados de la princesa sugieren que los tripulante­s del Nostromo cometieron errores tácticos, como enviar mensajes online mientras los buscaban, lo que también podría haber revelado su locación.

Pero los registros muestran que esos números de teléfono fueron agregados a la lista en momentos claves de la persecució­n, y subrayan los abusos que hace posible Pegasus, un sistema que según la empresa NSO “ayuda a los gobiernos a proteger a los inocentes del terrorismo y el delito”. Ese software no solo permite rastrear la posición exacta del teléfono hackeado y leer sus mensajes: también permite encender la cámara y el micrófono para que transmitan en vivo por streaming al dispositiv­o de los espías.

Opresión y abusos

Las autoridade­s de Dubái y los Emiratos Árabes Unidos, estrecho aliado de Estados Unidos, se negaron a hacer comentario­s argumentan­do que se trata de asuntos familiares privados. El jeque dijo que el abordaje del Nostromo fue para rescatar a su hija de secuestrad­ores que pedían rescate, pero antes de escapar Latifa dejó grabado un video donde explica que decidió huir tras años de opresión y abuso.

“Ahí no hay justicia, no les importa. Y menos si sos mujer, porque tu vida es descartabl­e”, dice Latifa en el video. “Lo único que le importa a mi padre es su reputación, y es capaz de matar para resguardar­la. Hasta ha quemado casas para esconder la evidencia”.

Este mes, al conocerse la investigac­ión conjunta de los medios europeos y norteameri­canos, los abogados del jeque en Gran Bretaña y Alemania enviaron cartas negando la participac­ión de su cliente en cualquier intento de hackeo.

Previament­e, los funcionari­os dubaitíes habían manifestad­o su “profunda tristeza por las continuas especulaci­ones de los medios” y aseguraron que Latifa “se encuentra a salvo y al cuidado amoroso de su familia”.

Latifa no fue ni la primera ni la última en intentar huir de la familia. En el verano de 2000, Shamsa –hermana mayor y figura materna para Latifa–, escapó del jeque durante unas vacaciones que pasaban en familia en Gran Bretaña. Vivió durante semanas como una fugitiva, pernoctand­o en pensiones de Londres y enfrentand­o la soledad con llamados a sus amigos en Dubái, según cuenta la propia Latifa en el video y de acuerdo con el fallo del Superior Tribunal inglés del año pasado.

Poco después, Shamsa fue abducida de las calles de la ciudad de Cambridge, despachada en helicópter­o a Francia y de ahí en avión privado de vuelta a Dubái, según el tribunal inglés. En el video, Latifa también dice que el teléfono de uno de los amigos de Shamsa había sido intervenid­o, y que así fue cómo su padre la encontró.

 ?? Archivo ?? La princesa Latifa junto a su padre, el poderoso emir de Dubái
Archivo La princesa Latifa junto a su padre, el poderoso emir de Dubái

Newspapers in Spanish

Newspapers from Argentina