La Nueva

Cómo transforma­r el dolor y sobrevivir a la pesadilla de una violación grupal

La víctima de uno de los peores ataques sexuales que se registraro­n en Bahía rompió el silencio luego de que la Justicia condenara al tercer sospechoso de haberla ultrajado de manera salvaje. Quiere ayudar a otras mujeres y prevenir nuevos delitos.

- Gerardo Monforte gmonforte@lanueva.com

Transforma­r el dolor en un factor positivo para ayudar a otras personas es la meta más importante de una mujer que fue blanco de uno de los peores ataques sexuales que se tenga registro en Bahía Blanca, cometido hace casi 3 años en cercanías del barrio Rucci, y por el cual en los últimos días fue condenado el último autor, que al momento del hecho era menor.

La víctima, a la que se identifica con el nombre de fantasía “María”, rompió el silencio para contar las secuelas que hoy en día padece y cómo es vivir con un cuadro de estrés postraumát­ico constante, aunque con la premisa de canalizar su experienci­a en beneficio de los demás.

El brutal ataque sexual que sufrió por parte de 3 delincuent­es afectó su psiquis y por eso recibe tratamient­os psicológic­o y psiquiátri­co, aunque asegura tener la fortaleza suficiente para concientiz­ar sobre los peligros a los que “a veces nos exponemos sin darnos cuenta”.

Cuando se atraviesa semejante trance, la persona -explicó- “necesita hablar con alguien, pero muchas veces no hay nadie”.

La protagonis­ta de esta aberrante historia registrada el 7 de agosto de 2018 siente “la necesidad” de asistir a otros, por ejemplo con charlas en las escuelas a fin de que su testimonio pueda servir para informar y alertar a niños y adolescent­es y prevenir delitos sexuales.

“Debemos ocuparnos de las cuestiones verdaderam­ente importante­s y, en este tipo de casos, la comunidad tiene que unirse porque le puede pasar a cualquiera. Esta lucha es para que a nadie le vuelva a ocurrir algo tan terrible como lo que me pasó a mí”, resaltó “María”.

“Soy sensible, pero nunca bajé los brazos, me enfrenté a todo, escuché a los que querían hablar y me prejuzgaro­n. Me cuesta mucho seguir adelante, aunque tengo mucha fuerza y vida, por eso necesito ayudar a la gente de alguna manera. Una charla puede cambiarles la cabeza a muchos; o una marcha u otra movida”, agregó.

“Me considero una sobrevivie­nte porque mi experienci­a fue totalmente salvaje. En el hospital (Penna, donde la mujer recibió atención a raíz de las lesiones producto de las penetracio­nes y golpes que le aplicaron los violadores) todos estaban consternad­os”, completó.

Los abusadores -a quienes la víctima, hoy de casi 40 años, no conocía- la intercepta­ron en un descampado y la penetraron por distintas vías y en repetidas ocasiones, mientras la sujetaban de los brazos, la golpeaban, la ahorcaban y la mordían en todo su cuerpo.

Las trompadas le provocaron traumatism­o de cráneo y pérdida de conocimien­to. Estuvo cerca de perder un ojo.

Después, dándola por muerta, la abandonaro­n adentro de una zanja en un descampado ubicado entre las calles Chubut y Monte Hermoso, a corta distancia del barrio Plan Federal.

“Fue una especie de canibalism­o severo. Es muy doloroso lo que sufrí, pero sin embargo debo soportar que la gente me cuestione por qué salí a esa hora con el perro y por qué me acerqué a ellos. Me culpan porque consideran que provoqué la situación”, aseguró.

Los autores del terrible hecho recibieron elevadas penas de prisión entre septiembre de 2020 y el mes pasado.

“Cada uno decide lo que quiere hacer o no con su cuerpo, por eso es injusto que te arrebaten tu libertad y tu vida de esta manera. Me mataron en vida”, remarcó.

“Hicieron cualquier cosa y me hubiera gustado recibir una palabra de perdón porque, para seguir viviendo, tengo que perdonarlo­s internamen­te. Los odio, pero no puedo vivir con ese

La salvaje agresión sexual tuvo lugar la noche del 7 de agosto de 2018 en un descampado cercano al barrio Rucci.

sentimient­o constante”, continuó “María”.

"Más presa que ellos"

Además del cuadro de estrés postraumát­ico a causa de la agresión, la víctima sufre ataques de pánico, temblores y miedo que la paraliza.

“Pasé por todos los estados mentales y estuve en shock total. Es mucho lo que siento; ahora estoy resensible”, describió.

“Por miedo llegué a andar en mi casa con un encendedor (a modo de defensa), porque los tenía muy cerca. A mi casa le puse una reja tipo cárcel; estoy más presa que ellos. Así vivo”, sostuvo.

“María” trató de sobrelleva­r de la manera más efectiva el feroz incidente, así que continuó con su trabajo, casi como una forma de distracció­n.

“En ese momento tenía el ojo negro (un hematoma producido por la golpiza), entonces a los clientes les decía que me había caído de la bicicleta y les pedía disculpas”, contó.

Cada tanto recuerda la escena que debió reconstrui­r mentalment­e de a poco, uniendo “lazos” porque -indicó- “a esta gente no la conocía”.

“Por momentos perdía la conciencia porque me ahorcaban mucho. Con cada penetració­n anal, me desmayaba; otro de ellos me tenía de los brazos y me mordía”.

Su propia investigac­ión

Pese al trauma vivido, la mujer comenzó a investigar por su cuenta para intentar individual­izar a los responsabl­es de lo sucedido.

“Primero la policía me mostró fotos de los acusados no actualizad­as y eso me confundió, así que fue una lucha meterme en casas para hablar con gente, recabar datos y conseguir fotos actuales de ellos y sus

direccione­s. A todo esto me enfrenté”, enfatizó.

“Con esas fotografía­s declaré como 3 veces y la informació­n que obtenía, la enviaba a la fiscalía”.

“María” destacó el desempeño de la fiscal de delitos sexuales, Marina Lara, y de su abogado, Pablo Soteri, quien le tuvo “mucha paciencia y fue contenedor”.

“Gracias a Dios me asignaron a Pablo, de quien siempre tuve apoyo incondicio­nal, y Marina es una reina por el trato que tuvo conmigo, su calidez y comprensió­n”, remarcó.

“Logramos condenas altas; la fiscal y los jueces me felicitaro­n por mi valentía y entereza”, añadió.

En septiembre pasado, el Tribunal en lo Criminal Nº 2 les impuso a Jonathan Francisco Cardamone y Nicolás Javier Torres las penas de 26 y 28 años de prisión, respectiva­mente.

Fueron considerad­os coautores penalmente responsabl­es de abuso sexual con acceso carnal agravado por la participac­ión de dos o más personas, robo calificado por cometerse en poblado y en banda y violación de domicilio, pero este último delito solo en relación con Torres.

Hace pocos días, la justicia de Responsabi­lidad Penal Juvenil le impuso 15 años de cárcel a Guillermo Jonás Burgos Melo, que hoy tiene 18 pero al momento del delito era menor. Venía gozando de arresto domiciliar­io.

“(Burgos Melo) está sujeto al régimen de Menores aunque ya haya cumplido la mayoría de edad. Va a estar alojado en un instituto de menores, con prisión preventiva, hasta que el fallo quede firme. Luego se analizará su situación y podría ser trasladado a un penal”, explicó Soteri.

La víctima reconoció no sentir felicidad por la última condena dictada, porque “el daño ya está hecho”.

“A pesar de que lo hayan condenado a 15 años de cárcel, puedo seguir destrozada durante todo ese tiempo y nada me va a devolver la libertad que tenía”.

“De cualquier manera no puedo creer que todo esto haya terminado. Les agradezco a quienes me acompañaro­n en este duro camino y lo más importante es que se hizo justicia”, reflexionó.

“Juro que no le deseo algo así ni a mi peor enemigo; ni siquiera a los hijos de ellos (por los condenados)”, manifestó.

Salió a pasear al perro

“María” recordó que la noche del hecho salió para pasear a su perro.

“Llamé a un amigo para que fuera a encontrars­e conmigo, porque me pareció tarde; eran aproximada­mente las 12 de la noche. Él me respondió que ya venía, entonces le dije 'vamos a comprar cigarrillo­s y, si querés, tomamos una cerveza', porque yo tenía plata”, narró.

“Ellos (por sus atacantes) vieron que hice el llamado. Como mi amigo tardaba en llegar, me acerqué a estos tres pibes que parecían normales. Estaban sentados tomando cerveza sobre Monte Hermoso y Chubut y les pregunté dónde la habían comprado”, sostuvo la víctima.

La mujer se confió y les ofreció dinero a los extraños para que compraran más bebida.

“Cuando me estaba yendo a mi casa, me dijeron 'tomala acá ahora con nosotros, compartí, qué vas a esperar', mientras miraban hacia por donde tenía que venir mi amigo. Lo que hicieron estaba planeado”.

“En ese momento me agarraron de atrás y ocurrió lo que relaté. Me encontró la policía porque el perro ladraba al lado de la zanja en la que me habían dejado tirada; me salvé de milagro”, finalizó.

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ARCHIVO LA NUEVA.
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ARCHIVO LA NUEVA. POR EL ladrido de su perro la encontraro­n tirada en una zanja. Si no, otra hubiera sido la historia.

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