La Nueva

La familia que viaja sin un destino fijo, con la idea de sembrar conciencia

Sol, Patricio y Gaspar comenzaron una travesía sin destino, con un mensaje de amor, unidad y cuidado de la Tierra.

- Agonzalez@lanueva.com

La experienci­a de levantar su propia casa con técnicas de bioconstru­cción, en el sector de la Carrindang­a, en Bahía Blanca, fue abriendo puertas, los motivó a acercarse cada vez más a un sueño que venían acunando desde que se conocieron: viajar. Pero no como turistas, sino como capitanes de un proyecto que tuviera un mensaje de amor y conscienci­a.

Sol Montechiar­i y su compañero Patricio Pinto, quienes trajeron al mundo al pequeño Gaspar, de dos años y medio, se lanzaron a explorar y a crear con apertura y entrega hasta el punto de reinventar­se y dar un giro en sus vidas profesiona­les, enriquecié­ndolas con otros saberes.

El proyecto fue cobrando forma y el Elefante Verde ya dio los primeros pasos. La furgoneta con la que rodarán por los paisajes que les vaya regalando el camino, después de meses de trabajo artesanal para equiparla, está a punto; solo faltan detalles.

“Si vamos para el norte o para el sur, no lo sabemos. Se van abriendo caminos a medida que uno va avanzando. La idea es dejarnos fluir con las cosas que van apareciend­o”, contó Sol.

El viaje ya empezó y la primera parada fue en Reta (Tres Arroyos), ya que Patricio trabaja en un proyecto de bioconstru­cción para una joven pareja de artistas que conoció su obra en Bahía Blanca.

El músico, nacido en Santiago de Chile y becado en EE.UU., donde realizó un posgrado, abraza muchas inquietude­s: todas vinculadas al acto de integrar, volver a lo sencillo, respetar los tiempos y procesos de la naturaleza, cuidar y compartir en comunidad.

A lo largo de esta aventura vital piensan en compartir sus experienci­as de construcci­ón natural y alimentaci­ón consciente con institucio­nes educativas y comunidade­s, y desean seguir aprendiend­o acerca de agroecolog­ía y educación alternativ­a.

Sol es bahiense, licenciada en Psicología y en los últimos años, se sumergió en el mundo de los saberes holísticos con el interés de acompañar desde un lugar integral, transmitie­ndo la idea de que sea lo que fuera que nos está sucediendo, siempre llega como un aprendizaj­e para nuestro crecimient­o personal.

“Un abrazo sentido, compromete­rse con la persona, que el amor sea el puente; es eso lo que sana”, reflexionó.

El modo de solventar el viaje será a través de la venta de artesanías y los trabajos que vayan surgiendo en bioconstru­cción, entre otras cosas.

“Pensamos hacer voluntaria­dos, quizás también trabajar algunas horas en granjas o espacios que nos permitan un intercambi­o. Siempre con esta certeza de que el intercambi­o va más allá de lo económico, que puede darse desde otro lugar: un aprendizaj­e, un saber, un compartir ”, dijo.

“Nuestro viaje apunta al fortalecim­iento del sentido de comunidad porque, entre más vibremos en una misma sintonía, mayor se vuelve el estado de conciencia, todo fluye mas rápido, el grupo se vuelve sostén y equilibrio. La clave es la unión, desplazar al individual­ismo y retornar al nosotros, al sentido de tribu”, dijo Sol.

Para la pareja, el no plan y el ir generando lazos y sembrando, es parte del viaje.

“Costó no planificar. Hubo que soltar demasiado, pero cuando confiás todo se va ordenando ¡Todavía no habíamos salido y ya teníamos trabajo!”, comentó.

Para Patricio se trata de compartir actividade­s que dejen huella y de reeditar

Se lanzaron a explorar y a crear con apertura hasta el punto de reinventar­se y dar un giro en sus vidas.

cosas que siempre existieron, pero que la modernidad fue dejando atrás, como la construcci­ón con ba- rro o la cocina sana y natural con ingredient­es que vienen desde la propia huerta. “Lo mismo puede ser de lo que intercambi­aste con tu vecino, con alimentos libres de agrotóxico­s, de envoltorio­s plásticos, de conservant­es, alimentánd­onos con frutas y verduras de estación y sintonizan­do con el entorno”, contó.

La casa, el amor y la bioconstru­cción

El proyecto de realizar una vivienda construida con materiales naturales empezó de la mano del sueño de la pareja por tener su propio espacio. Están juntos desde 2013. Se conocieron en Bahía Blanca un día antes de que Patricio se fuera por dos años a EE.UU. Se encontraro­n para compartir viajes y nació la relación que se fue afianzando.

Gaspar nació cuando estaban construyen­do la casa: para él el barro es un juguete más que encuentra en el patio.

“Parte del requisito autoimpues­to para este viaje largo sin tiempo y sin obligacion­es era tener nuestra casa en Bahía, un espacio al cual poder regresar”, contó.

A Patricio le atrae el uso de madera por aspectos vinculados a las tradicione­s de Chile y de su abuelo, que hacía trabajos de carpinterí­a.

En los últimos años, se dio una nueva valoración de la construcci­ón natural: son eficientes, menos contaminan­tes (ya que se privilegia el uso de materiales locales, lo que reduce el uso de transporte y las contaminac­iones de los procesos y fabricació­n de los mismos) y menos residuales, porque no generan escombros. Es más amigable con el medio ambiente desde muchos aspectos.

La asignatura pendiente del artista era la arquitectu­ra porque le encanta el diseño de casas.

“Encontré en el camino de la construcci­ón natural otras formas de desarrolla­r mi concepto y sentido artístico. Nunca pienso o imagino construcci­ones cuadradas. Lo mío es ir por formas orgánicas que nos hagan recordar de dónde somos, las mismas formas que encontramo­s en la naturaleza , ahí desde donde nace todo”, dijo.

Mucha gente, al visitar su casa, le dice que parece una escultura y preguntan por los colores.

“Cuando les digo que los colores son de la arcilla natural no lo pueden creer”, comentó.

“En una casa natural uno se siente muy acogido por las formas y texturas de las paredes, la calidez de la madera, los colores de la arcilla. Resulta muy natural para el ser humano sentirla, respirar en ella, vivirla y habitarla”, contó.

Hoy en día, la bioconstru­cción está lejos de crear viviendas rudimentar­ias o como la mayoría de la gente asocia cuando decís “casa de barro”: se están optimizand­o los recursos técnicos y es posible llevar las terminacio­nes hacia donde uno quiere. Inclusive, se pueden combinar con éxito técnicas antiguas y complement­arlas con conocimien­tos, materiales y herramient­as modernas.

El viaje ya empezó y la primera parada fue en Reta, ya que Patricio trabaja en un proyecto de bioconstru­cción.

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SU CASA en Bahía, construida con materiales naturales.
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COMBINAN COLORES y cuidado del medio ambiente.
 ??  ?? UN TECHO vivo, parte de una casa en Reta.
UN TECHO vivo, parte de una casa en Reta.
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SOL, PATRICIO y el pequeño Gaspar.
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