La Nueva

Diagonales platenses

- Ricardo Salas

Al igual que el año pasado durante la primera ola del COVID-19, el interior bonaerense comenzó a sufrir los efectos de la pandemia más tarde que la región metropolit­ana del Gran Buenos Aires. Pero, a diferencia de 2020, esta nueva ola de contagios es mucho más rápida que la anterior, lo que hizo que los distritos del interior estén casi en las mismas condicione­s que en el AMBA, con sólo algunas semanas de retraso.

A esta situación debe sumarse el menor grado de complejida­d en la atención sanitaria, lo que ha hecho que muchas ciudades se hayan visto desbordada­s. Quizás el caso más conocido es el de Tres Arroyos, donde tuvieron que suspender las clases y bajar a Fase 2. Esa angustiant­e situación es una muestra de lo que está ocurriendo en otros municipios, donde las derivacion­es, en el mejor de los casos, parece ser la única alternativ­a.

Al menos, y al igual que durante la primera ola, la realidad que viven los bonaerense­s de tierra adentro se da en momentos en que la situación se estabilizó en el AMBA, y las estadístic­as marcan un leve descenso en los contagios y decesos.

En paralelo, y mientras se conoció un estudio del Conicet que asegura que la presencial­idad escolar aumenta el riesgo de contagios por el aumento de la circulació­n, otro debate se instaló en este terreno, a partir de las declaracio­nes del exfutbolis­ta Matías Almeyda, quien señaló días atrás que “quiso comprar vacunas para todos los vecinos de Azul, pero que desde el Gobierno le dijeron que no podía”.

Enseguida apareciero­n algunos intendente­s solicitand­o la posibilida­d de que los propios municipios, in

En las diagonales ya se habla de que es indispensa­ble mantener las medidas de cuidado después del 21 de mayo.

cluso algunos privados, puedan acceder a la compra de las vacunas.

Un escenario poco verosímil, teniendo en cuenta la complejida­d del proceso de compra y provisión de vacunas, lo que ha hecho que incluso el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, habilitado para hacerlo y con todos sus recursos, no haya podido aún acceder a las mismas.

Por caso, el gobernador Axel Kicillof pidió autorizaci­ón esta semana a la Legislatur­a para “iniciar negociacio­nes y celebrar contratos” para la adquisició­n de vacunas, en una movida que ya tiene el acuerdo de la oposición parlamenta­ria pero con requerimie­nto de “transparen­cia”. Claro que éste es el primer paso. Luego vienen las negociacio­nes con los proveedore­s, la compra, y finalmente el armado de la logística de la llegada de las dosis.

En este contexto, y con estas salvedades puntuales, difícil parece que un privado, o un municipio, con la mejor predisposi­ción y voluntad que tengan, puedan acceder a montar todo este operativo. Parece más un intento desesperad­o por encontrar una salida rápida, que hoy no parece factible.

Rápido de cintura política, el jefe de Gabinete, Carlos Bianco, salió públicamen­te a indicar que ya hay conversaci­ones y negociacio­nes con varios laboratori­os para adquirir vacunas en las mismas condicione­s que el Gobierno nacional.

Hace pocos días, el funcionari­o acusó a la oposición de "inocular con odio", en referencia a los constantes ataques de los referentes de Juntos por el Cambio a las decisiones sanitarias que toman tanto el Gobierno nacional como el bonaerense.

Así y mientras todo el arco del Frente de Todos apuesta al plan de vacunación como campaña -por qué no decirlo, también electoral- y especula con que, a partir de junio, se pueda producir en nuestro país la vacuna rusa, desde JxC han decidido desmontar hasta que aclare.

El Gobierno tomó medidas para reducir la intensidad de la ola de COVID-19, tratando de impedir el colapso hospitalar­io. Pero las medidas sociales y económicas parecen insuficien­tes frente al enorme agravamien­to de la crisis social.

Para llegar bien al invierno, en las diagonales ya se habla de que “es indispensa­ble lograr disminuir la circulació­n viral” manteniend­o las medidas de cuidado sanitario en la Provincia. Esa sería la hoja de ruta a cumplir después de que terminen las restriccio­nes impuestas por el Gobierno nacional el próximo 21 de mayo.

Por lo menos en la provincia de Buenos Aires, -más allá de las chicanas lógicas y de la reaparició­n pública de la exgobernad­ora María Eugenia Vidal con críticas a la gestión de Kicillof- el aumento de los contagios, sobre todo en el interior del distrito, donde las clases presencial­es no se cortaron, ha hecho que miren de reojo la decisión del alcalde porteño Rodríguez Larreta, de continuar con la presencial­idad. Por lo menos hoy, ésa es una bandera política que no arriaron, pero se mantiene a media asta.

Mientras tanto la oposición legislativ­a cruzó con dureza al viceminist­ro de Salud ´provincial, Nicolás Kreplak, por afirmar “sin ningún tipo de rigor científico” que “no sería importante cumplir con los plazos de aplicación de la segunda dosis de las vacunas contra el COVID que así lo requieran”.

“El verdadero problema es que por mala gestión, ineficienc­ia e impericia el Gobierno ha impedido que haya stock suficiente de vacunas para inmunizar a los bonaerense­s y ahora quieren explicar que todo da lo mismo”, cuestionó el jefe del bloque de diputados de Juntos por el Cambio, Maximilian­o Abad.

Son críticas que en el fondo esconden otros intereses -por ejemplo, políticos y electorale­s- que poco ayudan frente a una pandemia donde continúan las restriccio­nes escolares, comerciale­s y horarias, con un sistema sanitario estresado, pocos testeos y un futuro bastante incierto en el plan de vacunación “a gran escala”.

Mientras el FdT apuesta al plan de vacunación, desde JxC han decidido desmontar hasta que aclare.

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ARCHIVO LA NUEVA.
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