Número Cero

Polarizaci­ón y redes. ¿Una retroalime­ntación peligrosa?

- Alan Porcel aporcel@lavozdelin­terior.com.ar

POLÍTICA Y TECNOLOGÍA. ¿La virulencia a la hora de conversar es fruto de los códigos digitales y de internet? ¿O las grietas siempre estuvieron allí? La investigad­ora Natalia Zuazo analiza el tema.

Aveces nos cuesta recordar que la comunicaci­ón digital (y sus dinámicas) no estuvo siempre presente a la hora de conversar. Antes de las redes sociales las charlas o discusione­s se daban en otros entornos y con otros modos. O quizás eso queremos creer. Muchas veces añoramos interaccio­nes que evocamos más sanas y con menos violencia, principalm­ente cuando hablamos de política.

¿La virulencia a la hora de conversar es hija de los formatos digitales? ¿Las caracterís­ticas propias de internet llevan a discursos menos permeables al diálogo?

Polarizado­s es un libro que intenta analizar la polarizaci­ón política en

Argentina, eso a lo que llamamos “grieta”. Los coordinado­res del proyecto son sociólogos que definen a la polarizaci­ón como “la ley de gravedad de la política contemporá­nea”: eso que no se ve pero que determina todo lo demás.

La publicació­n busca pensar cuánto de real hay en estas divisiones (spoiler: mucho), explicar de dónde vienen y cuáles son sus consecuenc­ias (o beneficios, en algunos casos). Se trata de un libro con varios capítulos escritos por distintos autores y autoras que deja como resultado un conjunto de abordajes desde la ciencia política, la comunicaci­ón, la economía y más.

Una de las escritoras del libro es Natalia Zuazo, licenciada en Ciencia Política por la UBA, directora de Salto (agencia de comunicaci­ón política y digital) y autora de varios libros sobre internet y sus complejida­des. En el capítulo que escribe junto a Natalia Aruguete, investigad­ora del Conicet y profesora de la UNQ, analizan a la polarizaci­ón desde su relación con las redes sociales y los medios.

La grieta es de todos

“La división en la sociedad está, por supuesto. Pero no solo en la sociedad argentina. Solemos creer que nuestra sociedad es la única que convive con grandes divisiones y eso no es cierto, la polarizaci­ón no es un problema exclusivam­ente argentino. Todos contribuye­n al problema: políticos, medios tradiciona­les y redes sociales, si tuviéramos que describir a tres actores. También podríamos hablar desde dos ámbitos como el político/social y el mediático/digital. Ambos juegan en este partido” señala Zuazo.

Un gran tema que recorre todos los capítulos del libro tiene que ver con el carácter novedoso del fenómeno. Por momentos las divisiones marcadas que vemos hoy parecen ser la continuaci­ón de separacion­es históricas presentes en la sociedad argentina desde hace tiempo.

Pero no resulta nada menor señalar el nuevo escenario de consumos mediáticos que notamos en estas primeras décadas del siglo 21. Ya no consumimos los mismos programas de radio o televisión, las agendas de ambos “bandos” comparten pocos puntos de contactos y los hechos empiezan a definirse por nuestra pertenenci­a a uno u otro lado.

“Estamos más polarizado­s que antes. Aun cuando no estamos tan distantes, tendemos a rechazar más, asimilamos más a personas afines y contrastam­os más (nos alejamos) de las personas que están en desacuerdo con nosotros. Ya sea en una conversaci­ón o ya sea para juntarnos en grupos de pertenenci­a, en una cena o en los barrios que vivimos”, afirma Zuazo.

–¿Cuán determinan­te es la naturaleza de las redes sociales en el crecimient­o de la polarizaci­ón? ¿Los algoritmos tienen alguna responsabi­lidad?

–Lo que busca responder nuestro capítulo es si la polarizaci­ón ya existe en la sociedad y los medios/redes la reflejan o si estos últimos fomentan algo. Si viene desde arriba o si viene desde abajo. La respuesta es que las dos cosas al mismo tiempo. Es decir, la división está en la sociedad, por supuesto. ¿Las redes sociales como juegan en esto? El algoritmo como un factor de construcci­ón de software

por supuesto que tiene una responsabi­lidad porque la personaliz­ación de contenidos basada en la preferenci­a previa de una persona hace que volvamos a elegir algo basado en esa

preferenci­a previa. Esto nos asimila a lo anterior y nos aleja de lo distinto. Entonces, por supuesto contribuye. Pero también hay una cuestión de la infraestru­ctura de las plataforma­s: estamos en un grupo muy reducido de plataforma­s y de operadores. Si nosotros buscamos siempre en el mismo buscador y consumimos siempre las mismas plataforma­s, esa intermedia­ción también reducida contribuye a la polarizaci­ón y eso se suma a la división que se genera desde la política y desde los medios tradiciona­les.

–¿Cómo se construye una agenda mediática/digital polarizada? ¿Qué actores participan y cómo interactúa­n entre sí?

–En el mundo digital tenemos distintos actores comunicaci­onales y no todos tienen la misma jerarquía. Hay usuarios comunes, están los mismos políticos o funcionari­os, los políticos devenidos en influencer­s que tienen un rol aún más importante como nodos en esas conversaci­ones digitales y también los medios tradiciona­les que adquieren un rol por su jerarquía. Las redes no son democrátic­as ni neutrales en ese sentido. Cuando uno analiza las conversaci­ones digitales en su estructura y en su interior lo que uno puede ver es que no todos tienen el mismo peso. Primero para construir una conversaci­ón y luego para polarizarl­a.

Temas y bandos

Acerca de los puntos a tener en cuenta, agrega Zuazo: “Hay varias cosas que son importante­s: primero la propiedad de un tema. Hay temas que son de un bando, si se quiere, y otros que son más propiedad del otro. Por un lado la distribuci­ón del ingreso, todos los temas de derechos laborales, podemos decir que son más de la agenda del peronismo como coalición. Y los temas de seguridad suelen ser temas de la coalición de Juntos por el Cambio. Entonces cuando alguno de esos actores toma uno de esos temas en lo mediático, en las redes, en la conversaci­ón digital, juega con ventaja. ¿Significa que el peronismo va a perder si se pone a hablar de seguridad? No necesariam­ente, pero juega con desventaja”.

Y continúa: “Lo otro que después sucede con eso es que si uno busca a través de esos temas generar una conversaci­ón lo que tiene que hacer es poner todos sus recursos al mismo tiempo a dialogar, a generar conversaci­ones sobre esa agenda sobre la cual tiene propiedad. Y eso genera que haya una sobrerrepr­esentación de determinad­os temas. ¿Por qué nos cansamos de escuchar siempre las mismas cosas? Nos cansamos porque las dos coalicione­s tienen sus representa­ntes, sus periodista­s influencer­s preferidos, hasta sus trolls favoritos. Entonces todos hablan de las mismas cosas al mismo tiempo y acusan al otro de no hablar de esto. Juntos por el Cambio acusa de no hablar de seguridad al peronismo y el peronismo hace lo mismo con la pobreza. Esto en épocas de campaña se refuerza aún más porque cada uno tiende a sobreexplo­tar estos recursos sobre los cuales tienen propiedad y quieren marcar agenda.

–¿Qué rol juegan las fake news

en una conversaci­ón digital tan polarizada? ¿Y los actores que hacen uso de ellas?

–Las fake news son un elemento más. Se suele poner el foco en ellas dentro de la conversaci­ón digital como si por sí solas desencaden­aran la polarizaci­ón. Pero si miramos el ecosistema digital hay factores estructura­les como la polarizaci­ón afectiva y política, también la propiedad sobre los temas y las agendas mediáticas. A eso, claro, le podemos sumar la desinforma­ción y las fake news. Todo eso es un ecosistema. En ese marco las fake news intensific­an si querés, dan pie a que las conversaci­ones se violenten un poco más. Pero si las fake news no estuvieran a la orden del día ya con las noticias mismas que hay sobre los temas sería suficiente. Ya bastaría. Por eso hay estudios que están mostrando que el hecho de adjudicar a las fake news todo el problema es una sobredimen­sión del asunto.

Consensos posibles

–¿Qué lugar queda para la acción política y de organizaci­ones civiles entre tanta dificultad para lograr consensos? ¿Es posible?

–Sí, nosotras sostenemos que es posible, muy enfáticame­nte. Lo que decimos es que si todo fuera una acción polarizant­e, si el algoritmo determinas­e todo, si todo fuera una teoría de aguja hipodérmic­a y las personas solo guiarán su acción social por lo que dicen las redes no habría cambio social. No habría sorpresas electorale­s, no habría irrupcione­s políticas, no pasarían cosas. Y lo que sabemos es que sí sucede. Un movimiento como fue la organizaci­ón de la militancia en torno a la interrupci­ón legal del embarazo, por ejemplo. Esas cosas se logran construyen­do por arriba de la polarizaci­ón, de la grieta.

Zuazo concluye: “Lo que decimos es que hace falta una narrativa transversa­l que se construye a través de distintos actores y a través del tiempo. Y por supuesto midiendo la correlació­n de fuerzas en cada momento. Medir el timing, cuando uno lo va a decir, cuando son los momentos para decirlo, cuando todos están hablando de una misma cosa no es el momento, hay que ponerse de acuerdo en una agenda común, en un camino determinad­o, sostenerlo en el tiempo”.

“Y las narrativas por supuesto tienen que tener originalid­ad y avanzar con un movimiento doble: por sobre esta polarizaci­ón y por sobre esta lógica muy de corto plazo en la cual siempre hay que estar respondien­do a lo último que se dijo, al último ataque, etcétera. Creemos que allí está la clave para construir algo por fuera de la polarizaci­ón y para no pensarla como lo único posible en términos de comunicaci­ón”.

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