CO­CHE INCIARTE, LA VI­DA DES­PUÉS DE LA TRA­GE­DIA

La Voz del Interior - Rumbos - - MILAGRO DE LOS ANDES -

De vuel­ta en la ciu­dad

“En la montaña ha­blá­ba­mos en voz ba­ja pa­ra no gas­tar ener­gía y nos mo­vía­mos muy len­to. Al vol­ver, me asus­ta­ban los rui­dos de la ciu­dad; me re­cor­da­ban el sonido de la ava­lan­cha. Y me pa­re­cía que la gen­te ha­bla­ba muy fuerte y muy rá­pi­do. De no­che no po­día dor­mir por­que allá pa­sá­ba­mos las no­ches des­pier­tos, abra­zán­do­nos el uno a otro pa­ra evi­tar con­ge­lar­nos”.

La cá­ma­ra es­con­di­da

“Ha­bía sa­ca­do va­rias fotos arri­ba en la montaña. Al vol­ver le en­tre­gué la cá­ma­ra a mi no­via So­le­dad, que hoy es mi mu­jer. Cuan­do fue a re­ve­lar el ro­llo, no en­con­tró na­da. Se ve que al­guno me lo ha­bía sa­ca­do allá arri­ba y que se lo ven­dió a al­gún pe­rio­dis­ta, por­que des­pués apa­re­cie­ron las fotos di­fun­di­das por to­dos la­dos. Si­go sin en­te­der có­mo, en me­dio de la ale­gría de vol­ver a ver a su fa­mi­lia, al­guien fue ca­paz de pen­sar en ha­cer al­go así”.

Re­en­cuen­tro de los die­ci­séis

“Tra­ta­mos de jun­tar­nos ca­da 22 de di­ciem­bre a ce­le­brar el aniver­sa­rio del res­ca­te. Cua­tro ve­ces en la vi­da lo­gra­mos es­tar to­dos. La pri­me­ra fue cuan­do me ca­sé yo, a los ocho me­ses del res­ca­te. Des­pués siem­pre hu­bo al­guno de via­je o enoja­do con al­gún otro. Pe­ro es­ta­mos vie­jos y nos que­re­mos mu­cho”.

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