LOS LEC­TO­RES CON­SUL­TAN

La Voz del Interior - Rumbos - - GUSTOS -

Nor­ma An­driano tie­ne dos li­mo­ne­ros que no dan flo­res ni fru­tos; uno de ellos, el de cua­tro es­ta­cio­nes, los dio el año que lo plan­tó, pe­ro nun­ca más. El otro li­mo­ne­ro es de se­mi­lla y tie­ne ca­si sie­te años.

Nor­ma, el li­mo­ne­ro de cua­tro es­ta­cio­nes fruc­ti­fi­có el pri­mer año por­que ve­nía con las ye­mas flo­ra­les del vi­ve­ro; lue­go del tras­la­do y el tras­plan­te, la plan­ta de­mo­ra 3 o 4 años en ex­pan­dir sus raí­ces y es­ta­ble­cer­se al nue­vo cli­ma; y re­cién des­pués de ese lap­so fruc­ti­fi­ca­rá nuevamente. El otro li­mo­ne­ro, el de se­mi­lla, pro­du­ce fru­ta des­pués de los 8 o 9 años de ser sem­bra­do; es de­cir, le fal­tan uno o dos años más pa­ra pro­du­cir.

Co­ri­na Be­chio, de Cór­do­ba Ca­pi­tal, vi­ve en una zo­na ru­ral lla­ma­da El Que­bra­chal. Com­pró pa­ra Na­vi­dad un pino al cual ador­na­ron, pe­ro lue­go, al des­ar­mar­lo, no­tó que se es­ta­ba se­can­do y te­nía unas man­chas blan­cas en el tron­co. Con­sul­ta de qué se tra­ta y có­mo pue­de re­sol­ver­lo.

Co­ri­na, la fo­to co­rres­pon­de a una Pi­cea Abies, una es­pe­cie que no so­por­ta en Cór­do­ba ni el en­cie­rro de los am­bien­tes ni el sol de la ho­ra de la sies­ta du­ran­te el ve­rano. Le re­co­mien­do plan­tar­lo en un lu­gar que ten­ga una cons­truc­ción o ár­bol al oes­te, de ma­ne­ra que le ge­ne­re som­bra cu­brien­do el sol de la tar­de en enero, y así la plan­ta me­jo­ra­rá. En cuan­to a las man­chas en el tron­co que men­cio­na, es­tas son pro­du­ci­das por co­chi­ni­llas; ex­trái­ga­se­las con un pin­cel em­be­bi­do en ja­bón blan­co de la ro­pa, y re­pi­ta es­ta ope­ra­ción ca­da vez que vea las man­chas de la pla­ga.

Ga­brie­la Sil­va, de Men­do­za, tie­ne en el jar­dín dos pal­me­ras al la­do de la pi­le­ta, que ya tie­nen el al­to que ella desea. El jar­di­ne­ro le di­ce que son pal­me­ras que cre­ce­rán un me­tro por año y que sus raí­ces van a per­ju­di­car la pi­le­ta y la zo­na de cal­de­ra y fil­tra­do.

Ga­brie­la, tie­ne ra­zón su jar­di­ne­ro: cual­quier pal­me­ra que co­lo­que en ese lu­gar cre­ce­rá siem­pre más de 3 me­tros, no exis­te en es­ta re­gión una pal­me­ra que de­ten­ga su cre­ci­mien­to a esa al­tu­ra. Pe­ro no coin­ci­do con aque­llo de que rom­pa con sus raí­ces la pi­le­ta; las pal­me­ras po­seen raí­ces fi­bro­sas muy su­per­fi­cia­les, que no ge­ne­ran pre­sión su­fi­cien­te co­mo pa­ra rom­per una pis­ci­na.

Gladys Ai­chino tie­ne un jaz­mín afec­ta­do por la mos­qui­ta blan­ca y con­sul­ta si sir­ve ro­ciar­lo con agua y ja­bón blan­co pa­ra cu­rar­lo. Gladys, ese mé­to­do es efec­ti­vo si se rocían las ho­jas de am­bos la­dos pa­ra con­tro­lar la lar­va que aún no se trans­for­mó en mos­ca. A la mos­ca adul­ta se la con­tro­la col­gan­do en las ra­mas ob­je­tos ama­ri­llos de plás­ti­co (co­mo li­mo­nes de plás­ti­co) em­be­bi­dos en acei­te de co­ci­na; la mos­ca se sien­te atraí­da por ese co­lor y, al po­sar­se, que­da ad­he­ri­da y mue­re.

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