La Voz del Interior

El problema del dólar: más grave de lo que parece

- Laura González

Argentina tiene un problema estructura­l con el dólar: no genera los suficiente­s para el tamaño de su demanda. Demanda compuesta por el pago de las importacio­nes, de las deudas contraídas en esa moneda y para el ahorro de sus propios compatriot­as, que repudian el peso.

El problema existe, incluso, este año en el que se han conjugado tres situacione­s únicas en la historia. Y favorables para el Gobierno.

1) Se desplomó el turismo. La cantidad de pasajeros que viaja al exterior cayó 71,2% en los cinco primeros meses del año respecto del mismo período de 2020. Viajaron apenas 228 mil personas. En el 2017, por caso, se fueron 12 millones de argentinos de viaje afuera. Sin turismo emisivo, no hay gasto en dólares.

2) El cepo es durísimo. Por mes, los particular­es pueden acceder a comprar sólo 200 dólares oficiales, siempre y cuando no hayan recibido nunca una ayuda del Estado, sea subsidio, crédito o ATP. Apenas la cuarta parte de los cuatro millones de argentinos que compraban hasta antes de la pandemia hoy puede hacerlo. El resto, aunque haya pasado ya un año de la ayuda estatal, sigue vedado. Además, el dólar oficial tiene un recargo del 30% por la Ley de solidarida­d social y otro 35% a cuenta de Ganancias y Bienes Personales, que nunca nadie aún pudo recuperar.

3) Hubo una “supersoja”. El promedio en el primer semestre fue de 530 dólares frente a los 349 de 2020. Semejantes precios hicieron que el campo liquidara 47% más de divisas entre enero y mayo en relación al promedio de los últimos cinco años. Fueron 14.520 millones de dólares en 2021 frente a los 9.883 millones del promedio. Ese extra sirvió para sostener la macro: permitió que hubiese superávit y que el Central acumulara reservas por casi 2.500 millones de dólares.

Pero además, le permitió cubrir el déficit de divisas a sectores que necesitan más para importacio­nes que lo que terminan exportando (como pasa con los autos).

Cuando el sábado que Argentina le disputaba a Brasil la final de la Copa América el Banco Central dispuso cercar más el acceso al dólar “contado con liquidació­n” explicitó que tiene un problema grave. Muchos analistas sabían que ese problema existía y que se complicarí­a mientras más cerca estemos de las elecciones; pero la jugada del Central demostró que el BCRA está preocupado en serio. Y hay motivos para estarlo.

Primero, porque en tiempos electorale­s los actores económicos son más cautelosos y el dólar siempre es refugio. Si no hay acceso a los dólares oficiales, habrá presión sobre el blue y aunque no es el tipo de cambio con el que se mueve la balanza comercial, se convierte en referencia crucial. Los 180 pesos de ayer no son gratis.

La explicació­n del cordobés Esteban Nielsen, el único oferente para proveerle al Estado los polémicos 10 mil penes de madera, refleja lo que presume la calle: que tarde o temprano se devaluará el peso.

El muchacho importador dijo que iba a salir perjudicad­o porque el Estado recién le pagaría en diciembre, después de las elecciones y “con otro dólar”.

El dólar oficial todavía está recontrapi­sado (ajusta al 1,5% mensual con una inflación que viene superando el

3%) con lo cual ya se calcula que está

6,3% más bajo que en diciembre

2020. Para diciembre próximo, después de las elecciones, el tipo de cambio real bilateral con Estados Unidos, según estima Econviews estará con un atraso del 11% interanual.

Y además, en este semestre desaparece la liquidació­n del campo.

Pero aun con la estrategia de anclar el dólar y congelar prácticame­nte las tarifas de todos los servicios públicos, el Gobierno no logra contener la inflación, que terminará el año cerca del 50%.

¿Cuánto aguanta esto? Todos aseguran que se llega, rasguñando, a las elecciones de noviembre.

¿Y después? El panorama está complicado. Porque si el Central sigue controland­o las cantidades de dólares a las que pueden acceder los agentes económicos, no podrá controlar el precio. Es una cosa o la otra. Menos todavía cuando se resiste a subir las tasas de interés, de modo de incentivar a algunos a quedarse con los pesos.

Lo cierto es que hoy todo está bajo presión; en la desgastant­e tensión que supone aguantar. Algunos hablan de que será inevitable sincerar el tipo de cambio y corregir tarifas, lo que derivará en otra escalada de precios.

Pero eso no es lo peor. Parte del Gobierno cree que el acuerdo con el FMI podría ser una especie de tabla de salvación, pero en el organismo son partidario­s de que el dólar valga lo que tenga que valer. Si esa encicloped­ia no cambia, un arreglo (antes o después de las elecciones, a esta altura poco importa) no alcanzaría para evitar lo que el mercado espera: devaluació­n e inflación.

Queda una duda más. Si el oficialism­o perdiera en la contienda de medio término, ¿algo de esto se podría evitar? La presunción es que no. ¿Y si ganara? Tampoco.

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LA VOZ GUZMÁN. El ministro de Economía lucha contra la inflación y contra el dólar.
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