La Voz del Pueblo

“Me identifico con la gambeta”

Es un símbolo de Boca, donde empezó a jugar desde muy chico. Cuando tenía 15 años, lo incorporó Newell’s, y también había sido convocado por River. Sonriendo, dice que “era muy caprichoso, aprendí a jugar de grande”. Comparte anécdotas, historias y valora

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Roberto “Pato” Reino se crió a cuatro cuadras de la cancha de Boca, en Rodríguez Peña al 600. En el inicio de la entrevista con este diario, al describir su infancia, habla de la frutería que tenían allí sus abuelos y de un terreno -que todavía existe- ubicado en una esquina; “ahí arranqué a jugar al fútbol”, subraya.

Cuando contaba con solo seis años, Hugo Silvestre lo vio jugar en el terreno y frenó. “Me venía a buscar todos los días para llevarme a la cancha de Boca y después traerme, porque mis viejos no me dejaban cruzar la avenida. El Tero andaba con una bicicleta Aurorita, no me olvido más”, dice con un claro agradecimi­ento.

Es un referente para él. “Lo tuve a Silvestre desde las inferiores hasta Primera División”, indica y agrega que “también estaba con los chicos Hugo D’Annunzio, quien lamentable­mente falleció hace poco. Otro técnico que me dirigió es Alberto Cardano”.

Es preciso al momento de mencionar sus caracterís­ticas. “Me gustaba mucho la pelota y no se la daba a nadie, gambeteaba y quería hacer el gol”, sostiene.

Sus condicione­s llamaron la atención de clubes grandes. A los 15 años, Newell’s lo incorporó y por entonces, River también lo había convocado. Relata que “el selecciona­do sub-15 estaba jugando en Boca, un amistoso. Ellos eran categoría 1979 y yo soy 1978, como faltaban dos jugadores me invitaron. Estaba Bernardo Griffa y me vio jugar, se quedó un día más para que yo firme el pase. Fue importante Carlos Mastrángel­o para que yo vaya a Newell’s y siempre ayudó a los pibes, excelente persona”.

Ya había tenido una prueba en River. “Me había llevado Pace, de la Estancia Las Tres Lagunas, era dirigente de River. Me tenía que presentar de nuevo, pero Griffa se quedó y firmamos el pase”.

Residió un año en Rosario y retornó para hacer la pretempora­da, pero extrañaba demasiado. “No pude más, no me da vergüenza decirlo -sostiene-. El club no me hacía faltar nada, pero yo extrañaba a mis viejos, la pasé mal. Hablaba por teléfono con cospel, se cortaba la comunicaci­ón, ahora tenés celular y videollama­das, es más fácil. Me gusta contarles a los chicos mi experienci­a”.

Quedó una amistad con el ex arquero Sebastián Cejas, quien es colaborado­r del director técnico Gabriel Heinze en Estados Unidos. Tuvo destacados compañeros. A modo de ejemplo, menciona a Lionel Scaloni; “es también clase 1978, pero prácticame­nte no jugué con él porque progresó muy rápido, se fue a España joven”.

Como DT se encontraba Roberto Puppo. “Un fenómeno”, elogia. El equipo de trabajo también lo integraban “Miguel ‘Lito’ Isabella, Jorge Pautasso, Jorge Thelier y Raúl Donsanti, quien no quería que me fuera, un tipazo”.

Considera que “Rosario es una ciudad hermosa. Newell’s tenía una pensión” y agrega “fui con Maxi Amestoy y Juan Echayre, ellos se vinieron antes”.

Permaneció unos meses inactivo hasta que el equipo rosarino liberó el pase. “Silvestre era el técnico de la Primera de Boca, cuando pude volví a jugar”, señala. El “Pato” Reino ya había debutado en el primer equipo de Boca a los 14 años, con Abel Coria como DT.

Sobre el período de Coria en el club, comenta que “tenía muy buen equipo, pero los demás también, era una muy buena etapa en la Liga de Tres Arroyos. Peleó en los primeros puestos de los torneos, no salió campeón, pero ganó una Liguilla”.

Menciona además que a fines de 1993, Boca ingresó al regional. “Estuve en la lista. Trajeron muy buenos refuerzos, pero no nos fue bien, a veces sucede”, reflexiona. Entre otros, estaban Bodani, Grillo, Coronel, Márquez, Del Negro, Sánchez, Racich, Labrozzi, Durán, Claudio Garcia, Bermegui, Román, Frega y Cárdenas.

La posición en la cancha, ser volante creativo, el número 10, es una consecuenc­ia de

su manera de jugar y de sus preferenci­as. “Me crié mirando a Maradona, Bochini, Borghi, trataba de imitarlos. Era un poco más egoísta, en el buen sentido, no tocaba mucho la pelota porque pensaba que encarando podía llegar al gol”, sostiene.

Comparte una anécdota de Newell’s, cuando le dijeron: “desde ahora Reino, juegue a dos toques” para que largue la pelota. Admite que “era muy contestado­r, antes se decía ‘agrandadit­o’. Tal vez fui así, no me di cuenta, confiaba mucho en mí y pensaba voy a jugar como quiero. Muy caprichoso”. Se detiene un segundo y sonríe, para luego aseverar “cuando empecé a ser grande aprendí a jugar, muchos años después”.

Con Boca logró tres ascensos, con Silvestre, Juan Domingo Godoy y Walter Plaza. En el primero, retornó para la definición a tres partidos con Copetonas. Entre sus compañeros se encontraba­n “Cardano, Gusti González, Fernando Saldías, Miguel Lemos, el Mono Cisneros, Alejandro Chico, Gabriel Velizán, Gastón Román, Darío Puhl, Germán Scarcella”. Luego, en una instancia siguiente, “subieron a Primera Carlitos Plaza, el Chile Berruti, Diego Barragán”.

Sobre el equipo que dirigió Godoy, manifiesta que “llevó a Hugo Carrizo, Julio Del Negro, entre otros”.

Defendió la camiseta de otros clubes de Tres Arroyos, el primero fue Quilmes. “Se habían hecho dos zonas, Quilmes ganó una y Huracán otra. La final del año la perdimos con Huracán”, explica. Con el Cervecero, se presentó la oportunida­d de jugar el torneo regional; “estuvimos a punto de clasificar, nos alcanzaba el empate ante Banfield de Mar del Plata en la cancha de El Nacional, perdimos 1-0. Sergio Amestoy era el técnico. Atajaba Juan Manuel Ijurco de Tandil y algunos compañeros eran Andrés Cardoso, Pablo y Rubén Julián, el Lobo Fernández, Beto Juan, Cacarito Vázquez, Bobby Coronal, Palito Espinosa”.

Lo fue a buscar, con posteriori­dad, Ariel Alberca de Once Corazones. “Yo ya estaba gordo, no quería jugar más. Y era joven,

tenía 30 años. Once venía peleando el descenso, llevó a varios refuerzos que me gustaba como jugaban, hicimos una buena campaña y al año siguiente salió campeón. Yo había regresado a Boca y ascendimos con Walter Plaza de técnico”, afirma.

Durante un año, formó parte de Argentino. “La pase muy bien -valora-. Guillermo Sauce era el técnico, ese año ascendió Quilmes, pero le dimos pelea hasta el final. Admiraba a Osvaldo Sosa, hablé con él una vez y me surgió el interés en jugar en Argentino. Se lo dije a Pedro Perotti, ayudante de campo de Sauce”.

El último club que integró es Colegiales, pero no usó la camiseta 10. “Fabio D’Alessandro me la quería dar, pero me negué. El 10 era él, merecía todo mi respeto. Yo usé la 8. Soy amigo de Quique Elgart y me invitó a ir, se ofendieron varios en Boca, fue duro. Siempre futbolísti­camente hablando, nada personal. Se enojaron, no pensé que fuera para tanto. No lo veía con una rivalidad tan grande, como la que empezó a haber después”, dice. En ese torneo, Colegiales descendió.

En dos ocasiones, estuvo muy cerca de sumarse a Huracán; “hablé con Roberto Lorenzo Bottino. Cacho D’Onofrio me llevó a conversar con él. Después Raúl ‘Coco’ Lúquez siempre me quiso llevar, no se dio”. La segunda vez que hubo tratativas “yo estaba muy bien. Boca había entrado al torneo regional, nos dirígia Ariel Annechini y me puso un poco más arriba, de media punta, hice muchos goles”.

Fuera de la Liga de Tres Arroyos, formó parte de Argentino de Benito Juárez, que competía en la Liga de Tandil. “Me llevó el Toro Vega. Habían generado un gran plantel, como coordinado­r se encontraba Juan Manuel Rodríguez. No se lograron buenos resultados, empezaron a sacar jugadores, me acuerdo que quedamos Javier Villanueva, Fernando Saldías y yo. Tiempo después, volvimos a Boca con Fernando”.

Se siente agradecido porque “el fútbol me ha dado un montón de amigos. Gracias al fútbol soy reconocido, es así. Estoy feliz y contento de haber jugado”.

Reconoce que no solía ir a los entrenamie­ntos. “Por ahí, los chicos se enojaban, ahora los entiendo. Sabía que si jugaba e incluso entrando un rato desde el banco, algo iba a hacer, me tenía mucha confianza. Cambié, aprendí de grande, a los 31 o 32 años iba a entrenar siempre, con Cacho Córdoba de técnico”, observa.

Vuelve a sonreír y confiesa: “en el torneo senior de clubes lo hice renegar al Colorado Cedrón. Lo teníamos de técnico y le dije ‘yo no hago la entrada en calor’. Se enojó delante de todos, me respondió ‘¿Cómo no lo vas a hacer? ¡Te podés lesionar!’. Es como un padre, un genio”.

Jugó en el torneo de veteranos para Independie­nte y si la pandemia lo permite, participa en un fútbol 5 o fútbol 8.

No duda al ser consultado sobre el gol de su autoría que más le gustó. “Peleando el descenso contra Olimpo, un Permanenci­a. Ibamos 1 a 1 en cancha de Boca, se terminaba el partido y arranqué muy cerca del área nuestra, avancé gambeteand­o y se la toqué por arriba a Gastelú, ganamos 2 a 1”, subraya.

Se siente identifica­do con ese gol, “con la gambeta, siempre para adelante”.

Nunca dejó de estar vinculado a la pelota. Compañera inseparabl­e desde que corría en el terreno de la esquina, en aquellos tiempos únicos de la infancia.

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 ?? GOYO FERNANDEZ ?? Con su nieto Leonel en brazos, su sobrino Owen y su hijo Milo. Todos juegan en Boca
GOYO FERNANDEZ Con su nieto Leonel en brazos, su sobrino Owen y su hijo Milo. Todos juegan en Boca
 ??  ?? Contra Once Corazones, la gambeta buscando el arco rival
Contra Once Corazones, la gambeta buscando el arco rival
 ??  ?? Un equipo que integró Roberto Reino en las divisiones inferiores. El director técnico era Alberto Cardano
Un equipo que integró Roberto Reino en las divisiones inferiores. El director técnico era Alberto Cardano
 ??  ?? En 1997. Darío Puhl, Miguel Lemos, Coco Ordoñez, Alejandro Chico, Gastón Román y Mario Colantonio; Fernando Saldías, Roberto Reino, Cascino, Gustavo González y Cisneros
En 1997. Darío Puhl, Miguel Lemos, Coco Ordoñez, Alejandro Chico, Gastón Román y Mario Colantonio; Fernando Saldías, Roberto Reino, Cascino, Gustavo González y Cisneros
 ??  ?? Tenía 15 años cuando fue incorporad­o por Newell’s. Vivió en Rosario poco más de un año, pero extrañaba mucho a su familia
Tenía 15 años cuando fue incorporad­o por Newell’s. Vivió en Rosario poco más de un año, pero extrañaba mucho a su familia
 ??  ?? Con su padre Roberto, en una fotografía con un referente: Néstor Di Luca
Con su padre Roberto, en una fotografía con un referente: Néstor Di Luca

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