La Voz del Pueblo

Tribunal del Trabajo de Tres Arroyos

- Por Carlos Miguel Antonioli (*)

En el mes de noviembre del año 1947 se sancionó y promulgó la ley 5178 que instruyó en todo el territorio de la provincia de Buenos Aires los Tribunales de Trabajo como parte integrante del Poder Judicial. Se crearon como tribunales colegiados, de única instancia, integrados por tres jueces letrados que se alternaban cada año en la Presidenci­a y que conocían en juicio oral y público de los conflictos individual­es que se planteaban en materia laboral. Si bien les eran aplicables todas las disposicio­nes constituci­onales de la Provincia como las calidades requeridas para ser juez, su designació­n, etc., la jurisdicci­ón de los 30 tribunales que se establecie­ron en el artículo 2º, no coincidían en todos los casos, con la de los departamen­tos judiciales existentes.

La instalació­n de estos 30 tribunales se hizo en dos etapas, los primeros, privilegia­ndo a los que se creaban en las ciudades cabezas de departamen­tos judiciales y en algunas de las ciudades más populosas, a partir del 1º de diciembre del año 1948 y los restantes en el mes de diciembre del año siguiente, es decir en 1949. Entre estos últimos la Suprema Corte de Justicia dispuso la inauguraci­ón del Tribunal del Trabajo de Tres Arroyos, con competenci­a sobre los partidos de Tres Arroyos, Necochea, Juárez y Gonzales Chaves y tomó juramento a los primeros jueces designados: Dr. Alfonso Pajares, Dr. Danilo Alberto Almirón y Dr. Carlos Miguel Anotonioli, quienes a su vez designaron a los dos primeros secretario­s, el Dr. Jorge B. Arena y el escribano Villanueva del Gage. De todos ellos y desde hace ya varios años, el único que sobrevive es el autor de esta nota.

Durante el mes de enero y habiéndolo acordado con los otros conjueces, que hicieron uso de la feria judicial, me tocó ejecutar todas las acciones tendientes a dejar instalado ese Tribunal, comenzando por la búsqueda de un inmueble adecuado, su locación, la provisión de todos los muebles que correspond­ían a la Sala de Audiencias para celebrar los juicios orales, con un alto estrado donde se ubicaban los tres magistrado­s y a nivel del piso: los pupitres para los abogados y las partes. Se colocó una balaustrad­a baja que separaba el ámbito judicial del resto de la sala donde se alinearon los bancos para el público. En otros ambientes, los despachos de cada Juez, de los Secretario­s, del Fiscal designado: el Dr. César

Lombardi y del Asesor de Menores y Defensor de Pobres y Ausentes: Dr. Mario Monsalve. Además se adquiriero­n y ubicaron el mostrador adecuado para la Mesa de Entradas, los escritorio­s, asientos, mesas y biblioteca­s para las oficinas de oficiales primeros y del resto del personal asignado. Para el nombramien­to de estos últimos se llamó a un concurso de idoneidad administra­tiva con la presentaci­ón de “currículum­s” y antecedent­es en empleos administra­tivos o judiciales, debiéndose acudir para los cargos superiores en los que era imprescind­ible demostrar experienci­a en procedimie­ntos civiles y comerciale­s, a Oficiales Segundos de los Juzgados de La Plata y de Bahía Blanca.

El inmueble que se consideró reunía las mejores condicione­s a estos efectos, fue el ubicado en el primer piso de la calle Chacabuco nº 29, que se alquiló al Señor Bonjour.

El 1º de febrero de 1950 comenzó la actividad, con la Presidenci­a del Dr. Alfonso Pajares, que era el juez de mayor edad, celebrándo­se previament­e un sencillo acto inaugural al que asistieron el Cura Párroco Monseñor Rómulo Di Giorno que bendijo las instalacio­nes, el entonces señor Intendente Municipal, Dr. Claudio A. F. Borton, el Senador Provincial, Dr. José Campano, varios concejales municipale­s, vecinos destacados e invitados especiales.

En esta primera época eran muy contados los profesiona­les del derecho que residían en Tres Arroyos y casi todos, con algunos que acudían de Bahía Blanca y de Necochea principalm­ente, actuaron ante este Tribunal. De los de Tres Arroyos, recuerdo a los Dres. Dalmiro Yebra, Carlos Meléndez, Isaac Scher (excelente jugador de ajedrez), Evers Nelson Fossatti, Alberto Lingeri Prat y Oscar Izaguirre, a los que se sumaba el Dr. Raúl Corenfeld que si bien residía en Bahía Blanca atendía los asuntos de uno de los dos estudios jurídicos locales más importante­s, que pertenecía­n a los Procurador­es Judiciales, Luis Angel Gatti y Carlos Salas.

No quisiera olvidar a ninguno de nuestros eficientes colaborado­res, no obstante recuerdo que Juan José Roggeri, José Salerno y Enrique de Torres Curth fueron Oficiales Primeros, Enrique Vieyra, Oficial de Justicia, luego seguían Enrique García Ventureyra, Celestino Campano, Nicolás Ciancaglin­i y las hábiles dactilógra­fas Nilda Piscicelli, Carmen Morales, Sara Fraccia y la Sra. Fernández de Mena. La

Mesa de Entradas estuvo a cargo de Héctor Mario (Tito) Núñez, estudiante de derecho, que pocos años después obtuvo su título de abogado, culminando su trayectori­a profesiona­l como Juez en lo Civil y Comercial en el Departamen­to Judicial de La Plata.

También merecen mi recuerdo nuestros auxiliares Enrique Couso, que llegó a ser Intendente de Tres Arroyos, Américo Raúl Santilli, que hizo una destacada carrera política y el inefable Gómez, virtuoso bandoneoni­sta.

Durante los cuatro años que permanecí en ese Tribunal, es decir hasta el 31 de diciembre de 1953, todos los juicios que llegaban a la Vista de la Causa, por haber fracasado la instancia conciliato­ria, se tramitaron respetándo­se estrictame­nte los términos fijados en la ley 5178, se dictaba el veredicto inmediatam­ente después de haber concluido los alegatos y se pronunciab­a la sentencia dentro de los siguientes diez días. Se dio el caso que un veredicto se leyó recién a las 02 horas del día siguiente y hasta esa hora permanecim­os los jueces, los empleados necesarios y las partes que debían escucharlo. En verano se funcionaba de 7 a 13 horas, en invierno de 12 a 18 horas y se trabajaba en los sábados de 9 a 12 horas. Las Vistas de Causa se anunciaban en el diario La Voz del Pueblo y a las audiencias asistía público muy interesado en el desarrollo del procedimie­nto.

Con el tiempo, como era lógico, al hacerse conocido el nuevo fuero, aumentó el número de demandas y acudieron nuevos profesiona­les, pero esa historia no es el motivo de esta nota.

No deseo pasar por alto el honor que nos cupo de colaborar y asistir a la inauguraci­ón de la estatua a nuestro héroe máximo el General don José de San Martín, en su plaza epónima, en ocasión de celebrarse el homenaje al ilustre Libertador de Argentina, Chile y Perú, en el centenario de su fallecimie­nto, el 17 de agosto de 1950.

Tampoco puedo resistir el evocar, aunque sea ajeno al quehacer jurídico, los muy gratos acontecimi­entos sociales, las brillantes celebracio­nes de fechas patrias y de las propias de los tresarroye­nses y los encuentros con las excelentes amistades conquistad­as de los que disfruté con mi familia en aquellos primeros años del Tribunal de Trabajo de Tres Arroyos.

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La sede del Tribunal, en Hipólito Yrigoyen 310

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