Un jar­dín de mil co­lo­res

La es­ta­ción más ins­pi­ra­do­ra del año ya es­tá en­tre no­so­tros, in­vi­tán­do­nos a dis­fru­tar del sol y la bri­sa mien­tras di­se­ña­mos y em­be­lle­ce­mos nues­tro es­pa­cio ver­de.

Los Andes - Rumbos - - GUSTOS -

In­va­sión de cli­vias

Las en­con­tra­mos de for­ma re­cu­rren­te en mu­chos pa­tios y jar­di­nes. Se tra­ta de una es­pe­cie fá­cil de cul­ti­var, que apor­ta mu­cho co­lor y per­so­na­li­dad, de­co­ran­do cual­quier rin­cón. Crecen tan­to al sol co­mo a la som­bra, y su fre­cuen­cia de rie­go de­be ser es­pa­cia­da. Sue­len ser de co­lor ro­jo, na­ran­ja in­ten­so o ama­ri­llas. Se pue­den cul­ti­var por ri­zo­mas, es­que­jes

o se­mi­llas de la plan­ta, y su flo­ra­ción du­ra has­ta fi­na­li­zar el verano.

Pe­tu­nias mul­ti­co­lor

Es una de las plan­tas fa­vo­ri­tas a la ho­ra de ves­tir el jar­dín. Sus flo­res en co­lo­res fuertes no pa­san inad­ver­ti­das: las fuc­sias son las más co­mu­nes. Cre­ce en tie­rra o en ma­ce­ta y ba­jo sol pleno, pe­ro ne­ce­si­ta abun­dan­te agua du­ran­te la flo­ra­ción (en pri­ma­ve­ra) y, so­bre to­do, en verano. Ne­ce­si­ta te­ner un buen dre­na­je pa­ra que no se pu­dran sus raí­ces con agua acu­mu­la­da. Evi­tá to­car sus flo­res du­ran­te el rie­go.

Con aro­ma a ro­sas

Son las rei­nas de los jar­di­nes. Su co­lor y su per­fu­me son pla­cen­te­ros pa­ra los sen­ti­dos y pa­ra la es­té­ti­ca de nuestros es­pa­cios ver­des, pe­ro no es tan sen­ci­llo su cui­da­do. Es muy im­por­tan­te po­dar sus ra­mas dos ve­ces al año (en in­vierno y verano) y qui­tar las flo­res mar­chi­tas. Has­ta me­dia­dos de pri­ma­ve­ra, el ro­sal atra­ve­sa­rá su eta­pa de es­plen­dor, ya que es el mo­men­to en el que es­ta­rá sano. Lue­go pue­den apa­re­cer plagas.

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