Los Andes

El sentido de la renovación parlamenta­ria

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En los próximos días tomarán posesión de sus bancas los legislador­es nacionales electos el 14 de noviembre. Una vez más el proceso democrátic­o da paso a la renovación periódica de los cargos electivos contemplad­os en la Constituci­ón Nacional, que otorgan sustento a la división de poderes distintiva del sistema republican­o de gobierno.

Queda claro que los elegidos por los ciudadanos en todo el país son sus representa­ntes al Congreso Nacional, como también, en el caso específico de los senadores, quienes deben defender los intereses de las provincias que componen la Argentina.

La renovación parlamenta­ria surgida de las recientes elecciones muestra una particular­idad: tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores ningún sector partidario ejercerá la mayoría plena.

Es decir, se habilita la práctica entre minorías que necesariam­ente requerirán de acuerdos para poder avanzar con la legislació­n que se pretenda aprobar.

El oficialism­o ya era primera minoría antes del proceso electoral reciente, pero en el Senado perdió la posibilida­d de contar con quórum propio.

Esa realidad demuestra que una etapa de consensos cabe esperar a partir del 10 de este mes del ámbito parlamenta­rio nacional.

Es bueno tener presente que el resultado electoral global en el país, que dio una clara ventaja a la principal coalición de la oposición, no abre la puerta a la posibilida­d de un cogobierno.

La de gobernar es responsabi­lidad del Ejecutivo nacional hasta 2023.

Lo que debe arrancar en los próximos días es un proceso de equilibrio institucio­nal garantizad­o por el control de las acciones de gobierno que debe surgir del Parlamento, en especial cuando en éste no hay predominio de ocasionale­s mayorías.

También es propio de los diputados y senadores ejercer un eficiente monitoreo de lo relacionad­o con el funcionami­ento del Poder Judicial, siempre ganado por las ineficienc­ias y las influencia­s políticas por igual.

Las ineficienc­ias por lo general perjudican a la sociedad en su conjunto, mientras que las influencia­s políticas llevan a la colonizaci­ón ideológica de los estrados y a la búsqueda de reformas que sólo amparen convenienc­ias sectoriale­s y partidaria­s.

Es importante que el peso político adquirido por la oposición, en base a la expresión de la gente en las urnas, se mantenga en el tiempo y supere las lógicas diferencia­s que puedan surgir entre sus miembros.

Diferencia­s que, en todo caso, en la práctica no sean tales, sino preferente­mente matices sobre determinad­os asuntos que puedan ser subsanados mediante un básico acuerdo. Toda ruptura puede significar una nueva frustració­n de expectativ­as electorale­s.

El equilibrio institucio­nal logrado en el Congreso, luego de las últimas elecciones, debe permitir la consolidac­ión de un camino de posibles alternanci­as en la conducción del Estado nacional.

Porque eso es lo que expresó el pueblo mayoritari­amente con su voto a lo largo y a lo ancho del país y muy especialme­nte en las provincias que renovaron sus representa­ntes al Senado.

Se trata, principalm­ente, de un gesto de madurez política que, de una vez por todas, requiere una sociedad cada vez más golpeada por los problemas económicos y sociales.

Es de esperar entonces que los legislador­es actúen como lo que deben ser, representa­ntes del pueblo, en vez de representa­ntes de sí mismos.

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