Los Andes

La teoría del mal menor

- Pedro García Espetxe Abogado

Personalme­nte voto desde 1973, y de todas las veces que lo hice puedo decir que pocas veces lo hice con la convicción de que el candidato a quien votaba era una persona que reunía los valores y el rumbo que yo pensaba era el mejor para el país o la provincia; todas las otras veces siempre mi voto se basó en el mal menor.

Atrapados en la lista sábana que sigue dando rédito a los dueños de la grieta, una importante franja de votantes que no profesa su amor por estos extremos termina votando siempre por el mal menor, castigando a una de las dos partes. Si no, no tiene explicació­n la forma en que votamos, ya que, si algo no fue bueno con Cristina en 2015, ¿por qué se la votó en el 2019? Si Cambiemos fracasó en 2019, por qué es bueno en 2021?

Mi reflexión es que al votar el mal menor seguimos votando un mal, menor pero mal al fin para nuestras conviccion­es. Nuestro voto viene a ser un ‘no positivo’, como dijo un político alguna vez.

La grieta opera como si tuviéramos gangrena. El mal menor es cortar la pierna pero, si no terminamos con la gangrena -en mi opinión la corrupción­el mal menor será cortar la otra pierna y así hasta la destrucció­n de todo el cuerpo social.

El típico ejemplo del mal menor es “roba, pero hace”, que tanto ha calado en nuestra sociedad, y que nos lleva a justificar el mal. A apañar al que nos roba a todos, porque al robar al Estado nos roba a todos los ciudadanos, y nosotros la mayoría lo aceptamos al volver a votarlos.

Esto pasa por la maldita grieta cebada por la boleta sábana, que impide elegir gente prestigios­a, no confundir con conocida, ya que las grandes estructura­s políticas que basan su poder en ser siempre la opción del mal menor, incluyen en sus listas sábanas a políticos notoriamen­te enriquecid­os a pesar de sólo haber ejercido la función pública, muchos con graves denuncias.

No vamos a avanzar si no terminamos con el mal mayor o menor de la corrupción. Si lo hacemos, no sólo aparecerá la plata que nos falta, sino que sería una buena muestra de carácter para nuestra autoestima, y para que el mundo vea que estamos cambiando y se anime a acercarse e invertir en Argentina. Ése debería ser el gran plan económico para resurgir.

Conclusión: si no mejoramos la calidad de los elegidos en los tres poderes, en especial con Justicia y órganos de control independie­ntes para combatir el nivel de corrupción pública y privada reconocida en cualquier encuesta nacional e internacio­nal, seguiremos con el mal menor, sumando fracaso tras fracaso.

Al votar el mal menor seguimos votando un mal, menor pero mal al fin para nuestras conviccion­es; nuestro voto viene a ser un ‘no positivo’, como dijo un político alguna vez.

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