RO­DRI­GO DE LA SER­NA

AC­TOR, AMAN­TE DEL TAN­GO Y DE VI­VIR A FULL EL PRE­SEN­TE

Luz - - FRONT PAGE - RO­DRI­GO DE LA SER­NA >>

Es­ta­mos en San Tel­mo, en un ho­tel cons­truí­do so­bre un an­ti­guo con­ven­ti­llo y el lu­gar le arran­ca más de una son­ri­sa a Ro­dri­go de la Ser­na, el ac­tor y -ca­da vez más- mú­si­co que in­clu­so uti­li­zó una ima­gen co­mo la que aho­ra tie­ne fren­te a sus ojos pa­ra bau­ti­zar a su ban­da, El Yo­ti­ven­co (con­ven­ti­llo al re­vés, y con la y bien por­te­ña). Con­for­ma­da por cua­tro “cuer­das” (tres gui­ta­rras y un gui­ta­rrón) y la voz can­tan­te de nues­tro en­tre­vis­ta­do, la agru­pa­ción de mú­si­ca crio­lla vie­ne pre­sen­tán­do­se con bas­tan­te asi­dui­dad des­de su pri­me­ra for­ma­ción, allá por 2005. Ha­ce po­co más de un mes, de he­cho, ce­rró su pro­lí­fi­co 2017 con un sold out en el As­tral don­de se des­pa­cha­ron con su am­plio re­per­to­rio de mi­lon­gas, cha­ma­rri­tas, ga­tos cu­ya­nos, tan­gos y can­dom­bes. En bre­ve Ro­dri­go vol­ve­rá a su fa­ce­ta más co­no­ci­da, la ac­tua­ción, de la mano de un es­pe­ra­dí­si­mo uni­ta­rio: El lo­bis­ta, fic­ción que vuel­ve a unir a Pol-ka con TNT y Ca­ble­vi­sión (tal cual su­ce­dió con El Maes­tro el año pa­sa­do) y que ten­drá un elen­co muy atrac­ti­vo: Leticia Bré­di­ce, Ju­lie­ta Nair Cal­vo y él (co­mo gran pro­ta­go­nis­ta). Due­ño de un perfil muy ba­jo, Ro­dri­go se aco­mo­da­rá en un si­llón bien cer­ca de su no­via, la jo­ven ro­sa­ri­na Ludmila Ro­me­ro, de 22 años, a quien pre­sen­ta só­lo co­mo la res­pon­sa­ble de pren­sa de su ban­da (lo que no de­ja de ser muy cier­to) y que man­ten­drá siem­pre un in­fran­quea­ble si­len­cio. Cons­cien­tes to­dos de que no son mu­chas las oca­sio­nes en que se lo pue­de es­cu­char de pri­me­ra mano, apu­ra­mos el ca­fé y la char­la.

-Al­gu­na vez te es­cu­ché de­cir que en tu in­fan­cia se ges­tó tu amor por la mú­si­ca crio­lla. ¿Dón­de te crias­te?

-En el Ba­jo Bel­grano, un ba­rrio que cam­bió mu­cho con los años. Dra­má­ti­ca­men­te... No soy un nos­tál­gi­co acé­rri­mo de pen­sar que to­do tiem­po pa­sa­do fue me­jor pe­ro es in­du­da­ble que Bel­grano fue per­dien­do su iden­ti­dad a mano de ne­go­cios, to­rres…

-¿Có­mo re­cor­dás aque­llos años?

-Con mu­cho ca­ri­ño. Con ca­lles em­pe­dra­das, ca­sas ba­jas… Yo vi­vía en uno de los po­cos edi­fi­cios que ha­bía en la zo­na, en la es­qui­na de Mi­gue­le­tes y Jo­sé Hernández. Me acuer­do que muy cer­ca ha­bía studs de ca­ba­llos y se los veía pa­sar por la ca­lle ca­da

tan­to. Y mu­chos per­so­na­jes, que hoy se­gu­ra­men­te ya no es­tán.

-¿Nun­ca pa­de­cis­te esa nos­tal­gia?

-No. Pue­de ser que a ve­ces sea un po­co me­lan­co pe­ro na­da fue­ra de lo co­mún. El pre­sen­te es lo me­jor que hay, soy un ac­ti­vis­ta de esa pre­mi­sa.

-Ha­blan­do del pre­sen­te, es­te año tu hi­ja Mi­ran­da ter­mi­na­rá el se­cun­da­rio…

-Así es. Y ya es una actriz con to­das las le­tras. En al­gún mo­men­to pen­sé, “po­bre chi­ca, con es­tos pa­dres (Éri­ca Ri­vas y él), no co­no­ce otras op­cio­nes…”, pe­ro des­pués en­ten­dí que era una de­ci­sión muy me­di­ta­da y sen­ti­da. Y que es­tá es­tu­dian­do y for­mán­do­se to­do el tiem­po pa­ra eso.

-Te acom­pa­ñó en va­rios pro­yec­tos ya...

-Más bien di­ría que yo la acom­pa­ñé a ella... Ha­ce po­co hi­zo una pe­lí­cu­la con su ma­dre, Bru­jas, en la que tie­ne un rol muy re­le­van­te. Cuan­do to­da­vía éra­mos pa­re­ja con Éri­ca fil­ma­mos los tres An­tes del es­treno, una ex­pe­rien­cia muy lin­da. Mi hi­ja es una gran actriz.

-¿Có­mo con­vi­ven en vos el ac­tor y el can­tan­te? ¿Se pe­lean?

-No, al con­tra­rio, se com­ple­men­tan. El ac­tor, ade­más, le pres­ta mu­cho al can­tan­te de tan­gos y mi­lon­gas. En de­fi­ni­ti­va se tra­ta de eso, de in­ter­pre­tar una le­tra, un tex­to.

-Sos in­quie­to por na­tu­ra­le­za, ¿ver­dad?

-Sí, y soy cons­cien­te de que nues­tro es­pec­tácu­lo mu­si­cal va a con­tra­mano de la in­dus­tria cul­tu­ral ac­tual. Pe­ro ahí va­mos, por­que siem­pre hay que so­ñar lo im­po­si­ble y por­que es­toy se­gu­ro de que mu­chos pue­den con­mo­ver­se tan­to co­mo yo con el Po­la­co (Goyeneche) o con (Al­fre­do) Zi­ta­rro­sa… La mú­si­ca rio­pla­ten­se es un te­so­ro muy im­por­tan­te, un pa­tri­mo­nio de to­dos.

-¿Qué co­sas te con­mue­ven fue­ra de es­tas es­fe­ras?

-Mu­chas co­sas. Des­de el ma­te a la ma­ña­na, has­ta un via­je. Siem­pre apren­do mu­cho cuan­do es­toy de via­je. De mí mis­mo y de la vi­da.

-¿Có­mo vi­vís la ac­tual si­tua­ción po­lí­ti­ca del país?

-Me tie­ne muy preo­cu­pa­do. Es­ta co­sa de en­deu­dar­se a cien años, de en­ca­rar una nue­va fle­xi­bi­li­za­ción la­bo­ral…. Son po­lí­ti­cas que ya vi­vi­mos en los 90, con Me­nem. Me pa­re­ce que le va a traer mu­chos pro­ble­mas a nues­tro país. La ver­dad es esa, no vis­lum­bro un fu­tu­ro pa­cí­fi­co in­me­dia­to.

-Sa­bés que mu­chos te acu­sa­rán de K por de­cir eso…

-Sí, por su­pues­to. Y lo lo­co es que no es­toy afi­lia­do a nin­gún par­ti­do po­lí­ti­co. Nun­ca lo es­tu­ve. Mi mi­li­tan­cia, en to­do ca­so, es cul­tu­ral. Ten­go mi ideo­lo­gía po­lí­ti­ca pe­ro mi for­ma de ex­pre­sar­la en a tra­vés del ar­te, de es­ta mú­si­ca, del tea­tro...

-Con Ro­drí­guez La­rre­ta te cru­zas­te ha­ce unos me­ses en el pro­gra­ma de Mirt­ha Le­grand…

-Sí, y me que­dé con ga­nas de de­cir mu­chas co­sas pe­ro sen­tí que no co­rres­pon­día. Bá­si­ca­men­te ha­blé del área que más co­noz­co, el tea­tro in­de­pen­dien­te, don­de sé feha­cien­te­men­te el im­pac­to ne­ga­ti­vo que han te­ni­do las subas de ta­ri­fas de es­tos úl­ti­mos tiem­pos. De es­ta ma­ne­ra es­ta­mos con­de­nan­do a la ex­tin­ción a las van­guar­dias, a la gen­te que más ex­pe­ri­men­ta…

-En tu re­per­to­rio de can­cio­nes so­lés in­cluír El con­ven­ti­llo, de Ed­mun­do Ri­ve­ro, que di­ce “Hoy que es­toy en los 40, en el de­be de la vi­da…”. ¿Có­mo te lle­vás con esa dé­ca­da?

-Lo que pa­sa es que aque­llos 40 se­rían co­mo los 70 de hoy, po­ne­le… (ríe). La ver­dad es que me sien­to muy bien, muy fe­liz a mis 41, con ga­nas de en­ca­rar pro­yec­tos nue­vos to­do el tiem­po. Y si mi­ro atrás tam­bién me gus­ta mu­cho lo que en­cuen­tro, sien­to que he vi­vi­do mu­chas co­sas, y to­das muy bien vi­vi­das. No me arre­pien­to de ca­si na­da.

-¿De ca­si na­da…?

-Bueno, en reali­dad di­go eso pa­ra cu­brir­me, pa­ra que no me di­gan que me creo el Da­lai La­ma… (ríe).

-¿Y es­tos 41 tam­bién te en­cuen­tran nue­va­men­te enamo­ra­do?

-De mi vi­da pri­va­da no ha­blo. Nun­ca lo hi­ce ni lo ha­ré.

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