GON­ZA­LO HE­RE­DIA.

El ac­tor se ani­ma a to­do: fue pa­pá de una ne­na, es­tre­nó tea­tro y se pre­pa­ra pa­ra lan­zar su pri­me­ra no­ve­la.

Luz - - SUMARIO - -FER­NAN­DO GOMEZ DOSSENA

AÑO DE CAM­BIOS PA­RA ES­TE AC­TOR. HA­CE PO­CO TIEM­PO FUE PA­PÁ DE AL­FON­SI­NA, HA­CE DOS SE­MA­NAS ES­TRE­NÓ OBRA DE TEA­TRO Y EN BRE­VE LAN­ZA SU PRI­ME­RA NO­VE­LA. DE TO­DO ESO, DE LI­TE­RA­TU­RA, DE LA INCOMUNICACIÓN Y DE SER PA­DRE DE UNA NE­NA CON­SO­LI­DAR SU FA­MI­LIA HA­BLÓ EN ES­TA NO­TA.

Gon­za­lo es de esos in­ter­lo­cu­to­res que le gus­ta char­lar, re­fle­xio­nar y, tam­bién, pre­gun­tar. Ape­nas se pren­de el gra­ba­dor es él quien for­mu­la la pri­me­ra pre­gun­ta. “¿Có­mo se cons­tru­ye la voz de un en­tre­vis­ta­do?”, lan­za y co­mien­za hur­gar en el ofi­cio de los pe­rio­dis­tas. Así, cu­rio­so, re­sul­tó es­te galán de Mun­ro (35) que gra­cias a la li­te­ra­tu­ra co­no­ció “un mun­do nue­vo” que aho­ra tra­ta de trans­mi­tir por to­dos los ca­na­les po­si­bles. En ma­yo lan­za su pri­me­ra no­ve­la, ade­más, par­ti­ci­pa de dos pro­gra­mas de ra­dio li­te­ra­rios, en No­tas al pie en Cul­tu­ra y en Días co­mo es­tos en Me­tro. Y aca­ba de es­tre­nar la obra de tea­tro Per­fec­tos des­co­no­ci­dos (di­ri­gi­da por Gui­ller­mo Fran­ce­lla) en el Me­tro­po­li­tan Su­ra. Una pie­za que se aden­tra en los se­cre­tos que to­dos te­ne­mos guar­da­dos en nues­tro te­lé­fono ce­lu­lar.

-¿Te in­ter­pe­la el te­ma cen­tral de la obra?

-Sí, cla­ro. A los de mi ge­ne­ra­ción nos to­ca vi­vir la era de la co­mu­ni­ca­ción y creo que esa es nues­tra gue­rra ci­vil pa­ra lla­mar­lo de al­gu­na ma­ne­ra. El ce­lu­lar es real­men­te la ca­ja ne­gra de nues­tras vi­das. To­das las gran­des his­to­rias uni­ver­sa­les hu­bie­ran si­do di­fe­ren­tes si los protagonistas hu­bie­ran

“NO ME SIEN­TO UN IN­FLUEN­CER LI­TE­RA­RIO CO­MO ME DI­CEN, ¡DE­JEN DE PO­NER­ME RÓ­TU­LOS! SUBO UN LI­BRO QUE ME GUS­TA EN LAS RE­DES Y PUN­TO. A MÍ LA LI­TE­RA­TU­RA ME ABRIÓ UN NUE­VO MUN­DO Y ME GUS­TA TRANS­MI­TIR­LO”.

te­ni­do ce­lu­la­res. No re­nie­go de lo vir­tual, pe­ro ten­go un cos­ta­do más ro­mán­ti­co y el in­ter­cam­bio ca­ra a ca­ra es su­ma­men­te im­por­tan­te.

-¿Por qué ca­ja ne­gra?

-El ce­lu­lar sin que uno se­pa co­no­ce más de uno que cual­quier otra per­so­na. Es un re­tra­to de to­do: con quién ha­blas­te, có­mo, qué le di­jis­te, en dón­de es­tu­vis­te, qué bus­cas­te... Si el apa­ra­to tu­vie­ra voz te ha­bla­ría de co­sas que yo per­so­nal­men­te ca­paz ni po­dría re­pe­tir, por­que mu­chas ve­ces nos des­co­no­ce­mos a no­so­tros mis­mos.

-¿Creés que tie­ne que ha­ber se­cre­tos y mis­te­rio en un víncu­lo?

-Pa­ra mí es sú­per im­por­tan­te la in­di­vi­dua­li­dad y la in­de­pen­den­cia. Me con­si­de­ro una per­so­na bas­tan­te so­li­ta­ria y por mo­men­tos er­mi­ta­ña, ne­ce­si­to mis es­pa­cios pro­pios. Tam­bién hay al­go de so­cia­bi­li­zar, mos­trar y re­la­cio­nar­se con la gen­te que a mí me cues­ta ca­da vez más. To­dos te­ne­mos, sin ser cons­cien­tes del to­do, se­cre­tos... y más que na­da en el ce­lu­lar.

-El pri­me­ro de ma­yo lan­zás tu no­ve­la Cons­truc­ción de la men­ti­ra (edi­to­rial Al­to Po­go) en la Fe­ria del li­bro. Ha­ce años que ve­nís es­cri­bien­do, ¿por qué se dio aho­ra?

-Fue to­do bas­tan­te or­gá­ni­co y ya era mo­men­to, des­pués de cua­tro años de tra­ba­jo, de que sal­ga a la luz. Es­ta es la pri­me­ra vez que me enor­gu­llez­co de al­go que hi­ce la­bo­ral­men­te. Se­gu­ra­men­te sal­drán des­pia­da­da­men­te a de­cir co­sas y es­tán en to­do su de­re­cho. Creo y es­toy tran­qui­lo de que la no­ve­la se de­fien­de so­la y tie­ne vi­da pro­pia.

-¿Te­nés ru­ti­na de es­cri­tu­ra?

-Sí, es­cri­bo to­dos los días, por­que pa­ra mí es un ejer­ci­cio. Lo ha­go a mano, en má­qui­na de es­cri­bir y con la compu­tado­ra. Ten­go un gran qui­lom­bo (ri­sas). Li­bre­tas en mi au­to, en la me­sa de luz, en la mo­chi­la, es­tán des­pa­rra­ma­das co­mo si fue­ran tram­pe­ras por los lu­ga­res que tran­si­to.

-Tam­bién es­tás ha­cien­do ra­dio, ¿es­te fue el año de ani­mar­se?

-Fue ca­sual, co­men­zó a de­can­tar so­lo, no pla­neé cam­biar mi perfil ni mu­cho me­nos. Es al­go que me pa­sa y lo com­par­to. No me sien­to un in­fluen­cer li­te­ra­rio co­mo me di­cen, ¡de­jen de po­ner­me ró­tu­los! Subo un li­bro que me gus­ta en las re­des y pun­to, re­co­mien­do a un ami­go lec­tu­ras, pe­ro a tra­vés de una red so­cial. Es más, ten­go mu­chos se­gui­do­res que me di­cen: ¡subí otra co­sa, Gon­za­lo!

-¿Qué ha­cés en el tiem­po li­bre que te que­da?

-Bueno, ten­go dos hi­jos (N. de la r: con la ac­triz Brenda Gan­di­ni). Eso ya es una mo­vi­da muy in­tere­san­te e in­ten­sa. Nos es­ta­mos re­es­ta­ble­cien­do co­mo fa­mi­lia, ya so­mos cua­tro, cam­bió la es­truc­tu­ra, te­ne­mos dos hi­jos, un pe­rro y un pez. Es­ta­mos to­dos tra­tan­do de en­con­trar nues­tro lu­gar.

-¿Es muy di­fe­ren­te la ex­pe­rien­cia de ser pa­pá de una ne­na?

-Me aga­rró en otro lu­gar, yo es­pe­ra­ba ha­ce tiem­po ser pa­pá de una ne­na, pe­ro el na­ci­mien­to de Al­fon­si­na (6 me­ses) po­ten­ció el ca­ri­ño y el amor con Eloy (6) y lo lle­vó a un se­gun­do ni­vel. Con ella to­do es un mun­do nue­vo. Soy un prin­ci­pian­te, to­do lo que fun­cio­na­ba con Eloy no fun­cio­na con ella. Es­toy des­cu­brién­do­la.

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