NO­TA DE TA­PA. LUI­SA­NA LO­PI­LA­TO.

Em­ba­ra­za­da por ter­ce­ra vez vol­vió al país pa­ra pre­sen­tar la pe­lí­cu­la Per­di­da.

Luz - - SUMARIO - -FER­NAN­DO GO­MEZ DOSSENA

Lui­sa­na lle­ga a la pro­duc­ción y lo pri­me­ro que pi­de es ma­te. Se sien­ta pa­ra ma­qui­llar­se y pei­nar­se y, ce­lu­lar en mano, co­mien­za a ver sus re­des so­cia­les. “Mi her­mano me ex­pli­có có­mo ver las es­ta­dís­ti­cas de Ins­ta­gram y ten­go mu­chí­si­mas se­gui­do­ras de 30 años pa­ra arri­ba. Es­toy sor­pren­di­da, pe­ro cla­ra­men­te cre­cí, no soy la mis­ma de Re­bel­de Way y no me di cuen­ta. Ya no su­man li­kes las fo­tos se­xies, sino las re­ce­tas de co­ci­na y las fo­tos con mis hi­jos”, cuen­ta la ac­triz con esa chis­pa que la ca­rac­te­ri­za. La es­po­sa de Mi­chael Bu­blé via­jó a Bue­nos Ai­res pa­ra un even­to de El­vi­ve de L’Oréal (mar­ca de la que es em­ba­ja­do­ra ha­ce 9 años) y pa­ra pre­sen­tar la pe­lí­cu­la Per­di­da, que cuen­ta una his­to­ria

de trá­fi­co de ado­les­cen­tes en Ar­gen­ti­na. Ella se po­ne en la piel de “Pi­pa”, una po­li­cía que ven­ga­rá la des­apa­ri­ción de su ami­ga.

-¿Qué te in­ter­pe­ló de la pe­lí­cu­la?

-El te­ma de la tra­ta de blan­ca que es muy ac­tual. Pen­sar que su­ce­de to­do eso me con­mo­cio­nó mu­cho, me la pa­sa­ba ha­blan­do del te­ma en el set. Me an­gus­tia mu­cho, más aho­ra que soy ma­dre, que una per­so­na pue­da per­der a su hi­ja.

-Los úl­ti­mos tra­ba­jos que hi­cis­te es­tu­vie­ron más vin­cu­la­dos con el dra­ma, ¿la co­me­dia ya no es lo tu­yo?

-No, pa­ra na­da, si­gue sién­do­lo, pe­ro me lle­ga­ron muy po­cas pro­pues­tas de co­me­dia.

-¿Te sor­pren­de que te vean co­mo ac­triz dra­má­ti­ca?

-Me gus­ta, soy ac­triz y de­bo tran­si­tar to­dos los re­gis­tros. Y lo que más me gus­ta es con­tar his­to­rias, me en­tu­sias­ma ir al set, po­ner­me en la piel de otra per­so­na, por eso, a pe­sar de mi vi­da com­ple­ja, no de­jo mi tra­ba­jo.

-¿Y có­mo ha­cés? Por­que vi­vís afue­ra, te­nés dos hi­jos, sos em­ba­ja­do­ras de mar­cas...

-Tra­ba­jo me­nos de lo que qui­sie­ra. La cla­ve pa­ra to­do es ser or­ga­ni­za­da. Mi­ke tie­ne un ca­len­da­rio muy ajus­ta­do tam­bién y sú­per pro­gra­ma­do, en­ton­ces cuan­do co­mien­za el año los dos ya sa­be­mos cuá­les van a ser nues­tras ac­ti­vi­da­des. No so­le­mos im­pro­vi­sar con te­mas la­bo­ra­les. Prin­ci­pal­men­te yo soy ma­má. Es más, aho­ra a em­pe­cé a com­ple­tar for­mu­la­rios y po­ner ama de ca­sa co­mo pro­fe­sión.

-¿Por qué? Si se­guís tra­ba­jan­do...

-Y es lo que ha­go, la ma­yo­ría del tiem­po soy ama de ca­sa, así que no fal­to a la ver­dad. Apar­te tam­bién es más sen­ci­llo pa­ra la adua­na, si pu­sie­ra ac­triz me ha­rían pre­gun­tas y de­más. La vi­da me cam­bió mu­cho, real­men­te no po­dría ha­cer más de lo que ha­go. Mi sue­ño se­ría po­der ro­dar dos pe­lí­cu­las al año por lo me­nos, pe­ro no es sen­ci­llo. Mi reali­dad es otra y me ca­sé sa­bien­do que mi familia es siem­pre la prio­ri­dad. Apar­te Noah co­mien­za es­te año en sep­tiem­bre el jar­dín en Ca­na­dá y ahí ve­re­mos có­mo nos or­ga­ni­za­mos. Ca­paz ha­ga­mos una mez­cla de es­cue­la pre­sen­cial y ho­me school.

-¿Có­mo es tu ru­ti­na de ama de ca­sa?

-No plan­cho, pe­ro sí pon­go la ro­pa a la­var y soy muy ma­má, re pre­sen­te con mis hi­jos. Acá en Ar­gen­ti­na tie­nen ya su jar­dín, así que los lle­vo to­das las ma­ña­nas, con Elias es­toy ha­cien­do la adap­ta­ción y me que­do las tres ho­ras en la sa­li­ta. Ten­go a una mu­jer que me ayu­da, via­ja­mos jun­tos, vi­ve con nos­tros y es par­te de la familia. En­tre las dos or­ga­ni­za­mos to­do: qué co­me­mos, quién va al su­per­mer­ca­do y co­ci­na­mos jun­tas. Hoy me to­có a mí, hi­ce ro­lli­tos de po­llo con ja­món y que­so con ensaladas. El gran pro­ble­ma de to­dos los días: ¿qué co­me­mos? Es lo úni­co que se pa­sa pen­san­do una ama de ca­sa. Es el di­le­ma de to­dos los días.

-¿Mi­ke te ayu­da?

-Mu­chí­si­mo. Más cuan­do es­tá en Bue­nos Ai­res por­que es su tiem­po de des­can­so. Ayer, por ejem­plo, mien­tras me pre­pa­ra­ba -me ma­qui­lla­ba y pei­na­ba- pa­ra ir a un even­to lo veía sal­tan­do en el tram­po­lín del par­que con los dos. ¡Es­tu­vie­ron dos ho­ras! Mi­ke es un ni­ño más.

-¿Ha­cen pla­nes sin los ni­ños?

-Muy po­cos, pe­ro a par­tir de es­te úl­ti­mo tiem­po nos es­ta­mos obli­gan­do más. Mi­ke y yo so­mos muy fans de nues­tros hi­jos y nos cues­ta des­pe­gar­nos. Lo cier­to es que co­mo pa­re­ja ne­ce­si­ta­mos te­ner una char­la tran­qui­los sin na­die que nos in­te­rrum­pa o nos pre­gun­te cin­cuen­ta ve­ces por qué.

-¿Logran in­ti­mi­dad?

-Mi ma­ri­do y yo no te­ne­mos ho­ra­rio de ofi­ci­na, así que cuan­do ne­ce­si­ta­mos in­ti­mi­dad siem­pre en­con­tra­mos un hue­co. Lo peor de to­do es que cuan­do ha­ce­mos sa­li­das de enamo­ra­dos, ob­via­men­te, ter­mi­na­mos char­lan­do so­bre los chi­cos. Los ami­gos que te­ne­mos nos car­gan por­que a ve­ces nos in­vi­tan a ce­nas de pa­re­ja y cae­mos los cua­tro.

“Mi ma­ri­do y yo no te­ne­mos ho­ra­rio de ofi­ci­na, así que cuan­do ne­ce­si­ta­mos in­ti­mi­dad siem­pre en­con­tra­mos un hue­co. Lo peor de to­do es que cuan­do ha­ce­mos sa­li­das de enamo­ra­dos, ob­via­men­te, ter­mi­na­mos char­lan­do so­bre los chi­cos”.

-¿Te­nés mu­chas ami­gas?

-Sí, acá en Bue­nos Ai­res las de to­da la vi­da, las del ba­rrio y del co­le­gio. Con ellas es­ta­mos sú­per co­mu­ni­ca­das a pe­sar de vi­vir le­jos. En Van­cou­ver for­jé tam­bién mu­chas amis­ta­des.

-¿Y có­mo hi­cis­te?

-Se fue­ron dan­do sin que­rer­lo. Una vez hi­ce una jun­ta­da con ar­gen­ti­nas en ca­sa y me hi­ce de dos ami­gas ín­ti­mas. Tam­bién los hi­jos me co­nec­tan con otros ma­más con chi­cos de la mis­ma edad. Ten­go un re lin­do gru­po de ar­gen­ti­nas allá, tam­bién me reúno con mis com­pa­ñe­ras de te­nis. Lo bueno es que me dan tips pa­ra ha­cer co­sas en Ca­na­dá. An­tes no ha­cía na­da de na­da, me la pa­sa­ba en la ca­sa y con la familia de Mi­ke, pe­ro aho­ra cam­bié. Igual, re­co­noz­co que co­mo an­fi­trio­na soy ma­lí­si­ma.

-¿En qué sen­ti­do?

-Bueno, yo te re­ci­bo en mi ca­sa y te co­cino, pe­ro ja­más te lle­vo a re­co­rrer. Mi es­ti­lis­ta vino a vi­si­tar­me a Van­cou­ver y en un mo­men­to me di­jo: ¡Co­ci­nás ri­quí­si­mo, pe­ro quie­ro sa­lir a pa­sear! Los que vie­nen se ban­can mi ru­ti­na fa­mi­liar, no la cam­bio por na­da.

-¿Y cuándo vie­ne la familia de Mi­ke a Bue­nos Ai­res?

-Soy igual de desas­tre, a lo su­mo los lle­vo al shop­ping de Nor­del­ta (ri­sas). Con Mi­ke so­mos muy ca­se­ros.

-¿Có­mo te sen­tís con el em­ba­ra­zo?

-Muy bien. Al prin­ci­pio me sen­tía muy en­fer­ma y te­nía mu­cho mal hu­mor, pe­ro pa­sa­do ese pri­mer tri­mes­tre fue ma­ra­vi­llo­so.

-¿Có­mo se lo to­ma­ron Noah y Elias?

-Sú­per bien. El te­ma va a ser cuan­do vean que al­guien vie­ne a com­pe­tir con el amor de su pa­pá. Se va a a ar­mar lío se­gu­ro.

-¿Que­rías una ne­na?

-Sí, es­toy re con­ten­ta. Ya es­toy can­sa­da de los gol­pes, las pi­ñas, Spi­der­man y lle­var­los a hoc­key. Ob­via­men­te los acom­pa­ño, me lle­vo mi ma­te y me que­do vien­do el par­ti­do, pe­ro quie­ro una Bar­bie. Se­gu­ro que des­pués de dos her­ma­nos hom­bres va a ser re va­ro­ne­ra (ri­sas). Que sea lo que sea.

-¿Có­mo se en­te­ra­ron del em­ba­ra­zo?

-Me en­te­ré al fi­nal de ro­da­je de la pe­lí­cu­la y no sos­pe­ché na­da por­que es­tá­ba­mos bus­can­do, pe­ro no muy aten­tos. En el fin de la fies­ta del ro­da­je me to­mé una co­pa de vino y me em­pe­cé a sen­tir muy mal. Ima­gi­né que al­go me ha­bía caí­do pé­si­mo, en­ci­ma al otro día es­ta­ba vol­vien­do a Ca­na­dá, per­dí un vue­lo de lo mal que me sen­tía, fue un lío. Cuan­do lle­gué me fal­ta­ba po­co pa­ra el pe­río­do, no me vino, me hi­ce un test y lle­gó la res­pues­ta.

-¿Te gus­ta es­tar em­ba­ra­za­da?

-Sí, pe­ro los pri­me­ros tres me­ses los su­frí y di­je nun­ca más. Pe­ro aho­ra que me sien­to bien em­pie­zo a du­dar a ver si quie­ro ser de vuel­ta ma­má. La mu­jer no tie­ne me­mo­ria sino en és­to no re­in­ci­di­ría­mos. Me en­can­ta ser ma­má, mis hi­jos, soy una gran pro­mo­to­ra de la familia.

-¿Na­da te sa­ca de las ca­si­llas?

-Soy bas­tan­te re­la­ja­da, pe­ro a su vez in­ten­sa. Soy pre­sen­te y quie­ro saber to­do, qué co­mie­ron y has­ta el cal­zon­ci­llo que se van a po­ner sino es­toy. Cuan­do voy ma­ne­jan­do en el au­to y ha­cen lío me pon­go lo­ca, me doy vuel­ta es­ti­lo in­creí­ble Hulk (ri­sas).

-¿Cuá­les son tus pla­nes pa­ra 2018 apar­te de ser ma­má en sep­tiem­bre?

-Vol­ver en no­viem­bre a Ar­gen­ti­na por com­pro­mi­sos quie­ro se­guir ha­cien­do cine. En mi pró­xi­ma pe­lí­cu­la quie­ro tra­ba­jar con Ri­car­do Da­rín, ¡aun­que sea ha­cer una mi­ni par­ti­ci­pa­ción! O con Ju­lio Chá­vez que fue mi maes­tro, es­pe­ro que ellos quie­ran.

-¿Có­mo es­tá Noah de sa­lud?

-Re bien, por suer­te. Es­toy más re­la­ja­da con el te­ma, ten­go mu­cha fe y soy muy per­se­ve­ran­te. Siem­pre es­toy mi­ran­do al fu­tu­ro y cre­yen­do fer­vien­te­men­te que to­do va a es­tar bien.

“Te re­ci­bo en mi ca­sa y te co­cino, pe­ro ja­más te sa­co a pa­sear. Mi es­ti­lis­ta vino a vi­si­tar­me a Van­cou­ver y en un mo­men­to me di­jo: ¡Co­ci­nás ri­quí­si­mo, pe­ro quie­ro sa­lir a pa­sear! Los que vie­nen se ban­can mi ru­ti­na fa­mi­liar, no la cam­bio por na­da”.

FO­TOS: CRIS­TIAN WELCOMME. PRO­DUC­CIÓN: MARIANA GAIBISSO.

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