MODA. “DE UN LI­BA­NÉS SIEM­PRE SE ES­PE­RAN VES­TI­DOS DE NOCHE”.

Des­de Pa­rís, una en­tre­vis­ta ex­clu­si­va con el di­se­ña­dor Tony Ward.

Luz - - SUMARIO - -LI­LIAN RINAR (DES­DE PA­RÍS).

Se­gu­ra­men­te la he­ren­cia de un pa­dre mo­dis­to co­mo Elie Ward, con un pro­pio sa­lón de coutu­re y clien­tas co­mo las prin­ce­sas li­ba­ne­sas y mu­je­res exi­gen­tes de Bei­rut ha co­la­bo­ra­do pa­ra que hoy Tony Ward (íta­lo li­ba­nés) se con­sa­gre co­mo ha­ce­dor de la feminidad más re­fi­na­da. .Las pren­das que rea­li­za pa­ra sus co­lec­cio­nes son di­se­ña­das y cons­trui­das co­mo un pa­la­cio de de­ta­lles con los ma­te­ria­les más sor­pren­den­tes del mo­men­to.

-¿La ad­mi­ra­ción por tu pa­dre te lle­vó a se­guir su mis­mo ca­mino?

-Yo cur­sa­ba el pri­mer año en la fa­cul­tad de me­di­ci­na y co­mo me bo­cha­ron en el exa­men de ad­mi­sión,

mi pa­dre -que es una per­so­na se­ve­ra- me di­jo que no me iba a dar pla­ta así por­que sí. Si que­ría te­ner al­go en el bol­si­llo que fue­ra a tra­ba­jar en su ate­lier. Lo có­mi­co fue que cuan­do se dio cuen­ta de que yo tra­ba­ja­ba con en­tu­sias­mo, me apar­tó. Me ofen­dí y me fui a Paris con 300 dó­la­res en el bol­si­llo.

-¿A dón­de te lle­vó la re­bel­día?

-En Paris hi­ce to­do ti­po de tra­ba­jos has­ta que en­tré en la ca­sa Lan­vín. En un pri­mer tiem­po me ocu­pa­ba es­to­quear los car­to­nes has­ta que se die­ron cuen­ta de que yo do­mi­na­ba tres idio­mas y que era muy bueno ha­blan­do con las clien­tas. Un día Clau­de Mon­ta­na (en ese en­ton­ces di­se­ña­dor de Lan­vin) pa­só por la bou­ti­que y yo le mos­tré al­gu­nos cro­quis. Así lo­gré es­tar en el ate­lier.

-¿Sin ha­ber fre­cuen­ta­do nin­gu­na es­cue­la pa­ra tu for­ma­ción?

-La ca­sa Lan­vin me pa­gó la es­cue­la de la Cá­ma­ra Sin­di­cal de la moda y así co­men­cé es­te me­tier que pa­ra mí es apa­sio­nan­te.

-¿Qué ocu­rrió cuan­do Clau­de Mon­ta­na de­jó Lan­vin?

-Pa­sé a tra­ba­jar con el nue­vo di­se­ña­dor Do­mi­ni­que Bor­lo­tie, pe­ro descubrí que lo que él ha­cia no me in­tere­sa­ba pa­ra mi for­ma­ción. Me fui a Dior, lue­go a Ch­loé a se­cun­dar a Karl La­ger­feld pe­ro só­lo es­tu­ve una tem­po­ra­da por­que en ese en­ton­ces era muy du­ro tra­ba­jar con él.

-¿Muy difícil?

-Tu­vo en aquel en­ton­ces la idea de ha­cer un ves­ti­do es­tam­pa­do con los ver­sos co­rá­ni­cos. Al­guien lan­zó con­tra él una Jiad y en­ton­ces Karl es­ta­ba muy ner­vio­so y es­tre­sa­do to­do el tiem­po.

-¿Así sur­gió tu pro­pia mar­ca?

-Al de­jar Ch­loé fui al Lí­bano. La gue­rra ha­bía ter­mi­na­do y con mi pa­dre ha­cía ra­to que ha­bía­mos he­cho las pa­ses. Él ya no tra­ba­ja­ba y me ofre­ció ins­ta­lar­me

en su an­ti­guo ate­lier. Un año des­pués lan­cé mi co­lec­ción en Bei­rut. Hoy mi pa­dre si­gue tra­ba­jan­do a mi la­do por­que aún si­go apren­dien­do de él al­gu­nos se­cre­tos del mé­tier.

-¿Hoy Tony Ward tie­ne más de 60 pun­tos de ven­ta, có­mo lo­gras­te ese salto?

-Vi­vo en Paris, ten­go mi ate­lier en Bei­rut y des­de allí mi co­lec­ción par­tió a Du­bai, a Ro­ma, Es­ta­dos Uni­dos don­de hi­ce mu­chos des­fi­les, in­clu­so en la ca­sa de Do­nald Trump.

-Las ro­ma­nas, las sau­díes o las ame­ri­ca­nas son muy di­fe­ren­tes. ¿Có­mo se con­ten­ta a to­das?

-Sien­do un alumno de Mon­ta­na hi­ce mu­chas cha­que­tas. En un mo­men­to fue mi fuerte y, hoy mis­mo, ten­go una lí­nea pri­va­da de tai­lleurs y el 60 por cien­to de mi co­lec­ción es­tá com­pues­ta por cha­que­tas. Creo que es­tas pren­das unie­ron a to­das mis clien­tas de di­fe­ren­tes na­cio­na­li­da­des.

-¿Con tan­tas cha­que­tas, por qué no se ven en las pa­sa­re­las?

-Un di­se­ña­dor li­ba­nés tie­ne que pre­sen­tar tra­jes de noche, es co­mo una eti­que­ta que nos han pues­to. Mis pri­me­ros tres años yo ha­cía co­lec­cio­nes de 90 pren­das de prêt à porter don­de la mi­tad era tai­lleurs y yo no los ven­día por­que las clien­tas pre­fe­rían com­prar el tai­lleur a otros di­se­ña­do­res. A mí me pe­dían los tra­jes de noche y los ves­ti­dos de cock­tail.

-¿Qué po­dés con­tar de tu clien­ta tí­pi­ca?

-Pa­ra la al­ta cos­tu­ra te­ne­mos clien­tas de más edad, pe­ro nos traen a sus hi­jas. Ten­go mu­chas mu­je­res de ne­go­cios que me com­pran esos tai­lleurs, las ru­sas y las ame­ri­ca­nas son muy fie­les y con­fían en lo que les pro­po­ne­mos. Las ru­sas son un po­co más di­fí­ci­les. Es una clien­te­la bas­tan­te fría. Te­ne­mos mu­chas no­vias en Asia, ha­ce­mos más o me­nos 600 tra­jes por año, de los cua­les 300 son pa­ra el mer­ca­do nor­te­ame­ri­cano. En los paí­ses ára­bes te­ne­mos una clien­te­la jo­ven, que vie­ne del prêt a porter y a la que le gus­ta nues­tro estilo. La clien­te­la me­xi­ca­na es so­bre to­da una clien­te­la ju­día, es un mer­ca­do muy in­tere­san­te.

-¿Qué es hoy lo más im­por­tan­te en tu vi­da?

-Soy el pa­pa de cua­tro hi­jos, la fa­mi­lia es muy im­por­tan­te pa­ra mí. Es­ta­mos muy uni­dos por suer­te ha­ce­mos con pla­cer mu­chos via­jes jun­tos, co­sa que me es­ti­mu­la pa­ra el tra­ba­jo, pe­ro tam­bién es­toy tra­tan­do de lan­zar con el ban­co eu­ro­peo un pro­yec­to pa­ra ayu­dar a los jó­ve­nes di­se­ña­do­res ita­lia­nos y re­lan­zar así la moda de su país.

“LAS MU­JE­RES DE NE­GO­CIOS COM­PRAN NUES­TROS TAI­LLEURS. LAS AME­RI­CA­NAS SON MUY FIE­LES Y LAS RU­SAS TAM­BIÉN PE­RO SON MUY FRÍAS”

Sus ras­gos de­no­tan la pro­ce­den­cia ita­lo li­ba­ne­sa.

bien al cuer­po

Ward ha­ce ves­ti­dos de no­via, prêt à porter y tai­lleurs, pe­ro mu­cho ves­ti­do de noche, su es­pe­cia­li­dad.

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