TECNO.

La ra­dia­ción del ce­lu­lar

Mia - - SUMARIO -

El smartp­ho­ne siem­pre va con uno, ya sea en la mano, en el bol­so o jun­to al cuer­po. No hay prue­bas con­clu­yen­tes de que la ra­dia­ción del apa­ra­to sea da­ñi­na, pe­ro ha­ce unos años un in­for­me de la OMS aler­ta­da de sus po­si­bles efec­tos can­ce­rí­ge­nos. ”En es­te pun­to no po­de­mos des­car­tar que ha­ya ries­gos por el uso a lar­go pla­zo de los dis­po­si­ti­vos mó­vi­les”, ase­gu­ra Jan Hen­rik Lauer, por­ta­voz de la Ofi­ci­na Fe­de­ral Ale­ma­na de Pro­tec­ción Ra­dio­ló­gi­ca (BfS). Por eso, la re­co­men­da­ción de la BfS es mi­ni­mi­zar esa ex­po­si­ción. Los ce­lu­la­res usan cam­pos elec­tro­mag­né­ti­cos de al­ta fre­cuen­cia pa­ra en­viar y re­ci­bir au­dio y da­tos. El usua­rio no no­ta na­da pe­ro ab­sor­be ener­gía. Es la lla­ma­da ta­sa de ab­sor­ción es­pe­cí­fi­ca (SAR, por sus si­glas en in­glés), un va­lor del que to­dos los te­lé­fo­nos y ta­blets tie­nen que in­for­mar.

El va­lor má­xi­mo re­co­men­da­ble es se­gún la BfS de dos va­tios por ki­lo de pe­so cor­po­ral. Los smartp­ho­nes tie­nen que mos­trar dos va­lo­res SAR: el que se pro­du­ce ha­blan­do con el te­lé­fono al oí­do y el de lle­var­lo jun­to al cuer­po. La in­for­ma­ción se en­cuen­tra en la guía de usua­rio y tam­bién en una ba­se de da­tos de la BfS, que se ac­tua­li­za de for­ma re­gu­lar y que es pú­bli­ca.

Se­gún sus da­tos, pa­ra el Sam­sung Ga­laxy S9+ es de 0,29 W/kg en el oí­do y de 1,35 en el cuer­po a una dis­tan­cia de 0,5 cm. En el ca­so del iPho­ne X es de 0,92 al oí­do y de 0,95 en el cuer­po. La del Hua­wei P20P­ro es de 0,73 al oí­do y de 1,22 jun­to al cuer­po.

En to­dos los ca­sos se tra­ta de va­lo­res re­du­ci­dos, se­gún Lauer. Los te­lé­fo­nos mo­der­nos con LTE o UMTS emi­ten me­nos ra­dia­ción que los ce­lu­la­res más vie­jos. “De­pen­de tam­bién del di­se­ño”, ex­pli­ca Lauer. “A cau­sa de las pan­ta­llas más gran­des se am­plía la dis­tan­cia en­tre la an­te­na, que sue­le es­tar en la par­te de aba­jo de la car­ca­sa, y la son­da de me­di­ción, por lo que el va­lor SAR ba­ja”.

Los fa­bri­can­tes de fun­das es­pe­cia­les sue­len pu­bli­ci­tar­se ase­gu­ran­do que pro­te­gen de ella a las per­so­nas. “Pe­ro esos ac­ce­so­rios ha­cen que el smartp­ho­ne au­men­te sus emi­sio­nes pa­ra man­te­ner la co­ne­xión”, cri­ti­ca Bernd Theiss, de la re­vis­ta Con­nect.

Hay otras for­mas de re­du­cir­la más sen­ci­llas. Ele­gir un smartp­ho­ne con un va­lor SAR lo más ba­jo po­si­ble. Ade­más, usar el te­lé­fono fi­jo siem­pre que se pue­da, en vez del smartp­ho­ne.

A su vez, du­ran­te su uso la an­te­na tie­ne que es­tar lo más le­jos po­si­ble de la ca­be­za (es mejor ha­blar con auriculares pues­tos). Y cuan­do no se use, no de­be­ría es­tar pe­ga­do al cuer­po. “Ca­da vez que se du­pli­ca la dis­tan­cia, la ra­dia­ción pre­sen­te se re­du­ce a una cuar­ta par­te”, agre­ga. Por eso no con­vie­ne de­jar el te­lé­fono en la me­si­ta de luz cuan­do uno se va a la ca­ma. Si se lo usa co­mo despertador, po­ner­lo en mo­do avión.

Co­mo los te­lé­fo­nos au­men­tan al má­xi­mo su ra­dia­ción cuan­do hay ma­la re­cep­ción, ha­bría que evi­tar ha­blar en zo­nas con ma­la co­ber­tu­ra, en el au­to o du­ran­te un via­je en tren con tú­ne­les. Si se habla con una co­ne­xión WiFi o blue­tooth, la ra­dia­ción es mu­cho más ba­ja. Cuan­do sea po­si­ble, ade­más, es mejor usar una red WiFi y te­ner des­co­nec­ta­dos los da­tos mó­vi­les.

No de­jes el ce­lu­lar en la me­sa de luz al ir­te a la ca­ma. Si lo usás de despertador, po­ne­lo en mo­do avión

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