El dra­ma de Candelaria Tinelli por la anorexia:

Soledad Aquino ase­gu­ró que su hija en­fer­mó “por los celos que le da­ba ver chicas lin­das en el programa” de su pa­dre.

Noticias - - SUMARIO - FOTOS: CEDOC. DANIELA BIANCO dbian­co@per­fil.com @da­nie­lleb­bian­co

Soledad Aquino, su ma­dre y ex es­po­sa del con­duc­tor, ha­bló con NOTICIAS lue­go de que su hija re­ve­la­ra los tras­tor­nos ali­men­ta­rios que la aque­ja­ron los úl­ti­mos 12 años. El lar­go tra­ta­mien­to, la ob­se­sión por un cuer­po muy del­ga­do, la in­fluen­cia de la te­le­vi­sión y su re­cu­pe­ra­ción. Se­ña­les pa­ra sa­ber si se es­tá an­te un ca­so de bu­li­mia o anorexia.

“LLE­GÓ A PE­SAR 43 KILOS. ELLA MEDÍA LA COMIDA Y CONTROLABA LAS CALORÍAS DE TO­DOS LOS ALIMENTOS”.

Con

po­ses sen­sua­les, son­rien­do, o más pro­vo­ca­ti­va lu­cien­do sus múl­ti­ples ta­toos con la ro­pa de su mar­ca; de via­je o en un even­to top con su no­vio, ami­gos y fa­mi­lia. Cual­quie­ra que se pa­see por las cien­tos de imá­ge­nes que com­po­nen el Ins­ta­gram de Candelaria Tinelli (28) pue­de co­no­cer gran par­te del día a día que la di­se­ña­do­ra y can­tan­te ex­po­ne en las re­des so­cia­les, lo que la con­vir­tió en una in­fuen­cer con más de tres mi­llo­nes de se­gui­do­res. Lo que na­die sa­bía es que de­trás de esa vi­da idí­li­ca que se sue­le fa­bri­car en el mun­do di­gi­tal, la hija de Mar­ce­lo Tinelli es­con­día un te­rri­ble dra­ma: su lu­cha con­tra la bu­li­mia y la anorexia. Con un posteo en esa pla­ta­for­ma, “Le­lé”, co­mo la lla­man en la in­ti­mi­dad, re­ve­ló que des­de los 15 has­ta los 27 años pa­de­ció es­tos des­ór­de­nes ali­men­ta­rios que con­sis­ten en la res­tric­ción y pér­di­da de con­trol de la in­ges­ta de los alimentos, además de la dis­tor­sión de la ima­gen cor­po­ral.

NOTICIAS ha­bló con Soledad Aquino, su ma­dre y pri­me­ra es­po­sa de Tinelli, quién re­la­tó la lar­ga ba­ta­lla de su hija con­tra una en­fer­me­dad que la lle­vó a pe­sar 43 kilos. Además, re­cor­dó la ob­se­sión de Candelaria de pe­sar­se to­dos los días y con­tar las calorías de ca­da ali­men­to, así co­mo las pre­sio­nes que su­frió ella por ser la hija de un nú­me­ro uno de la te­le­vi­sión ar­gen­ti­na.

NOTICIAS ¿Cuá­les fue­ron las pri­me­ras se­ña­les que le per­mi­tió de­tec­tar que Candelaria es­ta­ba pa­de­cien­do anorexia y bu­li­mia?

Soledad Aquino: Fue­ron eta­pas. De gol­pe, un día se le pu­so que no que­ría co­mer, que que­ría es­tar fla­ca pa­lo. Te das cuen­ta por­que los chi­cos no co­men. Mi­den la comida. Con­tro­lan las calorías, sa­ben cuán­to tie­ne es­to, cuán­to tie­ne lo otro. De la bu­li­mia me en­te­ré más tar­de.

NOTICIAS En ese pri­mer mo­men­to, ¿dón­de pi­die­ron ayu­da?

Aquino: No re­cuer­do bien los pa­sos. Pe­ro siem­pre es­tu­vo con psi­có­lo­gos y psi­quia­tras. Y un nu­tri­cio­nis­ta que es un ge­nio. La te­nía muy bien guia­da. Cuan­do Can­de de­jó de co­mer car­ne por­que se hi­zo ve­ge­ta­ria­na le di­jo que se pu­sie­ra las pi­las, por­que la pro­teí­na es in-

dis­pen­sa­ble. Le man­da­ba es­tu­dios. Nun­ca es­tu­vo in­ter­na­da ni na­da. Sino con­te­ni­da por Mar­ce­lo y por mí. Yo to­do el tiem­po la ha­cía co­mer. Me le­van­ta­ba a la ma­dru­ga­da, veía si es­ta­ba dor­mi­da y le po­nía comida en su pla­to del desa­yuno. Y al otro día se da­ba cuen­ta. Te po­nés muy ob­se­si­vo. Una ami­ga mía que fue je­fa del Hos­pi­tal Pi­ro­vano me di­jo que lo peor es per­se­guir a un chi­co con es­te sín­to­ma. Cuan­do no mens­truó fui­mos a vein­te gi­ne­có­lo­gos. Y cuan­do se le ca­yó el pe­lo fui­mos a una clí­ni­ca de re­cu­pe­ra­ción. La equi­no­te­ra­pia tam­bién la sal­vó. To­do el mun­do ayu­dó. Lo im­por­tan­te acá es que Can­de fue va­lien­te pa­ra dar un men­sa­je, y que los chi­cos co­man lo nor­mal, na­tu­ral y bien. La comida es ca­li­dad de vi­da y ener­gía.

NOTICIAS ¿Qué cree que le su­ce­dió a los 15 años que la lle­vó a pa­de­cer es­tos tras­tor­nos ali­men­ta­rios co­mo la anorexia y la bu­li­mia?

Aquino: Es un clic in­terno que le hi­zo a ella. Creo que fue­ron los celos de ver chicas lin­das en el programa de Mar­ce­lo. To­das mo­de­los. Ella era chi­qui­ta. Creo que vio to­do un am­bien­te de chicas bo­ni­tas y al­go le pe­gó. Ahí le pi­dió a Mar­ce­lo que la lle­va­ra a una clí­ni­ca por­que se veía gor­da. Íba­mos una vez por se­ma­na y la pe­sa­ban. En ca­sa se pe­sa­ba to­dos los días. Y vi que se es­ta­ba com­pli­can­do la co­sa.

NOTICIAS ¿Los ta­tua­jes que se hi­zo fue­ron un lla­ma­do de aten­ción?

Aquino: No, na­da que ver. El look del ta­tua­je es por­que le pin­tó. Al prin­ci­pio me enojé, y me di­jo que era vin­ta­ge. Ella es una ar­tis­ta y se ex­pre­só en su cuer­po.

NOTICIAS ¿Có­mo fue el círcu­lo de con­ten­ción du­ran­te es­tos años?

Aquino: Se apo­ya­ba mu­cho en sus ami­gas, en Mar­ce­lo y en mí. Mi­cae­la tam­bién fue su gran com­pa­ñe­ra. Mar­ce­lo se ma­tó con mi­les de mé­di­cos. Y mi ma­má fue una ge­nia. Yo ha­bla­ba mil ve­ces con las ami­gas y la di­rec­to­ra de su co­le­gio. To­dos con­te­nién­do­la por­que fue di­fí­cil.

NOTICIAS Y en la ado­les­cen­cia par­ti­cu­lar­men­te de­be ser más com­pli­ca­do. ¿Có­mo se ha­ce pa­ra ayu­dar­lo sin que se ale­je y sea con­tra­pro­du­cen­te?

Aquino: Ha­blan­do y dán­do­le mu­cho amor. El amor es más fuer­te que to­do. Ayu­dar­la y de­cir­le que tie­ne que ser fe­liz. La eta­pa de la bu­li­mia no la vi­ví por­que ar­mó su mar­ca de ro­pa, y se fue a vi­vir al de­par­ta­men­to de Mar­ce­lo. Le era mu­cho más có­mo­do que San Isi­dro. Y un día me di­jo du­ran­te un al­muer­zo: ‘Mi­rá ma­má, vo­mi­to la comida’. Me lar­gué a llo­rar. Y ahí em­pe­cé a se­guir­la al ba­ño cuan­do al­mor­za­ba en ca­sa. Por­que es­to en­fer­ma a to­da la fa­mi­lia. Pe­ro hay que ocu­par­se, no preo­cu­par­se. Yo me ocu­pa­ba a mi ma­ne­ra. Lla­man­do a una mé­di­ca, co­mo ma­dre con­te­nien­do, ob­via­men­te. Es­pe­ro que es­to sir­va pa­ra dar un ejem­plo, ayu­dar a los pa­dres

ANOREXIA Y BU­LI­MIA DES­DE LOS 15 HAS­TA LOS 27. PESANDO 10 KILOS ME­NOS QUE HOY. CIN­CO AÑOS SIN MENSTRUAR”. PERDÍ TAN­TOS MO­MEN­TOS HERMOSOS POR ES­TA EN­FER­ME­DAD QUE ME PI­DO DISCULPAS A MÍ MIS­MA Y A LAS PER­SO­NAS QUE ME RO­DEAN”.

“TO­DO EL TIEM­PO LA HA­CÍA CO­MER. ME LE­VAN­TA­BA A LA MA­DRU­GA­DA Y LE PO­NÍA COMIDA PA­RA EL DESA­YUNO”.

a ser cons­cien­tes. Con Mar­ce­lo es­tu­vi­mos más uni­dos que nun­ca. Es­to no es culpa de na­die.

ENFRENTAR LA REALI­DAD. El lu­nes 5, y a ho­ras de su cum­plea­ños nú­me­ro 28, Candelaria Tinelli de­ci­dió sa­car a la luz su dra­ma y com­par­tir­lo con sus se­gui­do­res pa­ra ge­ne­rar con­cien­cia res­pec­to de la bu­li­mia y la anorexia. Al tex­to lo acom­pa­ña­ban una se­rie de cru­das fo­to­gra­fías de los 15 a los 27 en las que se la po­día ver ex­tre­ma­da­men­te del­ga­da y con sig­nos de que no te­nía un pe­so sa­lu­da­ble. “Anorexia y bu­li­mia des­de los 15 has­ta los 27. Pesando 10 kilos me­nos que hoy. Cin­co años sin menstruar. Caí­da ex­tre­ma de pe­lo. De­pre­sión y mal hu­mor. No po­der dis­fru­tar na­da. En­ce­rrar­me so­la. No ver gen­te. Ata­ques de pá­ni­co y fo­bia so­cial. To­do es­to y mu­chas co­sas más, que real­men­te me arre­pien­to de que ha­yan exis­ti­do”, es­cri­bió la jo­ven. En ese escrito, Can­de le agra­de­cía “el amor y la pa­cien­cia” a su pa­pá, ma­má y her­ma­na Mi­cae­la. Además, aler­ta­ba a sus se­gui­do­ras so­bre los ries­gos de es­tos des­ór­de­nes ali­men­ta­rios y de los fal­sos cuer­pos que se ven en las re­des so­cia­les.

Uno de los da­tos que más im­pac­tó fue la edad du­ran­te la que pa­de­ció es­tas en­fer­me­da­des, ya que al mo­men­to de es­cri­bir el men­sa­je, la jo­ven aún te­nía 27 años. Con­sul­ta­da al res­pec­to, Aquino ase­gu­ra que su hija es­tá sa­lu­da­ble ha­ce más de un año. “Ha­ce bas­tan­te es­tá re­cu­pe­ra­da. Ha­ce más de un año que es­tá per­fec­ta. Só­lo va a la psi­có­lo­ga. Y en su vi­da se su­mó es­te chi­co Lu­ca Bo­no­mi (con quien es­tá de no­via des­de ju­nio), y su vi­deo nue­vo “Yo”, y le dio pi­las. To­do eso la tie­ne po­si­ti­va. El amor sal­va al mun­do”, ex­pli­ca.

NOTICIAS En su pu­bli­ca­ción, Candelaria ha­bló de fo­bia so­cial y ata­ques de pá­ni­co. ¿Cree que in­flu­yó la ex­po­si­ción me­diá­ti­ca del pa­dre que vi­vie­ron des­de chicas?

Aquino: Yo creo que sí. Igual ha­cía de to­do, tam­po­co era tan ex­tre­mo. Lo que pa­sa es que ca­paz iba a al­gún lu­gar a co­mer, y con la anorexia no que­ría pro­bar bo­ca­do. Co­mía en ca­sa lo que que­ría ella. Aho­ra na­da que ver, quie­re sa­lir to­do el tiem­po. Se en­fo­có. Es­tá en su eje

y con­ten­ta.

Por otra par­te, Aquino ha­ce hin­ca­pié en que uno de los mo­ti­vos que ha­brían lle­va­do a Candelaria a la anorexia y la bu­li­mia tie­ne que ver con la mo­da de la del­ga­dez ex­tre­ma “Es una en­fer­me­dad del mun­do de hoy. Ocu­rre con el te­ma de los me­dios, que to­do lo ex­terno, el cuer­po, la ca­ra, tie­ne que ser per­fec­to. Y eso

“ES­PE­RO QUE ES­TO SIR­VA PA­RA DAR UN EJEM­PLO, AYU­DAR A LOS PA­DRES A SER CONS­CIEN­TES”.

se te me­te aden­tro. La cul­tu­ra de la ob­se­sión por la fla­cu­ra no pue­de exis­tir más. A ve­ces voy al des­fi­le de mis chicas y veo a to­das las mo­de­los pa­li­tos de es­co­ba y di­go, ‘por Dios, no pue­de ser así’”.

En ese sen­ti­do, la úl­ti­ma cam­pa­ña de la mar­ca de ro­pa de la hija de Mar­ce­lo Tinelli jus­ta­men­te ape­ló a mos­trar cuer­pos reales y di­ver­sos.

“Yo creo que tie­ne que ver con es­to. Me en­can­tó. Le di­je: ‘Es­ta es gen­te nor­mal’”, opi­na Aquino.

NOTICIAS Otro de los frag­men­tos fuer­tes de lo que es­cri­bió su hija de­cía que el cuer­po to­da­vía le pa­sa fac­tu­ra por los pro­ble­mas ali­men­ta­rios…

Aquino: Ha te­ni­do com­pli­ca­cio­nes con el te­ma san­guí­neo. No me acuer­do bien de los es­tu­dios, pe­ro es­ta­ba des­com­pen­sa­da en un mon­tón de co­sas. Por eso es im­por­tan­te que se­pan que el día de ma­ña­na lo que ha­cés, lo pa­gás. Los chi­cos no se dan cuen­ta de los dra­mas que trae es­ta en­fer­me­dad. Por­que tam­bién se de­pri­men. A ve­ces re­za­ba y de­cía por fa­vor que el día de ma­ña­na pue­da te­ner hi­jos, que no le pa­se na­da. A San Ra­fael, que es el ar­cán­gel sa­na­dor, lo ten­go ago­ta­do.

NOTICIAS ¿Qué otras se­ña­les que ha­ya vis­to les di­ría a los pa­dres pa­ra que es­tén aten­tos?

Aquino: Sim­ple­men­te cuan­do ven que el hi­jo em­pie­za a li­mi­tar la comida, a se­pa­rar por acá, y por allá, tie­nen que re­cu­rrir a un es­pe­cia­lis­ta. Por­que se te re­be­lan. A mí me ca­gaba a pe­dos. Me de­cía: ‘Ma­má, no me mi­res la comida’. Y sa­ben la can­ti­dad de calorías que tie­ne ca­da co­sa. Se vuel­ven co­mo ex­per­tos. Ahí al­go es­tá pa­san­do. Es muy im­por­tan­te que se en­tien­da que es un te­ma de sa­lud. No se pue­de jo­der con es­to. En es­te úl­ti­mo tiem­po, la he vis­to co­mer con pla­cer. La veo que se es­tá po­nien­do las pi­las con la equi­ta­ción y el de­por­te. Ha­blo to­dos los días con ella, y la veo con­ten­ta y fe­liz. Lo bueno es que cuan­do uno de­cla­ra al­go es por­que lo sol­tó. Me en­can­ta que ha­ya de­ja­do un men­sa­je pa­ra los jó­ve­nes. Es­tá bueno que ha­ya asu­mi­do la res­pon­sa­bi­li­dad de dar un ejem­plo. Me pa­re­ce muy sano, loa­ble y gra­ti­fi­can­te, pa­ra mí, co­mo ma­má.

SÍNTOMAS. Los es­pe­cia­lis­tas re­co­mien­dan a los pa­dres es­tar aten­tos.

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