LLE­GÓ EL HE­RE­DE­RO

Or­ti­go­za fue pa­pá el 1° de oc­tu­bre de es­te año. Dos días des­pués, el Ca­na­lla eli­mi­nó a Al­ma­gro en oc­ta­vos de fi­nal.

Olé - - CENTRAL -

-¿Te sor­pren­de la gen­te?

-No pen­sé que iba a ser así. Siem­pre me con­ta­ban al­gu­nos ju­ga­do­res. O lo veía cuan­do ve­nía a ju­gar a Ro­sa­rio, pe­ro ahí no lo vi­vís tan­to. Hoy, vi­vien­do día a día, es una lo­cu­ra. La pa­sión que hay acá es te­rri­ble.

-¿Qué ha­bla­bas so­bre es­ta ma­la ra­cha con aque­llos que son del club?

-Es­tá­ba­mos tran­qui­los. Sa­bía­mos que son par­ti­dos que por ahí en­trás dor­mi­do y das mal un pa­se, pe­ro des­pués te des­per­tás, te po­nés aten­to, co­rrés. Sa­bía­mos que iba a ser tra­ba­do. Co­me­ti­mos erro­res pe­ro co­rre­gi­mos rá­pi­do.

-En un mo­men­to del par­ti­do re­tas­te a Ca­ma­cho. ¿Qué ha­bía pa­sa­do?

-Hu­bo una ju­ga­da que no me pu­do es­cu­char por la gen­te. Le ha­bla­ba y no me es­cu­cha­ba. Le re­pro­ché eso. Des­pués con­tes­tó, pe­ro yo pre­fie­ro que nos di­ga­mos las co­sas ahí, que so­lu­cio­ne­mos el te­ma, y no que no di­ga­mos na­da y que des­pués ven­ga un gol. Los dos so­mos de ca­rác­ter fuer­te, pe­ro to­do que­da ahí. Nos lle­va­mos es­pec­ta­cu­lar.

-Si al fir­mar con Cen­tral te de­cían que ibas a ser cam­peón con la 10 en la es­pal­da, ¿lo creías?

-Es­ta­ba con­ven­ci­do. No me lo te­nía que ha­cer creer na­die. Es­ta­ba con­ven­ci­do que a Cen­tral ve­nía a pe­lear has­ta lo úl­ti­mo, aun­que sea. Fue así. No lo di­go con el dia­rio del lu­nes. Cen­tral no es para ti­bios. Me pa­só que me le­sio­né y no pu­de arran­car de la me­jor ma­ne­ra. Yo que­ría de­mos­trar, por­que yo es­ta­ba bien. Fue una ma­la ra­cha, me le­sio­né. Lo pu­de de­mos­trar en el tor­neo si­guien­te. El ob­je­ti­vo má­xi­mo era sa­lir cam­peón y se lo­gró. Es una es­tre­lla más y en­trar en la his­to­ria. Es una mar­ca im­por­tan­te.

-Ade­más, ha­bien­do eli­mi­na­do al clá­si­co ri­val, con lo que sig­ni­fi­ca para una ciudad tan fut­bo­le­ra co­mo Ro­sa­rio...

-Cuan­do ga­na­mos el clá­si­co fue una lo­cu­ra. Que­da­mos en la his­to­ria. Los hin­chas es­tán co­mo lo­cos por­que de­ja­mos afue­ra a Ne­well’s y sa­li­mos cam­peo­nes. Para mí, es­to es to­do nue­vo.

-¿Con qué se com­pa­ra es­te tí­tu­lo?

-Es im­por­tan­tí­si­mo co­mo to­dos los otros. Ocu­pa un lu­gar muy im­por­tan­te. Na­da más que la Co­pa Li­ber­ta­do­res es otra co­sa. Creo que nin­gún tí­tu­lo lo­cal se com­pa­ra con la Li­ber­ta­do­res. -Des­pués de to­do lo que pa­só con el Ri­ver-Bo­ca, que se ha­ya ju­ga­do es­ta fi­nal con los dos pú­bli­cos, en una fies­ta, reivin­di­ca al fút­bol ar­gen­tino, ¿no? -Ayer Gim­na­sia y Cen­tral die­ron un ejem­plo de lo que tie­nen que ha­cer las hin­cha­das. A Gim­na­sia hay que aplau­dir­lo, por­que per­die­ron y se fue­ron tran­qui­los. La gen­te de Cen­tral no se me­tió a la can­cha. No hu­bo qui­lom­bo. Las dos hin­cha­das die­ron el ejem­plo. Tie­ne que ter­mi­nar siem­pre así.

-¿Qué más que­da para tu ca­rre­ra? -Si­go con mu­chas ga­nas. Siem­pre que arran­ca un tor­neo nue­vo me pre­pa­ro para pe­lear has­ta lo úl­ti­mo, con­ven­ci­do con el gru­po.

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