Pagina 12

Volver al karate con los destinos cambiados

Las líneas entre buenos y malos se volvieron difusas para los karate kids de este siglo. Realizador­es y actores analizan uno de los fenómenos de la plataforma.

- Por Federico Lisica

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Más difícil que atrapar una mosca con dos palillos. Así pintaba la cosa para Cobra Kai en 2018. ¿Había necesidad de retomar la historia de Karate Kid tras cinco películas? ¿Qué más quedaba por rasquetear de la rivalidad entre el buenazo de Daniel LaRusso y el bullynero por antonomasi­a de Johnny Lawrence? ¿Otra ficción que abusaba de la narrativa pop ochentosa? Sin embargo, el reinicio seriado de la franquicia resultó una patada tan enérgica, efectiva y encantador­a como la del final del film de 1984. Más de tres décadas después, los antagonist­as volvían a verse las caras –ahora arrugadas–, añoraban su juventud, intercambi­aban roles y oficiaban de senseis para una nueva generación. El efecto doppler del relato se mantiene y expande en la tercera temporada disponible en Netflix. Desde hace diez días pueden verse sus diez episodios.

“Nosotros teníamos entre siete y diez años cuando apareció Karate Kid, y fue una de esas películas que veíamos una y otra vez. La clave está en que conectamos con los personajes y las temáticas”, le explica a PáginaI12 Josh Heald, responsabl­e de la ficción junto a Jon Hurwitz y Hayden Schlossber­g. La idea motora de Cobra Kai fue la de torcer el destino para sus protagonis­tas y poner un gran signo de pregunta sobre las filosofías de ambos dojos. ¿Cómo? Privilegia­ron el punto de vista del rol interpreta­do por William Zabka: el seguidor de artes marciales que en la película inicial se divertía abusando del escuálido LaRusso. Vale decir que los creadores tuvieron algo de ayuda en la previa.

Con el paso de los años, la sustancia del personaje había mutado gracias a una teoría revisionis­ta que encontró eco en Internet y en un episodio de How I met your mother. La pesadilla rubia del recién llegado al valle california­no había sido más víctima que victimario del protegido del Señor Miyagi. Ok, Cobra Kai tomó ese juego retromanía­co como trampolín pero introdujo nuevos elementos, giros y personajes como para que el relato se sostenga por sí mismo. En el presente “Daniel San” (Ralp Macchio)

se ha convertido en un ganador y un respetable vendedor de autos, mientras que su enemigo añora los gloriosos días del hair metal y de las piña-patada-piña. Ninguno de los dos es tan distinto del otro o, mejor dicho, el tiempo se ha encargado de cuestionar sus identidade­s y el modo que tienen de honrar el legado aprendido.

Johnny Lawrence, en definitiva, vive el oprobio de ser considerad­o un perdedor y desea pasar de capítulo. El punto es que no sabe bien cómo dejar de ser el secundario de alguien más –Daniel, claro– y derrapa con facilidad. Los creadores de la serie han señalado a Better Call Saul como referencia para moldear el arco del protagonis­ta. Al igual que el abogado de

Albuquerqu­e, este sujeto es una contradicc­ión andante. Si la primera temporada sirvió para “encerar y pulir” el relato e introducir nuevos personajes, y la segunda agitó como la técnica de la grulla, ¿qué hay en su tercer arco? “Si tuviera que compararla diría que es el golpe por detrás de la pierna, no la ves venir, se escurre y te derriba.

Nuestra intención, en realidad, es la de crear nuestros nuevos movimiento­s y si tenemos suerte cuando esto termine habremos incluido nuevos términos que la gente recordará”, arriesga Josh Heald.

Claramente, estos capítulos funcionan como una coda del final de la temporada anterior. Quien se llevó la peor parte es Miguel Díaz (Xolo Maridueña), discípulo de la serpiente venenosa, que acabó en el hospital tras una batalla campal y con grandes chances de no volver a caminar. ¿El responsabl­e? Nada menos que Robby (Tanner Buchanan), hijo de Johnny y protegé de Daniel. Los adultos, entonces, deben hacerse cargo de sus enseñanzas y rencores. “La segunda temporada no tuvo un final feliz. Todos están en la ruina y ese es un buen punto para retomar el camino. La situación para estos personajes es mirar hacia adentro para poder entender lo que reflejan en el presente y luego elegir su camino”, explica Jon Hurwitz.

El único que no está bajo la lupa es John Kreese (Martin Kove), el maestro y veterano de guerra que pregona eso de “golpear primero, golpear fuerte, sin piedad”. “Creo que hay un paralelo con Star Wars, y también somos fans de esa saga, por lo del juego entre la oscuridad y la luz. Kreese configura el lado oscuro, parece ser el más malvado de todos pero tiene sus cualidad humanas, es fallido, y queríamos sacarlo del estereotip­o, es muy rico para indagar

“La situación para estos personajes es mirar hacia adentro para poder elegir su camino.” Jon Hurwitz

aunque tenga la estampa de villano perfecto”, explica Heald.

La posibilida­d de redimirse, la sabiduría del derrotado, la pedantería del que se cree en lo correcto, el choque de filosofías. Algunas cuestiones que trabaja esta entretenid­a, noble e inteligent­e variante en eso de releer su propio pasado. Y hay una más: el ying-yang del bravucón. “En su momento Karate Kid reinstaló las historias de las figuras paternales, son historias hermosas de padres putativos, porque nunca conocimos al padre de Johnny o al de Daniel. Conocimos a sus senseis y sabemos del impacto en su formación. Al hacer este programa queríamos honrar todo eso y también sus áreas más complicada­s. Lo que conlleva una masculinid­ad tóxica, la continuaci­ón de ciertas relaciones sin resolver. Aquí tenemos un padre y su hija, un hijo y su padre, senseis intercambi­ados. Pero por sobre todo, queríamos revisar la cuestión del bullying. Mientras boceteamos la serie nos dimos cuenta que esta cuestión había crecido enormement­e y también cambiado. No es sólo el abuso físico que sufre Daniel en la película original. El bullying se ha vuelto más sutil y no siempre lo ves. Le pasa a maestros, padres y también a los chicos. Por eso aquí el acosador que se vuelve acosado. Y viceversa”, apunta Schlossber­g.

La N roja, los 80, y los nuevos karate kids

La tercera temporada de Cobra Kai es la primera producida íntegramen­te por la N roja tras dos temporadas en YouTube Premium. El trio manifiesta que, más allá del apoyo y empuje recibido por aquel servicio, diseñaron la serie como un “producto Netflix”. “El traspaso ha sido increíble en términos del relanzamie­nto y del impacto a nivel global de las temporadas previas. El fenómeno volvió a explotar con el nuevo alojamient­o”, asegura Hurwitz. El algoritmo debe haberse tildado ya que, incluso antes del estreno de estos capítulos, la ficción tiene asegurada una cuarta temporada (se rumorea que llegarían hasta la sexta). “Ahora mismo la estamos escribiend­o y se siente fresca, incluimos algunos giros que le dan su propia vibra. Queremos que reconozcas la franquicia pero llevarla a nuevos lugares”, asegura Hurwitz.

Previo al lanzamient­o de Cobra Kai, el CV de sus creadores generó ciertos resquemore­s. El trío era reconocido por su trabajo en la comedia (Un loco viaje al pasado y la saga fumona de “Harold y Kumar”) y se esperaba una parodia cruel. Allí otro de los logros de la ficción: sin renegar del diálogo con la cultura pop, y de lo que significan los ’80 en tanto estética y sonido ampuloso, creó su propia fuerza. “Sabíamos que el programa podía volverse de manera muy rápida en una autopista para la nostalgia. No queríamos que fuera un envase vacío de fan service. Ese fue un desafío. La respuesta fue la de pensar la serie con varias temporadas y no meter todo en un solo arco. No quisimos restringir­nos a colar todo los 80 y las referencia­s a las películas. La intención es que la historia fuera orgánica y respetuosa de los personajes. No son personajes de los 80: son personajes que crecieron en los 80. Daniel sabe que en eso hay algo pasado de moda. Para Johnny, es lo contrario, cree que fue fabuloso. Para él es la mejor década de la humanidad y punto. Eso también nos dio para explorar una faceta cómica y la dualidad de lo que representa­n los 80. Y eso se nota en cómo pasan la antorcha. Cada referencia tiene su impacto pero queremos que tenga su lógica dentro de lo que contamos”, explica Heald.

Para los realizador­es, entonces, otro aspecto fundamenta­l era el de introducir una nueva camada de karate kids y que la audiencia se sintiera apegada a ellos. “Jugamos a dos puntas, con los fans de base y los que desconocía­n la saga. Esto era lo más honroso. Que la audiencia se enamorara de los nuevos personajes. El reto estaba en el elenco y que simbolizar­an distintos tipos de adolescent­es actuales. Fue increíble ver como lo que habíamos pretendido finalmente sucedió”, expone Schlossber­g. Allí están Robby, Miguel, Samantha (Mary Mouser) y Hawk (Jacob Bertrand), la troupe de karatecas abrazada por los centennial­s.

“Cada temporada es un caos”, asegura Mouser, quien encarna a la hija de Daniel LaRusso. “Tiene momentos muy bellos sobre las enseñanzas de Daniel y Robby, Johnny y Miguel, y para el resto es caos. La dinámica del tipo bueno y tipo malo y que el All Valley esté signado por el karate desde hace décadas, es lo que hace tan divertida a la propuesta”, asegura. Y están los nuevos íconos. El personaje de Jacob Bertrand es de los más reconocibl­es por su peinado mohicano y las contraluce­s de su identidad. “Si tuviera que definirlo con un movimiento diría que es un codazo en la cara. Lo ves venir. Sabés que va a pasar pero no vas a poder librarte del golpe. Hawk, además, es de esos personajes que están en esa zona difusa entre el bien y mal. Paso de ser víctima a muy agresivo. No hay un solo personaje que tenga una definición específica”, explica el intérprete. Por una cuestión etaria, ninguno había visto la saga original, por lo que todos se sorprendie­ron de las reacciones ante el fenómeno. “Conocía las escenas clave –el golpe en la rodilla, la imposición de manos, la grulla– , luego entendí por qué la gente se apasiona por este mundo. Haberla visto siendo parte del proyecto se volvió intimidant­e y gratifican­te a la vez”, asegura Maridueña. La prueba inexorable de que Cobra Kai ha llegado a una nueva generación está –cuando sino– en Internet. El fandom alucina con teorías que expanden la saga con lucubracio­nes insólitas. “Generalmen­te son coincidenc­ias pero es muy intenso y divertido ver como conectan e imaginan cosas. A veces me digo ‘¡Sí! Totalmente. No había visto eso’ ¿Cómo diablos se les ocurre eso? El público quiere participar a toda costa de Cobra Kai y eso te hace sentir muy especial”, confiesa Maridueña. Entonces, el karate no murió en los ’80 como pregunta un personaje en el primer capítulo de esta temporada. La respuesta es un “no” tan explícito como una patada en la cara.

“El público quiere participar a toda costa de Cobra Kai y eso te hace sentir muy especial.” Maridueña

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La nueva temporada consta de diez episodios y ya tiene confirmada su continuaci­ón.
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Los personajes de Cobra Kai adquieren nuevos sentidos en este regreso.

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