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El síndrome de Peter Pan en el siglo XXI

Promisoria ópera prima de Jason Orley

- Por fin adolescent­e, Por D.B. Por Por fin adolescent­e Por fin adolescent­e

según la reconstruc­ción ficcional– que ante la explosión de casos de difteria en la población infantil del pueblo se embarca en una travesía con amplias posibilida­des de fracaso. La misión: recorrer cientos de kilómetros de tierras heladas, atravesand­o tormentas temibles, cruzando lagos congelados y evitando la posibilida­d cierta de una caída al vacío o la muerte por congelamie­nto y/o cansancio extremo.

Los hechos verídicos en los cuales se basa el guión de Tom Flynn están bañados en varias pátinas de espectacul­aridad y más de una simplifica­ción histórica, pero es precisamen­te esa conjunción de cine de aventuras a la vieja usanza y personajes más grandes que la vida lo que termipado @

A mitad de camino entre la tradiciona­l comedia high school y el relato de crecimient­o, la opera prima de Jason Orley hace uso, pero no abuso, de una buena cantidad de lugares comunes para contar nuevamente la historia de un chico al borde del comienzo de la madurez. fin adolescent­e alterna momentos de comedia con otros empapados de tristeza, cuando no utiliza ambos tonos al mismo tiempo; al fin y al cabo, el patetismo puede hacer reír y generar piedad sin que un elemento elimine al otro de la ecuación. Y es que Monroe (Griffin Gluck), que acaba de cumplir dieciséis años, sigue juntándose con el grandulón Zeke (Pete Davidson), que con sus 23 años a cuestas parece no haber dejado atrás la adolescenc­ia. Años antes, cuando Monroe era un niño y Zeke salía con

EE.UU., 2019.

Dirección y guion: Jason Orley.

Duración: 91 minutos.

Intérprete­s: Griffin Gluck, Pete Davidson, Emily Arlook, Jon Cryer, Sydney Sweeney, Oona Laurence.

Estreno disponible para su alquiler en Flow y Google Play. su hermana mayor, la posibilida­d de pasar el rato con chicos y chicas mayores era un sueño hecho realidad. Ahora ocurre algo similar, aunque el protagonis­ta no termina de caer en la cuenta de que (sí, aunque suene algo moralista) suele haber una edad para todo.

Al menos eso es lo que le dice a Monroe su padre, paciente y comprensiv­o, pero preocupado por el futuro de su hijo. Davidson fue visto recienteme­nte en The King of Staten Island, de Judd Apatow, cuyo personaje central posee varios puntos de contacto con este

Zeke, otro alter ego de una tipología que el actor viene desarrolla­ndo desde los inicios de su carrera en Saturday Night Live. El muchacho vive en la casa de su abuela fallecida tiempo atrás y, en líneas generales, la vida se reduce a reunirse con sus amigotes a beber, fumar y jugar videojuego­s. Eso y algún trabajo semi formal atendiendo al público en locales de electrodom­ésticos o de comida rápida. Monroe, sin embargo, lo sigue viendo como un modelo a seguir, eje central del drama y también de la comicidad, casi siempre agazapada. El despertar sexual del protagonis­ta, interesado en una compañera de la escuela, y la posibilida­d de participar de las fiestas de “los grandes” empujan la trama hacia su nudo, que se complica cuando el menudeo de marihuana y pastillas durante esas veladas pone al joven en el foco de atención de todo el mundo.

Si bien la mirada de es la del joven Monroe, es

Zeke quien se roba el show: irritante y entrañable en partes iguales, su desatino cotidiano lo convierte en aquello que suele llamarse un loser, aunque su excentrici­dad inoxidable y un corazón bañado en oro no dejan de ser virtudes en un mundo demasiado agresivo, siempre ocupado en una incansable consecució­n de objetivos. Por eso el final de la película de Jason Orley es tan melancólic­o: cuando los problemas han acabado y Monroe finalmente parece haber “crecido”, el encuentro casual entre los dos amigos sólo puede sentirse como la clausura de una era. Pero mientras para uno de ellos el final de la edad de la inocencia es un hecho, para el otro el mundo seguirá siendo el mismo, hasta el fin de los días. Y no hay nada más triste que caer en la cuenta de que aquello que parecía inamovible, inmortal, simplement­e ha dejado de existir.

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