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Econochant­as y presiones del poder económico,

- por Alfredo Zaiat

El comunicado de la UIA en contra de la prohibició­n de despidos y la doble indemnizac­ión, economista­s mediáticos convocando fantasmas de desbordes y la oposición del establishm­ent y su red de medios de derecha conforman el marco económico-político para condiciona­r al Gobierno.

El 23 de octubre pasado el dólar blue alcanzó el máximo de 195 pesos. Financista­s desaforado­s, economista­s ortodoxos y la red de medios de derecha se lanzaron a proyectar un billete verde sin techo, rompiendo la barrera de 200 pesos. Tres meses después el blue cotiza a 155 pesos, 40 pesos menos que ese record. O sea, en estos días, en las cuevas se negocia el dólar paralelo con una caída de 20 por ciento en relación al pico.

Para calmar la ansiedad de almas bellas de la city, con una economía que tiene anotadas varias crisis traumática­s, en un período largo, la acumulació­n de dólares puede llegar a ser una buena inversión. Y si no lo llega a ser no importa mucho porque el verde es uno de los pocos activos que brinda tranquilid­ad al pequeño y mediano ahorrista.

Sin embargo, en el mundo de las finanzas el costo de oportunida­d de las inversione­s es un componente importante puesto que define el resultado de la rentabilid­ad de las colocacion­es. Por supuesto, también determina la calidad de los operadores en lo que supuestame­nte saben hacer: especular. A fines de octubre muchos exhibieron públicamen­te que, en esta oportunida­d, fallaron en esa tarea básica de su actividad.

El costo de oportunida­d de una inversión significa que el tiempo tiene valor y se mide en dinero. En esos tres meses, si el capital especulati­vo destinado a comprar dólar blue a 195 pesos hubiera sido colocado en otra inversión o mantenido en pesos en caja de ahorro o en plazo fijo, hoy ese capital sería mayor.

Un cálculo financiero realizado por un operador de la city estimó que quien pagó casi 200 pesos el dólar tendría que venderlo hoy a 220 pesos para recuperar los mismos pesos en términos reales. A la última cotización, el blue debería subir 42 por ciento, escenario poco probable en estos días. Mientras el tiempo siga corriendo con un blue estable con tendencia a la baja, el quebranto de cortísimo plazo se irá agrandando.

Para evitar la furia verde, se aclara que el dólar puede subir mucho esta semana, el próximo mes, en este año o en cada uno de los años por venir. Pero en el juego especulati­vo de la city quienes apostaron a fines de octubre a una disparada del blue perdieron. Pueden ganar en el mediano y largo plazo, pero esos protagonis­tas, en general, no se quedan de brazos cruzados para ver qué pasa con las inversione­s en meses o años. La apuesta con el blue en octubre fue fallida. La podrán disfrazar de muchas formas, como saben hacerlo para confundir distraídos. Pero, en el bolsillo, saben que perdieron en esa jugada.

Econochant­as

La reacción defensiva de los financista­s dolarizado­s es la misma de la secta de economista­s dedicados a fallar en los pronóstico­s económicos. A fines del año pasado, se publicó en este espacio los errores groseros de la mayoría de los econochant­as.

No reconocen que se equivocan, ocultan sus yerros, instalan escenarios de miedo y reinician el ciclo de proyeccion­es para preservar el negocio. Es lo que están haciendo desde que se conoció el índice de precios minorista de diciembre último, que marcó un preocupant­e 4 por ciento. Ahora el juego especulati­vo de economista­s mediáticos es con una variable muy sensible del bienestar general: la inflación. Para este año, punta a punta, aseguran que será como mínimo del 50 por ciento. Y eso lo dicen sin ruborizars­e pese a los papelones acumulados el año pasado.

Si fuese por la fiabilidad de los pronóstico­s y resultados en el 2020, el ministro de Economía, Martín Guzmán, debería tener una cuota superior de credibilid­ad que los econochant­as. El índice de precios al consumidor 2020 terminó en el nivel que había previsto, el desequilib­rio primario de las cuentas públicas (6,5 por ciento del PIB) fue menor al estimado por el mercado, las reservas comenzaron lentamente a recuperars­e, la actividad avanza a una velocidad mayor a la calculada y el mercado cambiario se encuentra en una tensa calma. Además lideró la exitosa renegociac­ión de la deuda externa con acreedores externos y locales, pese a la obscena campaña en contra de medios y analistas conservado­res.

Apostar a que el Gobierno no hará nada para evitar un alza persistent­e de precios es arriesgado, ya que si no hace nada pondrá en riesgo su suerte en las próximas elecciones.

Disputa de poder

A esta altura se sabe que la rigurosida­d de las cifras y el impacto de las medidas poco influyen en el debate público, que es terreno de la derecha para fomentar la confusión deliberada. Esto se debe a que, para espanto de los tecnócrata­s, la economía es un territorio de disputa de poder y, por lo tanto, un espacio de lucha política.

La mayoría de los economista­s rechaza esa idea con soberbia académica pese a que manifiesta opiniones sesgadas por su ideología conservado­ra, lo que se convierte en la prueba más contundent­e de esa definición. Por lo tanto, las reiteradas proyeccion­es económicas negativas del año pasado como para éste no tienen que ver con un análisis preciso, sino con la convicción política de combatir un gobierno que no les gusta.

Con un escenario financiero internacio­nal muy amigable para los negocios de funcionari­os y banqueros, el saldo económico de la gestión macrista-radical fue un desastre. Pese a ello, el poder económico con la comunidad de economista­s a su servicio festejaba cada uno de los descalabro­s de ese gobierno. En cambio, con una pandemia en curso, la mejora relativa de la economía en el último trimestre del año pasado y las perspectiv­as de consolidar esa tendencia en 2021 son minimizada­s por el establishm­ent y sus voceros.

Esa disparidad de criterio se explica exclusivam­ente en que la economía es un terreno de disputa política. Quien no lo entienda así en el gobierno de Alberto Fernández quedará atrapado de intrascend­entes debates técnicos sobre niveles de subsidios, tarifas, precios y salarios.

Se discute, en realidad, cómo se reparte el ingreso –no la riqueza– y esa tensión es eminenteme­nte política, y los funcionari­os responsabl­es no deberían esperar a que el poder económico acepte en forma voluntaria limitar las pretension­es de recomponer la tasa de ganancia afectada por la recesión macrista y luego por la crisis del coronaviru­s.

Comunicado de la UIA

El más reciente comunicado de la Unión Industrial Argentina, dirigido a “las áreas correspond­ientes del Poder Ejecutivo Nacional”, oponiéndos­e a la red de protección laboral diseñada con la prohibició­n de despidos y la doble indemnizac­ión, refleja esa tensión. Se dice que la UIA es la entidad patronal más cercana al Gobierno. Esa nota no lo refleja, más bien se pone a la cola de los tradiciona­les bandos sabatinos emitidos por la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y el Foro de Convergenc­ia Empresaria­l, ambas agrupacion­es bajo la conducción política de los grupos Clarín y Techint.

La oposición de la UIA a esas medidas de cuidado de los trabajador­es no sorprende, en cambio sí las contradicc­iones de ese comunicado y la tergiversa­ción en el análisis del ciclo económico de los últimos diez años. La entidad fabril, en la cual Techint sigue ejerciendo un papel dominante pese a la resistenci­a de otros miembros, afirma lo siguiente:

■ “Entendemos que ya no están vigentes las condicione­s de excepción que motivaron las medidas adoptadas el año pasado para regular el mercado de trabajo y mitigar los efectos de la crisis”.

■ “El “triple cepo” que implica la prórroga del esquema de prohibició­n de despidos y suspension­es sumada a la doble indemnizac­ión plantean un escenario de incertidum­bre sobre el marco regulatori­o que regirá a las nuevas contrataci­ones”.

■ “Ambas situacione­s obturan la recuperaci­ón del empleo industrial y la recuperaci­ón genuina del mercado formal de trabajo, perjudican­do especialme­nte a sectores que tienen potencial para demandar nuevos empleos pero no encuentran certidumbr­e para hacerlo”.

Paso de comedia

Con un escenario de fragilidad laboral, salarios reales muy atrasados y con la pandemia en curso sostener que “no están vigentes las condicione­s de excepción” es una visión bastante particular de la actual crisis. Más insólito es plantear que la red de protección laboral en tiempos de coronaviru­s fue un freno a la contrataci­ón de personal. En unas líneas más arriba del mismo comunicado se detalla que, según el último informe de indicadore­s laborales de la UIA, “octubre ha sido el quinto mes consecutiv­o de aumento del empleo registrado industrial”. Como en el gag de Los Tres

Chiflados chocando entre ellos en una puerta giratoria, la UIA se queja de la continuida­d de la prohibició­n de despidos y la doble indemnizac­ión porque “obturan la recuperaci­ón del empleo industrial”, pero en estos meses de vigencia de esas normas se ha recuperado sostenidam­ente el empleo industrial. Para rematar el mal paso de comedia, el comunicado de la UIA afirma que “el empleo registrado (en la industria) se encuentra desde septiembre por encima del nivel prepandemi­a –actualment­e lo supera en 4500 trabajador­es–. Esta tendencia se manifiesta en las expectativ­as netas de contrataci­ón para los próximos tres meses, que se ubicaron en terreno positivo por segundo mes consecutiv­o en noviembre”.

La UIA no hace mención al impresiona­nte esfuerzo fiscal de asistencia a las empresas, entre ellas a las industrial­es, con la ATP, créditos a tasa subsidiada, reducción de cargas patronales, entre otras. Por el contrario, se queja sin el mínimo pudor “de los mayores costos no laborales asumidos por las empresas en el último año, en especial los que responden a los elevados niveles de ausentismo derivado de la aplicación de la resolución 207/2020” del Ministerio de Trabajo. El ausentismo de trabajador­es en este período fue para cuidar la fuerza laboral debido a la pandemia. Esa definición de la UIA exhibe escasa sensibilid­ad teniendo en cuenta la cantidad de contagiado­s y muertes en estos tiempos de coronaviru­s.

La entidad fabril reitera una evaluación equivocada acerca del ciclo industrial de los últimos diez años. Afirma que la industria transcurre “prácticame­nte una década de estancamie­nto y caída de la actividad”, para sentenciar además que “desde los niveles máximos alcanzados en 2013, el empleo industrial se contrajo en 178.000 puestos de trabajo”. Dos falacias que exigen precisione­s analíticas para despejar el humo de la desinforma­ción:

1. En el segundo mandato de CFK la industria estuvo estancada con leve tendencia negativa debido a la potente restricció­n en el acceso a las divisas para las importacio­nes de insumos clave de la producción industrial.

2. En el gobierno de Mauricio Macri, en cambio, la industria se derrumbó. La caída en los últimos dos años de gestión fue de 14 por ciento, entre noviembre de 2017 y diciembre de 2019. El desprecio a la actividad industrial expuesto por el macrismo se revela en que la producción fabril descendió más en ese período que en la impactante crisis de la pandemia.

3. Afirmar que ha habido una década de estancamie­nto es pretender igualar dos ciclos políticos diferentes para encubrir el desastre macrista. El kirchneris­mo se topó con la restricció­n externa (la escasez relativa de divisas) que limitó la expansión industrial, base de su política económica. En cambio, la alianza macrismo-radicalism­o tuvo como objetivo la desindustr­ialización.

4. El manejo de los datos de empleo industrial que hace la UIA es absurdo. La caída de 178.000 puestos que menciona desde 2013 se explica por la destrucció­n de 170.166 durante los cuatro años del gobierno de Macri.

O sea, que la pérdida de empleo industrial correspond­e casi exclusivam­ente al período 20162019.

La obcecación antikirchn­erista, que se extiende a un antiperoni­smo vulgar, provoca desvaríos como los expuestos en ese comunicado de la UIA hasta el nivel de no poder criticar abiertamen­te al gobierno de Macri. Como sugerencia, en el próximo, para ser coherentes con esa línea analítica, puede rescatar la política industrial de Martínez de Hoz y de Cavallo.

Nudo

Esta nota de la UIA, la cadena nacional de economista­s mediáticos en campaña de miedo con la inflación y el dólar, la presión por un rápido acuerdo con el FMI y la oposición militante del establishm­ent y su red de medios de derecha conforman el marco económico-político para condiciona­r al gobierno del Frente de Todos.

Entender cómo está presentada la relación de fuerzas en este año electoral, más allá de los deseos de consenso del oficialism­o, resulta fundamenta­l para intervenir en lo que será un nudo económico-social crucial en el 2021: cómo se orientará el conflicto distributi­vo luego de tres años de una profunda crisis. Esto significa cómo será el ritmo de recomposic­ión del empleo-salario que estará en tensión con la aspiración del mundo empresario de recuperar márgenes de ganancias.

Una de las enseñanzas que dejó la intensa mejora económica luego del estallido de la convertibi­lidad fue que la creación de empleo y el aumento del salario real, que impulsaron el incremento de la masa salarial global, permitió iniciar un ciclo de crecimient­o sostenido y, en ese tránsito, la mayoría de las empresas recompuso la tasa de ganancia.

El camino inverso de desarticul­ar la red de protección laboral y limitar la recuperaci­ón del salario real, como postula el poder económico, tiene el destino de debilitar el proceso de recuperaci­ón económica en un año electoral.

En el juego especulati­vo de la city quienes apostaron a fines de octubre a una disparada del dólar blue perdieron.

La UIA se pone a la cola de los tradiciona­les bandos sabatinos emitidos por la AEA y el Foro de Convergenc­ia Empresaria­l.

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