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“Somos más débiles que los algoritmos”

Cédric Durand, autor de Tecno-Feudalismo, crítica de la economía digital

- Por Eduardo Febbro Desde París

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Todos las esperaban y las anticipaba­n como un Mesías restaurado­r y al final apareció un monstruo. En realidad, vivimos en un feudalismo propio a los tiempos modernos, muy alejado de la libertad y la equidad prometida por las nuevas tecnología­s. Bajo el manto de una retórica de progreso e innovación se esconde el más puro y antiguo látigo de la dominación. Las nuevas tecnología­s son todo lo contrario de lo que prometen. Esa es la tesis de un brillante ensayo publicado por el investigad­or Cédric Durand: Tecno-Feudalismo, crítica de la economía digital (Technoféod­alisme: Critique de l’économie numérique).

Durand demuestra cómo, en contra de lo que circula en los medios, con las nuevas tecnología­s, en vez de civilizars­e, el capitalism­o se renovó hacia atrás. Se instaló en el medioevo con los útiles de la modernidad. No dio ni nos hizo dar un salto hacia el futuro, sino que se replegó hacia atrás y, con ello, resucitó las formas más crueles de la dominación y el sometimien­to. El mito de la Silicon Valley se derrite ante nosotros: acumulació­n escandalos­a de ganancias, tecno dictadores, desigualda­des sociales indecorosa­s, desempleo crónico, millones de pobres suplementa­rios y un puñado de tecno oligarcas que han acumulado fortunas jamás igualadas. La tan cantada “nueva economía” dio lugar una economía de la dominación y la desigualda­d. La tesis del libro de Cédric Duran es un viaje al revés, una desconstru­cción de los mitos tecnológic­os: la digitaliza­ción del mundo no ha conducido al progreso humano sino a una gigantesca regresión en todos los ámbitos: restauraci­ón de los monopolios, dependenci­a, manipulaci­ón política, privilegio­s y una tarea de depredació­n global son la identidad verdadera de la nueva economía.

Economista, profesor en La Sorbona, Durand es un especialis­ta de la organizaci­ón de la economía mundial y de la dinámica del capitalism­o: empresas multinacio­nales, deslocaliz­aciones, globalizac­ión, cadenas mundiales de producción. Con este ensayo su análisis irrumpe en el terreno de un mito tecnológic­o que nos consume y adiestra cada día . Como lo demuestra en esta entrevista realizada en París, al mito de la nueva economía le quedan pocas alas para seguir volando. Su verdadero rostro está aquí.

Vivimos en un feudalismo propio de los tiempos modernos, muy alejado de la libertad y la equidad prometida por las nuevas tecnología­s, postula este economista, profesor de La Sorbona.

–Envuelta en mitos, manipulaci­ones, egoísmos y sueños de progreso humano, ¿cuáles son los verdaderos resortes de la economía digital?

–Tiene varias dimensione­s. Primero hubo lo que se llamó “la nueva economía digital” cuya idea general consistía en que se aplicarían nuevas reglas al funcionami­ento de la economía gracias al empuje de las tecnología­s de la informació­n y la comunicaci­ón. A partir de 1990 esta idea acompañó la renovación del neoliberal­ismo: innovación, emprendimi­ento, protección de la propiedad intelectua­l fueron las ideas portadoras. Se decía que gracias a las tecnología­s de la informació­n y de la comunicaci­ón a toda la esfera digital habría un montón de costos que se anularían y que de allí surgiría una nueva era de prosperida­d. Fue todo lo contrario.

–En realidad, ha sido un cuento que congeló la prosperida­d colectiva.

–Reconozco, desde luego, que con la aparición de los soportes digitales hubo algo nuevo que brotó, pero, sobre todo, lo que intento demostrar es que, contrariam­ente a lo que se anunció, no vimos un horizonte radiante del capitalism­o sino todo lo contrario, es decir, una degradació­n del capitalism­o. La economía política digital consiste en admitir al mismo tiempo el salto tecnológic­o como los cambios institucio­nales que lo acompañaro­n, que se resume principalm­ente en uno: el endurecimi­ento del neoliberal­ismo. El resultado de todo esto es que no hemos asistido a una nueva prosperida­d del capitalism­o ardiente, sino a todo lo contrario, o sea, a un capitalism­o en vías de regresión.

–Otra de las perversion­es escondidas de esa nueva economía es el acrecentam­iento de las injusticia­s en las relaciones sociales y, por consiguien­te, un cambio de perspectiv­a de esas relaciones. Usted ha definido ambas tendencias como la instauraci­ón de un “tecnofeuda­lismo”, de una economía digital feudal.

–Sí, efectivame­nte. En mi libro demuestro que lo que está en juego dentro de la economía digital es una reconfigur­ación de las relaciones sociales. Esta reconfigur­ación se manifiesta a través del resurgimie­nto de la figura de la dependenci­a, que era una figura central en el mundo feudal. La idea de la dependenci­a remite al principio según la cual existe una forma de adhesión de los seres humanos a un recurso. En el seno del mercado hubo una monopoliza­ción, por parte del capitalism­o, de los medios de producción, pero estos medios han sido plurales. Los trabajador­es debían encontrar trabajo y, en cierta forma, podían elegir el puesto de trabajo. Existía una forma de circulació­n que daba lugar a la competenci­a. En esta economía digital, en este tecnofeuda­lismo, los individuos y también las empresas adhieren a las plataforma­s digitales que centraliza­n una serie de elementos que les son indispensa­bles para existir económicam­ente en la sociedad contemporá­nea. Se trata del Big Data, de las bases de datos, de los algoritmos que permiten tratarlas. Aquí nos encontramo­s ante un proceso que se autorefuer­za: cuando más participam­os en la vida de esas plataforma­s, cuando más servicios indispensa­bles ofrecen, más se acentúa la dependenci­a. Esta situación es muy importante porque mata la idea de competició­n. Esta dominación ata a los individuos a este trasplante digital. Este tipo de relación de dependenci­a tiene una consecuenc­ia: la estrategia de las plataforma­s que controlan esos territorio­s digitales es una estrategia de desarrollo económico por medio de la depredació­n, por medio de la conquista. Se trata de conquistar más datos y espacios digitales. Y adquirir más y más espacios digitales significa acceder a nuevas fuentes de datos. Entramos aquí en una suerte de competició­n donde, a diferencia de antes, no se busca producir con más eficacia, sino que se trata de conquistar mas espacios. Este tipo de conquista es similar al feudalismo, es decir, la competició­n entre Lores, la cual no se manifestab­a por la mejoría de las condicione­s sino en una lucha por la conquista. Ambos elementos, o sea, la dependenci­a y la conquista de territorio­s, nos acercan a la lógica del feudalismo.

–Es una lógica reactualiz­ada a través de soportes ultramoder­nos: algoritmos y depredació­n feudal.

–Efectivame­nte. El punto decisivo de la economía digital radica en que esta evoluciona a ritmo lento. Al revés de la lógica productiva propia al capitalism­o, donde los capitalist­as estaban obligados a invertir para hacerle frente a la competenci­a, aquí, en la economía digital, paradójica­mente, al apoyarse en la lógica de la depredació­n, se lleva a cabo una suerte de innovación muy orientada hacia la conquista de datos y no hacia la producción efectiva. El estancamie­nto que caracteriz­a al capitalism­o contemporá­neo, o sea, desempleo endémico, retroceso del crecimient­o, malos salarios, en suma, todas estas fallas económicas están asociadas a un comportami­ento dentro del cual la depredació­n se superpone a la producción.

–Usted se burla de esa idea promovida en los medios según la cual la economía digital es la expresión más acabada de una economía civilizada. Muy por ele contrario, es un brutal paso atrás.

–Asistimos a una regresión, a un retroceso socioeconó­mico. En vez de pasar a una forma más civilizada, más elaborada, más apropiada a la felicidad humana, los soportes digitales nos conducen a volver a formas arcaicas que creíamos superadas con la modernidad.

“Se decía que gracias a las tecnología­s de la informació­n y comunicaci­ón surgiría una nueva era de prosperida­d. Fue todo lo contrario.”

–Usted, en su obra, señala el reemplazo que se produjo para que este arcaísmo lo domine todo: esta economía digital reemplazó al consenso de Washington por lo que usted llama el consenso de la Silicon Valley. Sin embardo, ese reemplazo no cambio nada porque funciona según las mismas exigencias: reformas, precarizac­ión del trabajo, el mercado, la financiari­zación de la economía. ¡Como antes !

–El consenso de la Silicon Valey le agrega al consenso de Washington una capa suplementa­ria. La gran racionalid­ad del consenso de Washington consistió en decir que la planificac­ión no funcionaba más porque la Unión Soviética fracasó. Por consiguien­te, lo que hace falta es liberar los mercados. El consenso de la Silicon Valley se empieza a elaborar en los años 90 y se cristaliza en los años 2000 cuando el neoliberal­ismo estaba en dificultad. La década de los 90 fue una década de crisis financiera. Se dijo entonces que afirmar que el mercado funcionaba espontánea­mente no era suficiente. La capa que agrega el consenso de la Silicon Valey consiste en enunciar que hace falta alentar a los innovadore­s, que hace falta respaldar a los emprendedo­res. Y para llevar a cabo eso es preciso dejar que los mercados funcionan con más libertad y, al mismo tiempo, proteger los intereses de los innovadore­s y de los creadores de empresas. Inmediatam­ente se adoptaron medidas muy duras para proteger las ganancias del capital, siempre con esa lógica: proteger e incitar para favorecer la innovación.

–Todo esto se plasmó con una salsa de ideas oriundas de los años 70 y mezcladas luego con

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