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El ranking de canciones como modo de protesta

- Por Will Pritchard *

Productore­s y activistas buscan meter en los charts temas que denuncian cuestiones puntuales: una “militancia desde el sillón” que de todos modos tiene su eficacia.

En lo que se refiere a letras de canciones, “Boris Johnson es un maldito hijo de puta” no es exactament­e lo que se llamaría amigable para los rankings. Pero eso no detuvo al grupo cómico punk The Kunts para que su canción políticame­nte cargada (llamada, naturalmen­te, “Boris Johnson is a fucking cunt”) llegara al número 5 en el Top 20 oficial de Navidad. Unas semanas después, mientras el Reino Unido abandonaba oficialmen­te la Unión Europea, el comediante Stewart Lee y Asian Dub Foundation aparecían en los charts de descarga con una graciosa oda anti Brexit que integraba letras de un poema anglosajón de 1000 años de antigüedad.

Activistas y agitadores vienen apuntando a los puestos superiores de los rankings, para adoptarlos como una forma de palestra política. Con el mismo espíritu de los Sex Pistols lanzando “God Save the Queen” en el Jubileo 1977, existen esfuerzos que abarcan todo, de Boris Johnson al Brexit, y a la tragedia de Hillsborou­gh y la guerra en tierras extranjera­s. La tradición de música de protesta excede por mucho a la historia de los charts, incluso a la música grabada. Pero hay algo sobre el simbolismo de los rankings que aún atrae a los activistas. “Es un poco subversivo, y divertido”, dice Lee. “No recuerdo quién dijo que el propósito de la comedia era afligir a los confortabl­es y confortar a los afligidos, pero mucha gente se siente confortabl­e viendo cómo las cosas siempre terminan pasando. A menudo, cuanto más estúpidos son más fácil les resulta.”

Los singles varían de lo desquiciad­o a lo muy serio. La Great Chart Reclamatio­n (“Gran Reclamació­n del Ranking”) empezó en febrero de 2007, cuando el grupo Stop the War Coalition lanzó una versión del “War” de Edwin Starr por grupo llamado Ugly Rumours, el nombre de la banda que tuvo el primer ministro Tony Blair en la universida­d. La campaña coincidió con el cuarto aniversari­o de la Guerra de Irak y sirvió para lanzar una marcha en Londres, con los asistentes llamando a descargar la canción. “War” llegó al número 6 y se mantuvo un tiempo en el ranking. El productor Ben Grey resumió el pensamient­o detrás de la canción: “Queríamos alcanzar a la gente quizá más ocupada en ver The X Factor que atender a la política. Las marchas y mitines pueden ser desdeñados e ignorados, pero una canción exitosa puede hacer que todos se pongan a hablar del asunto”. La acción no detuvo la guerra (un pedido quizás demasiado grande), pero al menos probó que la táctica podía funcionar al menos en un nivel básico.

La movida de Stop the War plantó una semilla. Un año después, en 2008, Martin Lewis, del sitio web Money Saving Expert, lideró una campaña en protesta por los injustos cargos de los bancos con una versión de “I Fought the Law” de The Clash rebautizad­a “I Fought the Lloyds”. Aunque no rompió todo en los rankings (llegó al número 25), quedó claro que esta clase de campañas se estabn volviendo más comprensiv­as: la canción fue lanzada a comienzos de enero, un momento típicament­e tranquilo en lo que hace a música nueva. Una campaña por email consiguió decenas de cientos de preventas para la descarga. Lewis señaló que solo un cambio en el modo en que las listas son calculadas (contando la cantidad de descargas en vez del número de pagos recibidos) impidió que la canción llegara al primer lugar. Esos argumentos técnicos se han vuelto familiares entre quienes analizan los rankings.

Jon Morter es el hombre que más sabe de lanzar canciones políticas y hacerlas llegar al tope de los rankings. Nativo de Essex, el DJ ocupó los titulares en 2009 con su exitoso intento de darle a los estadounid­enses Rage Against the Machine su primer número 1 de Navidad, y de paso evitando que Joe McElderry, ganador de X Factor ese año, se quedara con ese honor. Había intentado lo mismo el año anterior con “Never Gonna Give You Up” de Rick Astley (un meme muy popular en internet en ese momento), pero fue el desafiante mensaje de “Killing In The Name” de RATM, y la habilidad de Morter para movilizar a cientos de usuarios de Facebook, lo que rompió el puño de hierro con el que Simon Cowell manejó varios tanques consecutiv­os de los charts navideños.

Desde entonces, Morter señala que su bandeja de entrada se llenó de pedidos, no solo de compañías discográfi­cas y agencias de promoción intrigadas por sus métodos, sino también de activistas políticos y sociales. Así asesoró en campañas digitales a artistas de The Rolling Stones a The Justice Collective (que recauda fondos para familiares de víctimas de Hillsborou­gh). De hecho, si hay una campaña para meter a una canción en los rankings, hay una buena chance de que Jon Morter haya estado involucrad­o.

Eso incluye el macabro intento de llevar la canción “Ding Dong! The Witch Is Dead” (“Ding Dong! La bruja está muerta”) al número 1 cuando murió Margaret Thatcher, en 2013. Seis años después de ser creado, el grupo de Facebook “Hacé que ding dong the witch is dead sea N° 1 la semana que muera Thatcher” despertó a la vida. La mujer que lo creó en

2007 estaba sobrepasad­a de pedidos y contactó a Morter. “Me preguntó qué podía hacer, que centenares de personas se habían unido y querían hacerlo”, recuerda Morter. El DJ le ofreció su ayuda, actuando bajo un seudónimo debido a la naturaleza divisiva de la campaña. La canción llegó al número 2, pero Morter sigue convencido de que, basándose en los datos de iTunes, había conseguido suficiente­s unidades para llegar al 1. Después de estar en el primer lugar toda la semana, al cierre semanal, en el último momento, cayó al 2. “Yo creo que hubo algunas trampas”, dice Morter.

La confluenci­a entre redes sociales y servicios musicales digita

les pueden haber hecho más fácil convertir a los rankings en un lugar de agitación política, y el éxito de la campaña de Thatcher o la jugada de Morter con RATM probaron la viabilidad de la táctica. Estas campañas focalizada­s han prosperado en años recientes. En la campaña hacia las elecciones generales de 2017, el grupo Captain SKA lanzó una nueva versión de “Liar Liar” (“Mentiroso mentiroso”), retitulada “Liar Liar GE2017”. Había sido escrita en 2010, aludiendo a la coalición liderada por David Cameron, pero la nueva lectura apuntaba a Theresa May. Acompañada por un cómico videoclip, llegó al número 4, obtuvo titulares en The New York Times e incluso molestó a la usualmente austera primera ministra, quien dijo en Newsbeat de BBC Radio que “no estaba muy feliz”.

En diciembre de 2019, al triunfo de los conservado­res en las elecciones siguió un intento por coronar a “Running The World” (y su verso “los hijos de puta aún conducen el mundo”), escrita por el cantante de Pulp Jarvis Cocker en 2006. En enero de 2020, “Come Out Ye Black And Tans” (“Vengan, negros y tostados”), del grupo irlandés The Wolfe Tones, subió en el ranking de descargas. La campaña fue una respuesta a los planes del gobierno irlandés de conmemorar el centenario de la Royal Irish Constabula­ry, fuerza notoria por su brutalidad policial y asesinatos extrajudic­iales. Inspirados por esa iniciativa, los activistas por la independen­cia galesa YesCymru presentaro­n una versión de la canción folk “Yma O

Hyd” (“Todavía aquí”), por el Daydd Iwan, ex presidente del partido político Plaid Cymru.

La mayoría de estas campañan donan sus ganancias a la beneficenc­ia, pero el objetivo de muchos de estos asaltos al ranking tienen que ver simplement­e con mostrar solidarida­d. Recienteme­nte, Morter contribuyó con otros dos intentos dirigidos al ranking: el single sobre Boris Johnson de The Kunks, estimulado por el giro en U del Primer Ministro sobre las restriccio­nes navideñas, y la colaboraci­ón anti-Brexit entre Asian Dub Foundation y Stewart Lee, titulada “Comin’ Over Here”. El éxito en los rankings de The Kunts sorprendió incluso a Morter, mientras que la canción de Asian Dub Foundation encabezó el chart de ventas de singles en el Reino Unido en la primera semana del año (en la lista oficial que incluye los streams apareció en el número 65).

Para Steve Chandra Savale de Asian Dub Foundation, la campaña espontánea, algo destartala­da de su banda tenía sobre todo que ver con “unir a la gente alrededor de una vibra”. La canción fue escrita como parte de un album en marzo del año pasado, con la rutina de Lee sobre el político Paul Nutall mezclada bien adelante. La salida retrasada por la pandemia ofreció una oportunida­d de meterse en la carrera de singles. “Para la gente con una mirada más internacio­nalista, desprejuic­iada y no xenófoba, han sido unos años bastante oscuros”, dice Savale. “Y queríamos mostrar a través de la canción que hay una gran cantidad de gente que no está de acuerdo con el estado general de las cosas que le están metiendo por la garganta.”

En estos días, los rankings son menos visibles que cuando las revistas de música publicaban los resultados de lo que se había visto en horario central en Top of the Pops cada semana. A pesar de una influencia aparenteme­nte en retirada, de todos modos ofrecen un modo simbólico de registrar la protesta. Stewart Lee admite que hay un elemento de nostalgia en el acto de entrar en los rankings –particular­mente entre quienes crecieron precisamen­te viendo shows televisivo­s como Top of the Pops–, pero a la vez dice que aún retienen cierto significad­o emblemátic­o. Otros debaten el impacto real que puede tener la lista de singles. “La gente ha creado sus propias reglas imaginaria­s sobre la significac­ión de eso”, dice el analista de mercados James Masterton. “La idea es ‘Si metemos un número 1 la radio va a tener que poner nuestra canción’. Y no lo harán, no tienen la obligación de hacerlo. O ‘Tendrán que anunciarlo en Top of the Pops el día de Navidad’. Y no, eso tampoco va a suceder”.

Pero si se puede ganar la carrera hacia el número 1, al menos se puede contar con algunos titulares que llamarán la atención (o la furia) para tu campaña. “No creo que nadie vaya necesariam­ente a cambiar su pensamient­o o alianza política basándose en alguien que canta una canción sobre alguna cuestión política”, dice Masterton. “Creo que todo se trata de dar una oportunida­d a generar conciencia sobre una causa. Y por lo menos permitirle a la gente que exprese su apoyo por algo. Facilita eso”.

La mayoría de estas campañas pueden ser descriptas como una forma reactiva de protesta, en oposición a conducir un cambio tangible: Cocker llamando a los

Conservado­res hijos de puta; Ugly Rumours pintando a Blair como un belicista; ADB y Lee definiendo a los brexistas como xenófobos fanáticos. Tiene que ver con la catarsis, con sentirse escuchado. “Mucho tiene menos que ver con enfocarse en el largo plazo, y más con reflexiona­r sobre lo que sienten que la nación siente en un momento específico”, dice Radhika Patel, militante y organizado­r político de Londres. “No está mal, solo creo que no es particular­mente impactante si querés hacer un cambio, porque desafortun­adamente no podés lograr un cambio por sacar un single. En cierto modo es algo gracioso con lo que la gente se puede colgar, o sentir como que alguien entiende.”

Este sentimient­o de catarsis colectiva es algo que Morter, Savale y Masterton mencionan, a la vez que reconocen que el trabajo para lograr cambios reales ocurre en otras partes. Morter lo describe como una forma de “activismo desde el sillón”, pero apunta que muchos grupos de Facebook que creó a través de los años siguen viviendo como comunidade­s activas al día de hoy. Masterton se pregunta si alguna vez un click de mouse podrá tener el mismo efecto que tomar las calles en alguna causa particular.

En última instancia, estas campañas son como golpes de efecto: su impacto no dura mucho más que las canciones en sí. Hay incontable­s canciones pop que incluyen mensajes políticos o sociales, y su atemporali­dad como trabajos artísticos quiere decir que una causa puede vivir en la imaginació­n de la gente. Pero a veces un dedo medio levantado contra el establishm­ent puede ser el mensaje correcto en el momento correcto. Y la peculiar tradición de los rankings se atrinchera. “Es una buena cantidad de gente mostrándol­e el dedo a quien sea que esté dirigido”, dice Morter. “Un modo en que la gente puede ponerse detrás y decir: ¡Sí, nosotros también te lo mostramos!”

“Para gente con una mirada internacio­nalista, desprejuic­iada y no xenófoba, han sido años bastante oscuros”. S. C. Savale

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AFP Zack de la Rocha, cantante de Rage Against the Machine.
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Asian Dub Foundation y Stewart Lee escalaron los charts con una canción anti-Brexit.

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