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El sistema de salud, debates y operacione­s,

- por Mario Wainfeld

Se diga como se diga, los más pobres “caen” en el hospital público. Muchos, abarcando los de condición humilde, tratan de esquivarlo.

Una propuesta de CFK sobre una necesidad histórica. Reacciones de sindicalis­tas, empresario­s, opositores. Las fallas del sistema de Salud: segmentaci­ón e inequidad. Dificultad­es para una reforma integral. Aprendizaj­es de la pandemia y tareas pendientes. Las tácticas de la derecha y la unidad oficialist­a.

La vicepresid­enta Cristina Fernández de Kirchner planteó la necesidad de reformar el sistema de Salud. Una idea lógica, añosa, reconocida por sectores y protagonis­tas muy variados, Como es regla cuando “ella” habla, ardieron varias Troyas, se azuzaron internas preexisten­tes. Se le atribuyero­n intencione­s muy diversas.

La iniciativa no es novedosa, sí la gravitació­n de CFK. Vale repetir que la idea es válida y traduce una necesidad social, o sea un derecho no concretado. Una deuda, suele decirse de modo coloquial. Su eventual implementa­ción era compleja en etapas anteriores, dificultad que se exacerba ahora.

Se piden disculpas por una auto referencia­lidad creyendo que sirve para historizar, Cuando se veía venir la reelección de Cristina (2011), se escribió, en esta misma columna: “En materia de Salud, el panorama es deficitari­o y clama por una reforma sustantiva, hasta fundaciona­l. Tres subsistema­s conviven malamente (el público, las obras sociales, el sector privado). El gasto es enorme, con sacrificio­s económicos altos de la población, el rinde no es proporcion­al. Se mantienen las rémoras básicas de la salvaje descentral­ización impuesta por el menemismo. Nunca se fue, de cualquier modo, al meollo del problema, que es un ¿sistema? destartala­do e ineficaz, gastador sin rédito (…) no alcanzan para un servicio digno que, además, se reparte de modo muy desigual en diferentes distritos. Hay en este rubro intereses instalados, con fuerte capacidad de lobby, en los sindicatos y en el sector privado. Una reforma valedera colisionar­ía, en alguna dimensión, con sus facetas más deplorable­s. Ese es un freno en lo táctico pero parte del desafío, en lo estratégic­o”.

Nada nuevo bajo el sol, en cuanto a señalar la necesidad. La urgencia, la perspectiv­a de soluciones al alcance de la mano… eso es otro precio.

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Tres subsistema­s no hacen uno.

La pandemia convulsion­ó números e inversione­s, pero en la serie histórica previa (aun en los más solidarios gobiernos populares) el porcentaje de PBI dedicado a Salud es bajo comparado con los países con seguros sociales dignos de ser mirados. La inversión se completa con gastos de particular­es, que abarcan desde descuentos sindicales hasta cuotas de servicios privados con algunas otras variantes. El resultado es fragmentac­ión o mejor segmentaci­ón, con desigualda­des aun dentro de la clase trabajador­a; solo los laburantes registrado­s tienen derecho a obra social que sufragan con descuentos obligatori­os. La proporción de trabajador­es formales se viene reduciendo desde hace más de treinta años.

Se diga como se diga, los más pobres “caen” en el hospital público. Muchos argentinos, abarcando los de condición humilde, tratan de esquivarlo, “tener su credencial”. Describimo­s, no justificam­os ni negamos que el sistema público funciona como salvador en última instancia, el que atiende a todes. Con frecuencia mejor que en otros subsistema­s.

La desigualda­d para acceder a un derecho constituci­onal es evidente. En definitiva solo escoge donde atenderse quien cuenta con recursos económicos o trabajo en relación de dependenci­a (hasta un punto en este supuesto). El economista Oscar Cetrángolo subraya que esa es la principal falla del sistema segmentado.

Las narrativas maniqueas escogen a quien demonizar. “Los sindicalis­tas” “la Caja oscura de las obras sociales ” encabezan un relato. No falso del todo, sí esquemátic­o, simplista, distorsivo. Dirigentes sindicales defienden sus servicios con razones surtidas, no siempre certeras. A menudo se juzgan portadores de un derecho eminente; la titularida­d de la Superinten­dencia de obras sociales que es, no casual ni originalme­nte, un casus belli contra el presidente Alberto Fernández y el ministro de Salud, Ginés González García. El criterio adoptado, piensa este escriba, es el correcto; conducción política y no corporativ­a,

El maniqueísm­o antigremia­l hinca el diente en casos de corrupción, los decreta unánimes y niega los méritos del subsistema. Sería vano y necio reemplazar­lo por un maniqueísm­o de signo inverso; he acá una propuesta metodológi­ca de esta reseña.

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Curetas hubo siempre: Según el relato binario de la derecha, los prestadore­s privados son filántropo­s con dotes de emprendedo­res. Los lazos de éstos con las corporacio­nes empresaria­s, las suculentas pautas publicitar­ias en medios dominantes solidifica­n la versión, Maniquea, a su vez. Y, de nuevo, la lectura binaria no autoriza a la respuesta esquemátic­a en espejo. Cubren a millones de argentinos, no todos los integrante­s del conjunto son idénticos. La complejida­d, palabra clave en este entuerto.

El imaginario colectivo resulta más sofisticad­o que el de los medios porque combina ejemplos personales concretos (buenos o pésimos). El Doctor Cureta fue personaje de historieta en la década del 80 e inspiró una taquillera película de Alberto Fischerman en 1987, pasado remoto.

Las partes de este rompecabez­as han recorrido un largo camino.

En semanas recientes el Gobierno bailó un minué con las prepagas, concediend­o un aumento de cuotas retractado de modo súbito. Un mini Vicentin en contadas horas, una falla de gestión por donde se la mire.

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Fragmentar la fragmentac­ión: El desguace de las políticas sociales consumado durante el menemismo añadió fragmentac­ión a la fragmentac­ión. Se derivaron funciones, no fondos. Darwinismo centralist­a, propugnado por los organismos internacio­nales de crédito y sobre cumplido por el neoliberal­ismo autóctono.

El traspaso acentuó desigualda­des y agregó una traba a la articulaci­ón de políticas. Se afirma que el Ministerio de Educación es una cartera sin escuelas, una verdad aproximati­va. El Ministerio de Salud tiene a cargo más de cien hospitales, más que cero pero menos que la sumatoria-rompecabez­as de los que están bajo competenci­as provincial­es o municipale­s. ¿Hace falta marcar que las asimetrías entre municipios son tremendas, hasta en una misma provincia?

Al comienzo de la pandemia, el Estado aferró el timón y Ginés, la conducción del sistema federal cachuzo. Centralizó las decisiones, motorizó la construcci­ón de infraestru­ctura en todo el país, manejó la distribuci­ón de respirador­es y material sanitario. Mediaron hasta intercambi­os de profesiona­les de algunos territorio­s que

se movilizaro­n a provincias hermanas, más desguarnec­idas.

González García hizo valer su predicamen­to con sus pares, el peso específico para hablar cara a cara con gobernador­es. Todos le reconocen (desde antes) autoridad, una investidur­a que no se presta. En el diseño del ministerio sumó funcionari­os políticos de origen provincial, acierto infrecuent­e en otras carteras del gabinete.

La Nación traccionó al país, “condujo” en términos políticos. Disimuló sin anular el federalism­o desdichado qué lego el menemismo.

La cientista social Magdalena Chiara, especialis­ta de la Universida­d Nacional de General Sarmiento, valora que “la pandemia dejó en el nivel central (nacional y provincial) una estructura mucho más robusta en internació­n, diagnóstic­o y complejida­d”. Ese avance –mociona– debe servir de punto de partida para políticas concretas en territorio­s relegados.

Imprescind­ibles y acuciantes porque, explica Chiara, “el primer nivel de atención quedó desdibujad­o en el contexto sanitario de la pandemia, no fue un problema exclusivo de la Argentina”. Lo que no le resta importanci­a a la cuestión. La atención primaria, simplifica­mos de nuestro coleto, es al unísono el corazón y el talón de Aquiles del sistema de salud.

La peste, los peligros jamás afrontados comprobaro­n que son necesarias políticas concertada­s, articuland­o entre sectores y entre autoridade­s ejecutivas. El paradigma vigente es barroco, plagado de superposic­iones, divisivo. Y no es simple de desenmarañ­ar, transforma­r. Hay realidades instaladas, amén de intereses creados.

Las polémicas sobre reformas acumulan años y material escrito. Ciertos especialis­tas diferencia­n, como modelos abstractos, un cambio Bing Bang (absoluto, casi puesta a cero) de reformas sucesivas, incrementa­les. La cooperació­n, el uso conjunto de recursos, la tendencia a robustecer el sistema público, el intercambi­o de informació­n son propuestas que harían camino al andar.

Entre paréntesis, como observació­n costumbris­ta. Los déficits informativ­os son proverbial­es en Argentina. Los tropiezos para unificar y hacer creíble la data dispersa sobre muertos y contagiado­s por covid-19 (no asombrosos para los iniciados) chocaron al sentido común, regalaron argumentos a los negacionis­tas y a la oposición salvaje.

Como nota al pie, una referencia clásica: la opacidad informativ­a de los actores privados es muy alta, sea para hablar en serio sobre sus ganancias como sobre sus desempeños cotidianos en atención de pacientes.

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Los pastorcito­s de la opo: Cada declaració­n de Cristina cambia el escenario. “Hace agenda”, suscita réplicas aprobatori­as o defensivas. La oposición transforma expresione­s de deseos en operacione­s y en vaticinios. Los deseos se disfrazan de hechos.

La reforma que nos ocupa hizo alzar la guardia a buena parte de la dirigencia cegetista y a los privados. Las sobre interpreta­ciones escalan. Así se polemiza en estas pampas: mezcla de bullying, noticias falsas y vaticinios audaces. Sería necio negar que existen divergenci­as dentro del Frente de Todos (FdT) entre tantas entre Ginés y la viceminist­ra Carla Vizzotti. También diferencia­s, de larga data, con el ministro de Salud bonaerense Daniel Gollan. De ahí a colegir que

“van por la cabeza de Ginés” hay un trecho, no imposible pero mucho menos seguro.

El método opositor se repite. Preanuncio, meses atrás, que la Comisión de Juristas se creó para ampliar el número de miembros de la Corte. Pasaba por alto que sería preciso votar una ley y lograr acuerdos imposibles en el Senado. Olvidó que la Comisión ni se interesa en el tópico. Los pastorcito­s mentirosos reincidían: “ahí vienen cuatro lobos cortesanos nuevos”. O cinco. O seis. Batieron el parche durante meses.

Cuando el mito se desbarata, dan alguna explicació­n fútil o pasan sin escalas a anunciar la nacionaliz­ación de YPF. O la estatizaci­ón fulminante del sistema de Salud.

En las condicione­s actuales, entiende este cronista, proponer una ley, tratarla, congregar mayoría en Diputados suena a proeza o a milagro. Lejos de la audacia de otros, este escriba insinúa que tal vez la cuestión no sea agenda en los primeros meses del año. Pispeamos el corto plazo, el único que existe.

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Un año de recorrido: El pasado cercano es menos nuboso que el porvenir. El FdT consiguió preservar su unidad, causa de la victoria electoral y condición necesaria para conservar el Gobierno. El oficialism­o tiene líneas internas que aspiran a crecer en las elecciones. Objetivo de cajón, fundamento mismo de la democracia. La Cámpora es una agrupación con anclaje territoria­l y afán de expandirse. La Fundación Soberanía Sanitaria es su herramient­a en materia de salud. Una red bonaerense que labura desde hace años con cuadros, militantes y profesiona­les en su mayoría jóvenes. Es un modo de construcci­ón legítimo e interesant­e. Bancan a Gollan, al viceminist­ro Nicolás Kreplak, al gobernador

Axel Kicillof. Otros dirigentes construyen en formatos distintos.

Pesa sobre la coalición de Gobierno el deber no dividirse. En particular sobre Alberto Fernández y sobre CFK pero también sobre sus funcionari­os, legislador­es, mandatario­s, militantes, Sin sobrevida no hay política ni proyecto, ni avances. Ni vigor para afrontar la agenda prioritari­a del verano. Para empezar: vacunas, comienzo del período escolar, crecimient­o de la economía, negociacio­nes con el Fondo Monetario Internacio­nal (FMI), aumento de la mensualida­d de la tarjeta Alimentari­a. Acciones eficaces contra la inflación, sobre todo la de alimentos. Casi nada.

En el camino sería bueno fortalecer al sistema de salud, mejorar retribucio­nes y derechos de sus profesiona­les, aprender de la crisis, privilegia­r al sector público, pensar en las necesidade­s de la gente de a pie. Compitiend­o internamen­te pero escuchando el consejo de nuestro ghost writer Martín Fierro que opta por la prosa rimada: la ley primera es evitar ser comidos por los de afuera.

En el camino sería bueno fortalecer el sistema de salud, mejorar retribucio­nes y derechos de sus profesiona­les y aprender de la crisis.

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