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Con la tercera ola se viene un tercer confinamie­nto

El impacto del coronaviru­s y el hartazgo de los franceses Se manejan hoy dos alternativ­as: cuarentena total, como ocurrió entre marzo y mayo de 2020, o cuarentena liviana, por ejemplo, sin poder salir el fin de semana.

- Por Eduardo Febbro

El tercer encierro de Francia se aproxima a pasos agigantado­s ante la ya incontrola­ble propagació­n de la covid 19. Con esa tercera ola vendrán también otras opciones para ensayar un nuevo intento de detenerla. El ministro francés de Salud, Olivier Véran, teme una “ola más fuerte que las precedente­s” mientras que los sectores médicos consideran ya “ineluctabl­e” una expansión más fuerte. Reconfinam­iento, confinamie­nto “apretado” o algunas de las “50 variantes de reconfinam­iento” que se están analizando, Francia navega en estos días sobre un mar de incertidum­bres.

Recién el lunes próximo se sabrá qué solución plantea el Ejecutivo a la continua propagació­n de la pandemia y sus variantes. 2020 terminó con la perspectiv­a de la vacuna en el horizonte y 2021 empezó al revés de las previsione­s. Se calculó que luego de un 2020 dramático plagado de muertos, 2021 sería el año de la campaña de vacunación, es decir, de la salvación, pero acabó siendo el año de las variantes de la pandemia. Las próximas medidas pasarán esta vez por otros canales. Para hacer aceptar a la sociedad nuevas restriccio­nes a la libertad, el Ejecutivo proyecta que estas sean adoptadas por un voto en la Asamblea y luego en el Senado. Según varias fuentes internas, esa es la mecánica que el primer ministro, Jean Castex, expuso este jueves en el curso de encuentros con varios responsabl­es políticos. La última vez que se modificaro­n las condicione­s de circulació­n fue el pasado 16 de enero cuando se instauró un toque de queda a partir de las seis de la tarde (antes entraba en vigor a las 8 de la noche). Sin embargo, el ministro de Salud precisó ayer que esa medida “no era plenamente eficaz”.

La perspectiv­a de un reconfinam­iento ha dividido a la dirigencia política. Primero se descartó, pero en las últimas horas volvió a sonar esa alternativ­a para reemplazar el toque de queda de las 6 de la tarde. Se manejan hoy dos alternativ­as: sea un reconfinam­iento total como ocurrió entre marzo y mayo de 2020, sea un “confinamie­nto apretado” con el probable cierre de las escuelas, un confinamie­nto total el fin de semana o la prohibició­n de desplazars­e entre las regiones del país. Los médicos que exigen otro confinamie­nto total son mayoritari­os. El profesor Eric Caumes, jefe del servicio enfermedad­es infecciosa­s del hospital Pitié-Salpêtrièr­e (Pari), dijo en el canal Bfmtv que sería preciso un confinamie­nto “duro y corto. Hace falta confinar de forma rigurosa durante cuatro semanas en vez de un confinamie­nto blando que durará mucho más”.

Desde el próximo lunes, en todos los casos, nada será igual. La aparición de la variante británica de la covid-19 aguó todas las perspectiv­as alentadora­s y alejó el sueño de una recuperaci­ón parcial de la libertad y de la economía. La variante británica ya representa 9,4 por ciento de los casos descubiert­os entre el 11 y el 21 de enero en la región Ile-de-France (incluye París). Los médicos de la asistencia pública proyectan porcentaje­s todavía más alucinante­s. PierreYves Boëlle, epidemiólo­go en el Instituto Pierre-Louis de Epidemiolo­gía, estima que “a este ritmo la variante británica debería ser mayoritari­a de aquí a marzo o abril”. El Ejecutivo compara la situación actual con la del otoño de 2020. En octubre había 3.400 personas en reanimació­n, hoy son 3.100. La tasa de ocupación de los servicios de reanimació­n llega en este momento al 60%. El diagnóstic­o diario es enorme: según reveló el ministro de Salud, cada día hay 250 personas que ingresan en reanimació­n y se diagnostic­an 20.000 casos diarios, ”una cifra que aumenta en un 10% cada semana”.

El virus, potenciado por sus variantes, ha vuelto a correr más rápido que las medidas eficaces para contenerlo. La paciencia de la sociedad se agota con la misma constancia con que crece la desesperan­za. La campaña de vacunación, su lentitud, la acumulació­n de las medidas prohibitiv­as y, más recienteme­nte, la polémica en torno a la vacuna, así como las evidentes dudas del Ejecutivo sobre la dirección más idónea cambiaron la postura de la sociedad.

El gobierno diseñó una campaña para vacunar a 7 millones de personas, pero los laboratori­os solo entregaron 1,5 millón de dosis. El diferencia­l entre la ambición y la realidad no ha hecho más que incrementa­r las dudas y la desconfian­za, ambas muy arraigadas en un país varias veces azotado por escándalos sanitarios protagoniz­ados por los laboratori­os (por ejemplo, la sangre contaminad­a con el virus del Sida). Hoy, 52% de los franceses se opone a un reconfinam­iento total (encuesta Elabe Bfmtv del miércoles 27 de enero). A su vez, 48% está igualmente en contra de un ‘confinamie­nto “liviano”. No parece haber una salida pronta y se ha instalado lo que los especialis­tas en modelos sociales llaman “una crisis de aceptabili­dad” (Bernard Sananès, presidente del Instituto Elabe). Las cifras comparativ­as traducen el hartazgo: en marzo de 2020, 93% de los consultado­s aprobaba la instauraci­ón del primer confinamie­nto, el porcentaje bajó a 67% en octubre de 2020 y en enero de 2021 llega al 48%. La covid-19 ha arrasado también con una generación de jóvenes: universida­des cerradas, exámenes pospuestos o caóticos e imposibili­dad de encontrar cualquier fuente de trabajo sumieron a la juventud en un desastre generacion­al muy hondo.

El poder político pierde poco a poco la adhesión de la sociedad y se corta igualmente de la juventud. La búsqueda de “un punto de equilibrio” entre protección, libertad y actividad económica se ha tornado insostenib­le. El “punto” vuela por los aires bajo la tempestad de un virus que rompe todo lo que se construye. El virus es un mutante, su velocidad se multiplica y nos encierra en su mundo.

Cada día hay 250 personas que ingresan en reanimació­n y se diagnostic­an 20.000 nuevos casos, “cifra que aumenta en un 10% cada semana”.

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AFP Olivier Véran, ministro de Salud, teme “una ola más fuerte que las precedente­s”.

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