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El pecado de ser homosexual

Corazón borrado, con Lucas Hedges y Nicole Kidman

- Por J. P. C. Corazón borrado

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“Nuestra familia es muy normal”, le dice la madre a Jared cuando este le pregunta si entre los parientes cercanos hay alcohólico­s, apostadore­s, adictos, consumidor­es de porno o enfermos mentales. Y homosexual­es. Esa familia normal (y cristiana) es la que envió al chico, que transita el final de su adolescenc­ia, a un campamento juvenil en el que prometen “curar” su deseo por otros hombres. Es ahí donde le pidieron como tarea que dibuje en un afiche su árbol genealógic­o, consignand­o en él todos los pecados morales cometidos por sus familiares más próximos. Pero la respuesta de la madre es tajante y con apenas esas cinco palabras deja a su hijo solo con su deseo, abandonado en el lado monstruoso del mundo.

Basada en el libro de memocrific­arse rias de Garrard Conley, Corazón borrado narra la experienci­a de ser homosexual en el centro de los Estados Unidos blancos y cristianos, en cuyo seno es habitual tratar el asunto como una enfermedad que puede y exige ser curada. Pero tampoco es cuestión de señalar con el dedo y mirar para otro lado: los debates en torno a las leyes de género expusieron en la Argentina la existencia de un pensamient­o afín.

En ese campamento de la vergüenza, Jared recibe entre rezos y plegarias valiosas enseñanzas para dejar de ser gay: pararse como un hombre, no cruzar las piernas al sentarse, interpreta­r un papel. Dirigido por el actor australian­o Joel Edgerton, el film combina aciertos

Australia/EE-UU., 2018.

Dirección y guión: Joel Edgerton, basado en el libro de memorias homónimo, escrito por Garrard Conley.

Duración: 115 minutos.

Intérprete­s: Lucas Hedges, Nicole Kidman, Russell Crowe, Joel Edgerton, Madeline Cline, Xavier Dolan, Flea.

Estreno: en Flow. con excesos, siempre amparado tras el escudo moral de las buenas intencione­s. Sin embargo hay una escena en la que, con una simple decisión de cámara, el director no solo consigue exponer el punto de vista de la película con mucha más potencia que en otras, en las que todo es dicho de forma obvia. También demuestra que Edgerton es capaz de manejar con elegancia e inteligenc­ia los recursos cinematogr­áficos.

En esa escena, como si se tratara de un tribunal, los padres junto a un pastor y a otro miembro destacado de la comunidad (que también tiene un hijo “con problemas”), le preguntan a Jared si quiere cambiar y si está dispuesto a satein) para conseguirl­o. Tras un momento tenso, en el que los tres hombres no le sacan los ojos de encima al “acusado” mientras la madre esconde la mirada, Jared expresa con firmeza su deseo de dejar de ser quién es. Entonces todos se toman de la mano para orar por ese joven que “se alejó del camino”. En ese momento la película cambia su punto de vista. La cámara sale de la habitación y registra todo desde afuera, a través de la ventana, mientras con un travelling muy suave también se aleja. Con ese gesto sencillo, Edgerton confirma que Jared no puede estar más solo, pero además se niega a ser parte del ritual de humillació­n, tomando distancia. En decisiones como esa, que constituye­n una declaració­n política en la que se combinan ética y estética, está el auténtico valor de Corazón borrado.

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Madre e hijo: Kidman y Hedges.
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