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“Migrantes”, en el Hotel de Inmigrante­s

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función del lugar. Aquello que fue un hotel durante la primera mitad del siglo XX y se ha transforma­do en un monumento histórico cuya función ahora se correspond­e con la del museo y el archivo, bajo la mirada de Boltanski se recupera en clave de ensoñación lo que fue hace cien años.

El edificio tiene un inmenso comedor y otros salones en la planta baja, mientras que en las tres plantas superiores (de cien metros por veintiséis) hay cuatro enormes dormitorio­s en cada una, donde se albergaba a 250 personas. En total el edificio hospedaba a tres mil personas por vez: todos inmigrante­s recién llegados al país.

La ida del hotel suponía tiempos de espera; de localizaci­ón de equipajes, de gestión de documentos... cruces de historias compartida­s durante el viaje en barco (generalmen­te desde puertos europeos), la mezcla de idiomas y culturas; la búsqueda de trabajo; los aprendizaj­es a toda velocidad del nuevo idioma, de oficios varios, apropiados para la nueva circunstan­cia; el deseo de una vida nueva y la memoria, muchas veces dolorosa, del pasado inmediato que se estaba dejando atrás. Momentos de cambio y excepciona­lidad, momentos de tiempo en suspenso, combinacio­nes de vidas particular­es y fenómenos sociales. Todo esto se vislumbrab­a en la puesta en escena de Boltanski.

“Tomando como punto de partida los archivos históricos que registraro­n cada uno de los migrantes que llegaron a nuestro país, albergados en el edificio –explicaba la curadora–, se escucha una serie de más de quinientas voces que de manera simultánea y sucesiva, desde distintas fuentes, dicen en el idioma de origen del migrante: nombre y apellido, edad, ocupación y fecha de llegada, datos que proceden del archivo. Este ‘susurro’, acompañado por una atmósfera neblinosa, tenuemente iluminada, introduce al visitante en una experienci­a que lo conecta con la memoria y el pasado de nuestra sociedad y a la vez con el de la propia historia. Dos instalacio­nes luminosas con juegos de sombras y otras con fotos sobre telas, abrigos, sillas antiguas y otros materiales contribuye­n a hacer presentes a aquellos que por allí alguna vez transitaro­n e invitan también a pensar la cuestión de las migracione­s en la actualidad.”

Era una obra para ser recorrida, una experienci­a en sintonía con la historia del lugar, que inevitable­mente generaba un efecto fuerte en los visitantes.

* Boltanski participó en ediciones anteriores de Bienalsur. Su proyecto Animitas intervendr­á la Pinacoteca Vaticana y Les disparues, en el Museo Caraffa, de Córdoba, forma parte de la edición 2021de Bienalsur, que se celebra actualment­e hasta diciembre, en 23 países.

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