Perfil Cordoba

El milagro de Menem

- RAúL H. ÁLVAREZ

El 15 de febrero, el día en que velaron a Carlos Saúl Menem, advertí que el ex presidente conservaba aún numerosos adeptos, sobre todo por la gran cantidad de grupos de amigos que ese día se reunieron en diversos restaurant­es para compartir una cena de pizza con champagne en su homenaje, y por los aficionado­s al juego que mayoritari­amente apostaron en las quinielas al 90 (por la edad que tenía Menem cuando murió y por la década en que fue presidente) y al 91 (inspirándo­se en la patente número 091 de la camioneta que transportó su féretro). Tengo dos gratos recuerdos del caudillo riojano. En una oportunida­d, durante un acto en el edificio de Radio Nacional, le mostré la tapa del ejemplar de del 13 de julio de 1992 con su imagen delante de un sol y con un título que decía

que se refería al milagro que había hecho en la Argentina de contener la inflación y de mantener en uno a uno la relación peso/dólar durante un lapso prolongado, algo que jamás había sucedido antes ni sucedió después. Halagado y sorprendid­o, me dedicó la tapa con la frase “Con afecto”, y estampó su firma.

En otra ocasión, durante una conversaci­ón con un grupo de adherentes al menemismo, dije: “¡Menem es un palíndromo!” Uno de ellos se disgustó por mi comentario y expresó: “¡Si usted no es admirador de Menem, eso no le da derecho a insultarlo!”. Me vi entonces obligado a aclararle a esa persona que un palíndromo no es un insulto sino una palabra o una frase que puede leerse exactament­e igual de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, y que Menem era el único presidente cuyo apellido tenía esa caracterís­tica.

A partir de aquel día se me ocurrió colecciona­r palíndromo­s y comencé a anotar en un cuaderno algunos que ya conocía (como Oso, Ada, Oro y Neuquén) y poco a poco fui agregando otros con combinacio­nes de palabras que constituía­n frases más elaboradas. En esa búsqueda me ayudó mucho el libro de Juan Filloy, que es un tratado de palindromí­a. Allí aparecen frases que pueden leerse en un sentido o en otro, algunas muy cortas como “Amada dama”, “Anula la luna”, “Luz azul” y “Severo revés” y otras más largas, elaboradas y hasta algo ridículas como “Saname las alemanas”, “Sed lo más leal a Elsa Moldes”, “Adela en sí, cede cisne a Leda”, o “Solo diseca la fe de falaces ídolos”.

Siempre que agrego nuevos palíndormo­s (también llamados “frases bifrontes”, “frases de ida y vuelta” o “frases capicúa”) a la lista de mi cuaderno, recuerdo con afecto y nostalgia al ex presidente que fue el punto de partida de mi colección.

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CEDOC PERFIL

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