Perfil Cordoba : 2021-02-28

Cultura : 128 : 12

Cultura

Teatro sin teatro POR QUINTíN H una revelación. Por eso concluí que mi problema no era con el teatro sino, paradójica­mente, con su representa­ción. Y empecé a pensar en él como una forma de la literatura cuya dignidad se dilapida en la escena. Así que finalmente me acerqué, no sin cierta prudencia, como quien toca un animal peligroso, a una de las Tintas Frescas, que vienen con dos obras del mismo autor por cada volumen. En este caso, B. Traven y George Kaplan, de Frédéric Sonntag. Sonntag (Nancy, 1978) tiene un notable ingenio, una fresca imaginació­n y una gran capacidad para combinar ideas de diversa índole. El título de la primera obra, basado en el nombre de un activo escritor fantasma, es una especie de instalació­n que recorre las revolucion­es del siglo XX. La segunda se llama como un personaje igualmente fantasmal de Hitchcock y se transforma en una exploració­n combinator­ia de lo que se puede hacer con un tema. Incluso Sonntag le hace decir a un personaje (El Santo, famoso y fantasmal luchador mexicano) algo interesant­e sobre el teatro: “El público que va a ver lucha libre no sabe si lo que va a ver es verdadero o falso. Si supiera que es falso, no volvería nunca más. Pero si supiera que es verdadero, tampoco volvería nunca más. Algo parecido pasa con el teatro”. Estimulado por mi aventura, decidí saldar una cuenta pendiente y me puse a leer Esperando a Godot, de Beckett. Además de que ganó el Premio Nobel, toda persona culta sabe que Beckett es una de las cumbres de las letras modernas. Pero no resultó. Me asusté, me deprimí, me aburrí, me disgustó enormement­e. Decidí entonces que mi próximo paso va a ser tramitar el carnet de bruto. ace unos días descubrí en la web la nueva colección Tintas Frescas de Libros del Zorzal. Tanto los nombres de los autores (a los que desconocía) como las tapas blancas sin ilustracio­nes y con una tipografía discreta me hicieron pensar en las ediciones francesas, que conservan esa sobria y caracterís­tica elegancia. Le pedí a Astrid Riehn, la encargada de prensa de la editorial, que me mandara un par de volúmenes y lo hizo con su habitual amabilidad y eficiencia. Cuando llegaron, descubrí que no había reparado en un detalle: se trata de una colección de teatro. Horror. El teatro ha pasado por mi vida dejando una (pequeña) serie de momentos desagradab­les. De chico, llevado por padres que intentaban cultivarme, descubrí el miedo que me daba la voz de Alfredo Alcón en de Arthur Miller, y la claustrofo­bia que me producía estar encerrado en una sala chica con de Brecht, en el escenario. Desde entonces, busco mantenerme lejos del teatro, aunque he incurrido en algunos deslices a lo largo de los años. Recuerdo, por ejemplo, una cosa horrenda llamada que vi hace casi cincuenta años. Fue mi última aparición en una sala argentina. Pero años más tarde me tocó padecer dos musicales americanos: en Los Angeles vi a Glenn Close berreando en y en Nueva York sufrí en una butaca incomodísi­ma durante la interminab­le adaptación de Fue suficiente. Desde entonces me abstuve del teatro como un vegano ante un bife. De todos modos, descubrí con el tiempo que Shakespear­e no me molestaba ni por escrito ni en el cine. Incluso, hace poco leí de Ionesco, y fue toda 28 de febrero de 2021 PERFIL Mi problema no era con el teatro sino, paradójica­mente, con su representa­ción. El teatro, una forma de la literatura cuya dignidad se dilapida en la escena. Las brujas de Salem, El preceptor, EUGèNE IONESCO Posdata: tu gato ha muerto, Sunset Boulevard Los miserables. El rinoceront­e, Fotocopias y revistas POR DAMIáN TABAROVSKY P refiero los libros o las revistas a las fotocopias. Es una obviedad, por supuesto, pero no –o no tanto– en este caso, teniendo en cuenta que llegué al papel impreso recién ahora, muchos años después de tenerlo en fotocopia. La historia es así: la única vez que fui a Lima, traje todo lo que encontré sobre Martín Adán. Teniendo en cuenta que yo ya tenía su (Fondo Editorial PUCP) más varias ediciones de y otras cosas menores, como (compilació­n de Andrés Piñeiro, Pontificia Universida­d Católica de Perú), no había mucho más para descubrir, sin contar, además, que la obra de Adán, probableme­nte el más grande poeta y narrador peruano del siglo XX, curiosamen­te no se encuentra (o no se encontraba en ese entonces) fácilmente en las librerías limeñas. Pues, la última noche en esa ciudad, o mejor dicho, no noche, sino en la tarde-noche (porque serían alrededor de las 19.30), estaba yo tomando algo con unos amigos locales cuando uno de ellos mencionó largo poema –casi un libro breve– que Adán habría escrito hacia 1931 y destruido unos años después (tal vez en 1934). En la no estaba incluido (Adán prohibió la reproducci­ón del poema para siempre) y, en cada una de las librerías –de viejo y de nuevo– a las que fui, me fue imposible hallarlo. Pero esta persona no solo mencionó el poema, sino que me dijo que lo tenía en la edición fragmentar­ia (a la que supuestame­nte le faltan partes enteras) en una edición restringid­a de 1947. Siendo esa persona el anfitrión del encuentro, se dirigió a su biblioteca y trajo el ejemplar del libro. De allí, salir urgente a buscar una fotocopiad­ora abierta fue todo uno (o más de uno, dos: esa fue la cantidad de horas que tardamos en encontrar una, en la mesa de entrada de un sanatorio privado en la que una de sus empleadas era amiga de mi amigo y nos hizo el favor). Y ahora, como venía diciendo, tantos años después, veo que en el más reciente número de (N° 6, noviembre de 2020) se reproduce el poema, en una versión algo diferente a la que yo tenía, hecho que lo vuelve todo más atrayente. Precedido por una introducci­ón de Facundo Ruiz –a la que yo le hubiera pedido un tono menos juguetón y más informació­n sobre la historia del poema, la de su publicació­n y la de las lecturas posteriore­s–, gracias a la publicació­n de el N° 6 de pasa a integrar el pequeño lote de ejemplares que dentro de un tiempo –años, tal vez décadas– vuelven a una revista en imprescind­ible. Luis Alberto Sánchez interpreta el poema como parte de la influencia que el pasaje de Gilberto Owen por Lima, en 1931, generó sobre Adán y sobre varios de los poetas de vanguardia peruanos. Elegía y desesperac­ión son los términos que usa (cito de memoria, tal vez no sean exactament­e esos) para calificar al poema, que bien podría también definir el tono de los poetas en torno a la revista mexicana a la que Owen era cercano. Pero Owen era notoriamen­te menos interesant­e que el cuarteto formado por Villaurrut­ia, Novo, Gorostiza y Pellicer, el grupo sin grupo, clave en la poesía mexicana. Y en verdad, no es un gran poema. Pero eso es un detalle, algo nimio. Interesa el mito de la poesía y el de su circulació­n, el resto no tiene la menor importanci­a. Rapallo Obra poética en prosa y verso La casa de cartón, Entrevista­s Aloysus Acker, Rapallo Aloysus Acker no es un gran poema. Pero eso es un detalle, algo nimio. Interesa el mito de la poesía y el de su circulació­n. Aloysus Acker, Obra poética Los MARTíN ADáN Contemporá­neos, Aloysus Acker