Perfil Cordoba : 2021-02-28

Internacio­nales : 66 : 34

Internacio­nales

34 - internacio­nales - Perfil Domingo 28 de febrero de 2021 PANORAMA PotenciAs La política exterior estadounid­ense desde la Segunda Guerra Mundial se basó en una idea simple, tal vez quien mejor la expresó fue el presidente George W. Bush después de los ataques terrorista­s del 11 de septiembre de 2001: están con nosotros, o en contra nuestra. Estados Unidos debiera ser el líder y los aliados, seguirlo... ¡y pobres de los países que se opongan a su primacía! La idea era tanto simple como simplista... y ahora quedó anticuada. Estados Unidos no enfrenta enemigos implacable­s, ya no lidera una alianza poderosa y puede obtener muchos más beneficios cooperando con China y otros países que enfrentánd­olos. El ex presidente Donald Trump fue una caricatura grotesca del liderazgo estadounid­ense; insultó, amenazó e impuso tarifas unilateral­es y sanciones financiera­s a otros países para obligarlos a doblegarse ante sus políticas: hizo pedazos las convencion­es multilater­ales. Sin embargo, la política exterior de Trump enfrentó sorprenden­temente poca resistenci­a dentro de EE. UU. Hubo más consenso que oposición frente a las políticas trumpistas anti-China, y poca resistenci­a a las sanciones a Irán y Venezuela, a pesar de sus catastrófi­cas consecuenc­ias humanitari­as. La política exterior del presidente Joe Biden es, en comparació­n, una bendición. EE.UU. ya se reintegró al acuerdo climático de París y a la Organizaci­ón Mundial de la Salud, está tratando de regresar al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y promete volver a participar en el acuerdo nuclear de 2015 con Irán. Estos son pasos extremadam­ente positivos y admirables; sin embargo, los anuncios de política exterior iniciales de Biden con relación a China y el liderazgo estadounid­ense son problemáti­cos. El reciente discurso de Biden en la Conferenci­a de Seguridad de Múnich nos permite asomarnos a las ideas de su gobierno en estos primeros días. Hay tres motivos de preocupaci­ón. En primer lugar tenemos la idea bastante ingenua de que “EE.UU. ha vuelto” como líder mundial. EE.UU. recién está volviendo al multilater­alismo, su gestión de la pandemia de la Covid-19 fue una chapuza total y hasta el 20 de enero actuó activament­e en contra de la mitigación del cambio climático. Todavía debe sanar la gran cantidad de profundas heridas que dejó Trump, en particular la insurrecci­ón del 6 de enero, y atender a los motivos por los que 75 millones de estadounid­enses votaron por él en noviembre pasado. Eso implica lidiar con la fuerte dosis de cultura de supremacía blanca que anima a gran parte del Partido Republican­o en la actualidad. En segundo lugar, “la asociación entre Europa y Estados Unidos”, declaró Biden, “es la piedra de toque, y debe continuar siéndolo, para todo lo que esperamos lograr en el siglo XXI, como ocurrió en el siglo XX”. ¿En serio? Soy eurófilo y partidario entusiasta de la Unión Europea, pero EE.UU. y la UE solo constituye­n el 10 % de la humanidad (los miembros de la OTAN, el 12 %). La alianza transatlán­tica no puede ni debe ser la piedra de toque “de la pandemia mundial— la autocracia es la mejor forma de avanzar [...] y quienes entienden que la democracia es fundamenta­l [...] para superar esos desafíos”. Dada esta supuesta batalla ideológica entre la democracia y la autocracia, Biden declaró que «debemos prepararno­s juntos para una competenci­a estratégic­a a largo plazo con China» y agregó que esta competenci­a es “bienvenida, porque creo en el sistema mundial que Europa y Estados Unidos, junto con nuestros aliados en la región de Asia-Pacífico, se esforzaron tan duramente para construir durante los últimos 70 años”. Es posible que EE. UU. perciba que forma parte de una lucha ideológica a largo plazo con China, pero esa sensación no es mutua. La insistenci­a de los conservado­res estadounid­enses en que China desea dominar el mundo logró sustentar un consenso mundo para «aumentar la coordinaci­ón de las políticas macroeconó­micas y promover conjuntame­nte un crecimient­o sostenible, equilibrad­o e inclusivo de la economía mundial». También los instó a “abandonar los prejuicios ideológico­s y embarcarse juntos en una coexistenc­ia pacífica en busca del beneficio mutuo y la cooperació­n en beneficio de todos”. En tercer lugar, deben “eliminar la brecha entre los países desarrolla­dos y en vías de desarrollo, y lograr conjuntame­nte el crecimient­o y la prosperida­d para todos”. Finalmente, deben “unirse para superar los desafíos mundiales y crear juntos un futuro mejor para la humanidad”. Xi afirmó que la senda hacia la cooperació­n mundial requiere “el compromiso con la apertura y la inclusión”, así como “con el derecho y las normas internacio­nales” y con “las consultas y la cooperació­n”. Declaró cuán importante es “actualizar­se en vez de rechazar los cambios”. La política exterior de Biden frente a China debiera comenzar buscando la cooperació­n en vez de suponer el conflicto. Xi afirmó que China “tendrá un papel activo en la cooperació­n internacio­nal contra la Covid-19”, seguirá su apertura frente al mundo y promoverá el desarrollo sostenible y “un nuevo tipo de relaciones internacio­nales”. Sería inteligent­e que la diplomacia estadounid­ense procure interactua­r con China en esas áreas. Con la retórica hostil actual se corre el riesgo de crear una profecía autocumpli­da. La cooperació­n no es cobardía, como afirman reiteradam­ente los conservado­res estadounid­enses. Tanto EE.UU. como China pueden lograr mucho con ella: mantener la paz, ampliar los mercados, acelerar la innovación tecnológic­a, evitar una nueva carrera armamentis­ta, avanzar contra la Covid-19, generar una robusta recuperaci­ón del empleo en el mundo y obrar conjuntame­nte contra el cambio climático. Si se reducen las tensiones en el mundo Biden podría concentrar los esfuerzos de su gestión en superar la desigualda­d, el racismo y la desconfian­za que llevaron a Trump al poder en 2016 y siguen dividiendo peligrosam­ente a la sociedad estadounid­ense. todo lo que esperamos lograr» en este siglo, no es más que una parte importante y positiva de ello. Necesitamo­s una gestión compartida de todo el mundo, no solo del Atlántico Norte o cualquier otra región por sí sola. Para gran parte del mundo la región del Atlántico Norte mantiene una perdurable asociación con el racismo y el imperialis­mo, algo que Trump estimuló. En tercer lugar, Biden afirma que el mundo está envuelto en una gran batalla ideológica entre la democracia y la autocracia. “Estamos en un punto de inflexión entre quienes sostienen que, consideran­do todos los desafíos que enfrentamo­s —desde la cuarta revolución industrial hasta bipartidis­ta en Washington. Pero la meta china no es ni demostrar que la autocracia superior a la democracia, ni “erosionar la seguridad y la prosperida­d estadounid­enses”, como afirmó la Estrategia de Seguridad Nacional de EE.UU. de 2017. Considerem­os el discurso del presidente chino Xi Jinping en el Foro Económico Mundial en enero. Xi no habló de las ventajas de la autocracia ni del fracaso de la democracia o la gran lucha entre los sistemas políticos. Transmitió, por el contrario, un mensaje basado en el multilater­alismo para solucionar los desafíos globales e identificó “cuatro grandes tareas”. Xi hizo un llamado a los líderes del n *Profesor de Desarrollo Sustentabl­e de la Universida­d de Columbia. Copyright Project-Syndicate.