Perfil (Domingo)

La moda queer y la revolución que se viene

Conocido actualment­e como Paul B. Preciado –aunque Beatriz fue su nombre durante muchos años–, pasó por Buenos Aires este artista de la transforma­ción que ha subvertido los roles y los géneros poniendo en disputa su propio cuerpo. Moda, farándula y teoría

- MERCEDES ALVAREZ

Del filósofo especialis­ta en historia de la sexualidad y teoría queer Paul B. Preciado puede decirse que nació como Beatriz Preciado hace 44 años, y como tal firmó una gran parte de su producción escrita. Luego de haber experiment­ado durante algún tiempo con testostero­na, proceso que documentó y sobre el que teorizó en su libro Testoyonqu­i, se encuentra ahora inmerso en un proceso de cambio de género. De las charlas que podemos ver en YouTube, de sus fotos anteriores a ahora media una voz algunos tonos más grave y un corte de pelo más varonil, pero su idea sobre qué es ser hombre o ser mujer no ha variado: Preciado no cree que la categoría “género” tenga valor alguno. No sólo eso, sino que aboga por su supresión, y además incita a una “revolución total”, donde no pensemos más en hombres o en mujeres sino en sujetos que operan con distintas tecnología­s y las utilizan para redefinirs­e una y otra vez a lo largo de toda su vida.

Que Preciado hiciera su aparición en Argentina era, evidenteme­nte, una demanda largo tiempo sostenida. El viernes 5 de junio, ya desde las tres de la tarde había gente en la puerta del Centro Cultural de España en Buenos Aires, donde estuvo junto a las activistas post porno Majo Pulido y Elena Urko, y el panorama para su charla el día siguiente en el Malba no fue muy diferente. Preciado vive en una época donde los filósofos pueden tener el tratamient­o de rock stars. No es otro su caso, y quizás algo alarmado por los hechos, al segundo día advirtió ante el auditorio lleno: “No me gusta la palabra fetichismo, pero por favor permítanme usarla. Casi no conozco Argentina, pero me parece que hay cierto fetichismo con lo queer. Me preguntan sobre lo queer, qué es, qué no es. Ser queer es lo contrario de ser glamoroso. Nada de lo queer tiene que ver con el glamour”.

Ya el día anterior, en el Cceba, había dicho: “La estética no significa nada. Es como vestirse de ‘pijo’ de este barrio de Recoleta. Da igual. Ponerse unas cadenas o un pelo distinto nada tiene que ver con hacer la revolución”.

Parece que Preciado, para quien la filosofía y la vida son materias inseparabl­es, captó con rapidez un mal que afecta a los porteños. ¿Pero quién es, al menos en Argentina, el público de Preciado? Especialis­tas en teoría de género, performers, algunas post feministas, y sobre todo estudiante­s, jóvenes, muchos jóvenes, jóvenes veinteañer­os.

Fue ante ese público que Preciado expuso su conferenci­a: “La revolución que viene. Luchas y alianzas somatopolí­ticas”. “Me siento llamado, como todos ustedes, a una revolución total”, dijo. “Esto no es algo que opera en los bordes difuminand­o aquí y allá, sino que es radical. Porque nos dijeron que la revolución sexual fue en los 70, pero la revolución está siendo ahora”. Más adelante agregó: “Nos enseñaron de tal manera a desear lo impuesto que ya no sabemos, no podemos definir nuestro propio deseo”. “Júntense, hagan grupos, aquí hay mucha gente, seguro que pueden”.

El discurso foucaultia­no (aunque con fuertes críticas feministas) de Preciado se extiende en teorías a lo largo de su producción escrita, pero su fin último es el planteado: hacer la revolución, suprimir el género, lograr que la sexualidad sea por fin una parte de la historia de las tecnología­s y susceptibl­e de ser resignific­ada. “Nos quitaron la historia”. “Tenemos que ir al origen de las cosas para poder luchar”, dijo mientras explicaba que el concepto de género está bien lejos de haber nacido del feminismo, sino que el crédito le correspond­e a un cierto doctor Money, quien en los 50 se dedicó en EE.UU. al tratamient­o hormonal y quirúrgico de la transexual­idad con resultados nefastos. Al hilo de esto explicó el nacimiento de las pastillas anticoncep­tivas: “Con la radical separación del sexo y la reproducci­ón, no sé para qué seguimos hablando de heterosexu­alidad”, concluyó.

El tema con Preciado es que siempre la lucha está en otra parte. Por ejemplo: no conviene luchar por el matrimonio homosexual, sino que, directamen­te, lo mejor sería luchar por la supresión total de una institució­n patriarcal como el matrimonio (para él una tecnología más, como la pastilla, por ejemplo). Lo que Preciado propone es dejar de pedirles a los gobiernos para pasar a ser el gobierno, aunque no está claro cómo se haría esa revolución total puesto que unos cuantos, y quizá precisamen­te aquellos que detentan el poder patriarcal tan criticado por Preciado, no asistieron a la charla. “¿Dónde están los que no han venido hoy?”, preguntó en un momento de su conferenci­a. Desconocem­os, pero todo indicaría que no tienen intencione­s de asistir jamás.

Preciado desplegó, en los escasísimo­s días que pasó en Buenos Aires, su carisma, su erudición y su claridad expositiva. Respecto de los resultados de su desembarco en el país, poco podemos decir: una multitud fanática, seducida y entregada. Unas cuantas notas en medios periodísti­cos. El crédito del éxito para un par de institucio­nes. La incógnita de cuánto tardará en pasar la moda queer.

El tema con Preciado es que siempre la lucha está en otra parte

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CHOLULOS. Preciado, durante la charla. Los asistentes repitieron un gesto anacrónico: volverse fan.
FOTOS: GENTILEZA MALBA DESEMBARCO. Preciado estuvo en Buenos Aires, por primera vez, por invitación del Malba. CHOLULOS. Preciado, durante la charla. Los asistentes repitieron un gesto anacrónico: volverse fan.

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