Perfil (Domingo)

Historia de la lectura

- RODOLFO EDWARDS

Poesía estatal

Autor: Osvaldo Baigorria Género: poesía

Otras obras del autor: Llévatela, amigo, por el bien de los tres, Correrías de un infiel, Buda y las religiones sin Dios, Georges Bataille y el erotismo, Sobre Sánchez Editorial: Iván Rosado, $ 170

A sabiendas de que la poesía se mueve en terrenos pantanosos e inestables, Osvaldo Baigorria reunió en Poesía estatal una serie de poemas nacidos de la oralidad pero que pasan con creces la prueba del papel. Aunque el autor previene: “Puede que estos versos ahora queden como esas letras de canciones que al ser impresas parecen desnudas, sin adornos, carentes del gesto y de la voz que desafina o acierta”. Pero justamente ese “estado de desnudez”, ese desamparo, es lo que potencia el lenguaje poético. Cuando la poesía se acoraza de formalismo­s y estatutos, suele perder como en la guerra.

De un tiempo a esta parte, son más que habituales las lecturas de poesía, los ciclos y eventos donde se convoca a la escucha de la voz del poeta declamando sus versos. Algunos despotrica­n contra esta tendencia, reclamando la vuelta de la palabra al vientre de la hoja impresa, a los rituales silencioso­s del texto con su lector. Poesía

estatal surgió del magma de uno de esos encuentros de poesía “en vivo”: “La idea de armar un libro con versos propios que leí en público comenzó a concebirse a partir de una Noche de los Museos de Buenos Aires en 2012, dentro del ciclo Plaza de la Lengua, que coorganiza­ba junto a Ariel Idez en la placita Boris Spivakow del Museo del Libro y de la Lengua, que por esos años tenía de directora a María Pía López”, cuenta Baigorria.

Lejos de cualquier imposición programáti­ca, Baigorria juega con su biografía, haciendo un mapeo de los desplazami­entos de un “trotamundo­s” por la “vida cultural” de varios países. De ciudad en ciudad, a lo largo de cuarenta años, con un micrófono abierto siempre a mano, se fueron hilvanando poemas que hacen de la frescura su razón de ser.

El post-scriptum funciona como clave de lectura y justificac­ión de la existencia de Poesía estatal; allí Baigorria explica detalladam­ente el marco de enunciació­n de cada poema y los avatares que implica el hecho de pararse frente a un público, de estar de “cuerpo presente” diciendo versos propios: “Canto mi

litonto fue el primer poema que leí en público, en el taller de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores), Buenos Aires, 1971”. En ese bautismal Canto militonto ya se vislumbra una intención de cuestionar los límites fronterizo­s de la poesía, alterados desde la irrupción de las vanguardia­s a comienzos del siglo XX: “cuando sube hasta mis dedos despacio/ palpo a través de la tinta/ que la poesía es un hombre/ y un vaso de vino en un café viejo”. En el poema que da título al libro, aquel que leyó en la Plaza de la Lengua, también se pone en crisis el status de la poesía, haciendo evidente su porosidad y la actual imposibili­dad de una definición precisa del género: “No tengo la más pinche idea,/ no tengo la más parietal, puñetera, fucking idea/ de si esto es o no es… poesía/ en el papel o fuera de él”.

Esa necesidad del fechado revela la entrañable manera que tiene Baigorria de relacionar­se con la poesía, que siempre enlaza con puntuales momentos de su vida que arman una hoja de ruta fascinante. En su derrotero, tuvo que enfrentar auditorios de lo más diversos: “Un programa para esta noche fue leído en un micrófono abierto en el café Grand Piano, en el barrio HaightAshb­ury, San Francisco, 1976. Me aplaudiero­n los que entendían castellano y también los que sólo entendían inglés”.

Tal vez el secreto esté en ese “mo-

El desamparo es lo que potencia el lenguaje poético. Cuando la poesía se acoraza de formalismo­s y estatutos, suele perder como en la guerra

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