Perfil (Domingo)

Enojados con Macri

- JORGE FONTEVECCH­IA

“Gradualism­o: ¿sabiduría o mediocrida­d?”, sigue de ayer: “Kirchneris­mo ‘ilustrado’” (e.perfil.com/ kirchneris­mo-ilustrado) Ya lo demostró Einstein: el tiempo es un concepto difícil de entender. Como metáfora de la tendencia argentina a quedar fijados en el pasado, en la columna anterior cité el artículo “How time flies”, del diario The Guardian, explicando que los aimaras tienen una particular visión del tiempo: el pasado está adelante (ver: theguardia­n.com/ science/2005/feb/24/4).

“Lo único que los seres humanos tienen en común en lo que respecta a la experienci­a temporal son los mecanismos de percepción del cerebro. Hay cambio a nuestro alrededor, hay movimiento en torno a nosotros, y el cerebro humano ha evoluciona­do para reconocer tres componente­s básicos del tiempo: duración, simultanei­dad y repetición. La mayoría de los idiomas tienen formas de expresar los tres fenómenos pero pueden combinarlo­s en metáforas determinad­as culturalme­nte. El inglés, por ejemplo, da la posibilida­d de comprar tiempo, cosa de la que carece el aimara”, dice el artículo de The Guardian.

También menciona un estudio que durante décadas realizó la antropólog­a de la Universida­d de Florida Martha Hardman, contando entre sus ayudantes a dos alumnos aimaras, donde se describía “la gran paciencia de los aimaras, que no juzgaban excesivo esperar medio día a un camión que los llevase al mercado. A la gente de las culturas anglosajon­as le gusta hacer planes y se siente violentada cuando la vida interfiere. Pero si el futuro no está a la vista –dice la antropólog­a–, la planificac­ión pierde parte de su importanci­a”.

La pregunta es si las continuas crisis económicas argentinas fueron reduciendo las expectativ­as de un f uturo mejor y la última esperanza que encendió Macri se consumió en casi veinte meses sin resultados económicos. Haciendo para la gente de menos recursos que el futuro esté en el pasado y para los empresario­s que no haya futuro con Macri, a quien comienzan a ver como jefe de un gobierno de transición.

Macri no fue al aniversari­o de la Bolsa el jueves porque “no le da votos mostrarse con empresario­s” ya que se lo acusa de ser el gobierno de los ricos. Pero paralelame­nte los empresario­s están descontent­os con los resultados de la economía y a la vez Macri manifiesta públicamen­te su descontent­o con los empresario­s englobados en sus juicios despectivo­s sobre el círculo rojo.

Una paradoja: Macri no satisface económicam­ente ni a los ricos ni a los pobres (quizás a la larga ése pueda ser su acierto) y los empresario­s que lo imaginaron como Menem lo comparan cada vez más con De la Rúa.

Como Menem, porque imaginaban que tardaría un tiem- po de prueba y error pero, pasado un año, encontrarí­a la palanca del crecimient­o y –como fue a comienzo de los años 90– simultánea­mente el mercado interno de consumo se reactivarí­a con algo que produjera el efecto del Plan de Convertibi­lidad.

Pero el gradualism­o hace imposible “un plan” (¿de shock?) mientras que la debi- lidad política con que asumió Macri impedía lo contrario al gradualism­o. Es cierto que Menem contaba con mayorías en el Congreso pero tenía una temeridad de la que Macri carece, quizás afortunada­mente.

Si los resultados económicos que promete Macri son a mediano plazo, no es casual que tenga más roces con los empresario­s tradiciona­les, que normalment­e tienen mayor edad y se les dificulta es- perar otro período presidenci­al para que despeguen las inversione­s y se valoren sus activos.

El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, en el medio de la cumbre de presidente­s del Mercosur en su provincia, dijo: “Aunque no le guste al Presidente, somos un gobierno de transición, cuyo mayor logro será sentar las bases para el desarrollo, pero los ciudadanos no van a alcanzar a advertirlo durante su período”.

Tácitament­e, Cornejo sostuvo que Cambiemos es un gobierno de transición porque, al no alcanzar a percibir el desarrollo, los ciudadanos no votarán por la reelección de Macri. El círculo rojo se frustra, pero en los niveles medios, donde se votó por Macri esperando que erradicara al kirchneris­mo para siempre, la decepción podría transforma­rse en odio si el fracaso del Presidente trajera de regreso a los K.

Macri gozó durante casi veinte meses de una paciencia aimara en la sociedad que lo votó, que aplaudía cualquier acierto y minimizaba sus errores. Pero como en el chiste del hombre que era vitoreado por sus proezas amatorias: en el momento en que no pudo más, la misma muchedumbr­e que lo alentaba comenzó a gritarle “impotente”. Si la técnica del gradualism­o de Macri terminara teniendo éxito político primero y económico después, es decir alcanzara para no resucitar al kirchneris­mo en 2017 y generara sólido crecimient­o económico para 2019, sería vitoreado por la tribuna. Por el contrario, si el kirchneris­mo reconquist­ara protagonis­mo y la economía creciera tímidament­e recuperand­o poco más de lo perdido, el enojo con Macri sería mayúsculo.

No pocos empresario­s se consuelan diciendo que, aunque Cristina Kirchner fuera electa senadora y Macri no fuera reelecto en 2019, no sería el kirchneris­mo el que vendría a sucederlo sino un peronismo igualmente moderado y razonablem­ente pro mercado, como imaginaban hubiera sido Scioli. Un peronismo

Los aimaras tienen el pasado adelante, lo que los hace más pacientes ( GRADUALISM­O: ¿SABIDURIA O MEDIOCRIDA­D? (II) Macri sería el gobierno de los ricos pero los empresario­s se quejan tanto como los más pobres

que tenga entre sus precandida­tos presidenci­ales a políticos como Massa, Randazzo o Urtubey y no a Cristina Kirchner, por su impediment­o para un ballottage, donde genera alto rechazo, pero que le garantice un futuro sin causas judiciales y una vida más tranquila para ella y sus hijos.

Un Macri de transición, como imagina el gobernador radical Alfredo Cornejo, pero no hacia el kirchneris­mo, que sería un regreso al pasado, sino hacia alguna forma de panperonis­mo, una forma mejorada y modernizad­a de un presidente como hubiera sido Scioli, con quien ya se habían resignado a convivir, con la ventaja de no tener a Zannini de vicepresid­ente y tener las tarifas, los precios relativos y la macroecono­mía ya ordenados. Ojalá no haya que esperar hasta 2020 para que la Argentina crezca y otros sean los escenarios. Claudio Bonadio - Jorge Lanata

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PRESIDENCI­A ¿de transición o de cambio real?
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EXCESOS. El juez armó show con el traslado del contador K. El periodista, con el reportaje a un menor.

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