Con­cien­cia eco­ló­gi­ca

es­tre­na­ron la pe­lí­cu­la Los úl­ti­mos, acer­ca de las con­se­cuen­cias des­me­di­das de la ex­plo­ta­ción am­bien­tal. Creen que el fu­tu­ro que mues­tra el film es­tá a la vuel­ta de la es­qui­na.

Perfil (Domingo) - - CINE - AL­FRE­DO ME­RA

Cuan­do la no­ta es en un bar, en ge­ne­ral un pe­rio­dis­ta apo­ya el gra­ba­dor so­bre una pi­la de ser­vi­lle­tas de pa­pel, in­ten­tan­do que se fil­tren un po­co me­nos los rui­dos que ge­ne­ra el con­tac­to de lo­zas, cu­cha­ras y ma­de­ra. Y co­mo las ma­nías de los ar­tis­tas a ve­ces sor­pren­den, pri­me­ro se pre­gun­ta si mo­les­ta. Na­ta­lia Orei­ro bro­mea y di­ce que un po­co, pe­ro aun­que con­fie­sa te­ner TOCs pre­fie­re no ha­blar del te­ma. Pe­ter Lan­za­ni tie­ne me­nos re­pa­ros y cuen­ta que el vo­lu­men del es­té­reo del au­to lo pone en múl­ti­plo de cin­co: “No sé por qué. Me con­ven­dría par o im­par por­que hay una di­fe­ren­cia gran­de en­tre cin­co y diez, pe­ro bueno…”. Am­bos son par­te de Los úl­ti­mos, ópe­ra pri­ma de Nicolás Puen­zo. Pa­ra Lan-

“Con­ta­mi­na­dos ai­re, tie­rra y agua, es di­fí­cil vis­lum­brar un fu­tu­ro...” (Orei­ro)

za­ni, es el pri­mer con­tac­to; pa­ra Orei­ro, es la ter­ce­ra vez con una de las fa­mi­lias fun­da­men­ta­les del ci­ne na­cio­nal. “Lo pri­me­ro que ha­go con ellos es In­fan­cia clan­des­ti­na, don­de son pro­duc­to­res, y lue­go vie­ne Wa­kol­da. Ahí co­no­cí a Ni­co. La fo­to­gra­fía de esa pe­lí­cu­la es in­creí­ble. Creo que él tie­ne ta­len­to en mu­chas áreas, pe­ro creo que en fo­to­gra­fía es ex­tra­or­di­na­rio –cuen­ta la ac­triz–. To­da su fa­mi­lia trans­pi­ra ci­ne y es be­llí­si­mo tra­ba­jar con ellos por la paz que trans­mi­ten. En mi ca­so, ne­ce­si­to que me trans­mi­tan tran­qui­li­dad y se­gu­ri­dad. El ac­tor es tan in­se­gu­ro… Cuan­do me lla­ma­ron di­je que sí an­tes de leer el guión”. Pa­ra el pro­ta­go­nis­ta de Un ga­llo pa­ra Es­cu­la­pio, “Puen­zo es­ta­ba muy plan­ta­do en el set y te­nía muy en cla­ro qué pe­lí­cu­la que­ría con­tar. Si bien ha­bía­mos he­cho un es­tu­dio an­tes, siem­pre tie­ne una res­pues­ta pa­ra to­do”.

—Ha­blá­ba­mos de TOCs y, en ge­ne­ral, gen­te tan me­ti­da

en el mun­do del ci­ne po­dría es­tar lle­na de ob­se­sio­nes.

OREI­RO: De Puen­zo pa­dre no ten­go idea por­que no me di­ri­gió, pe­ro Lu­cía y Nicolás son muy se­gu­ros. Igual­men­te es­ta pe­lí­cu­la es muy par­ti­cu­lar por­que se man­dó con al­go su­per­ju­ga­do, con una te­má­ti­ca muy du­ra y com­ple­ja. Es un film más in­die; sin em­bar­go, tie­ne una su­per­pro­duc­ción, unos pai­sa­jes… Es muy com- ple­ja de ar­ti­cu­lar.

—La pe­lí­cu­la mues­tra un fu­tu­ro sig­na­do por la gue­rra por los re­cur­sos na­tu­ra­les. ¿Có­mo se lle­van con esa te­má­ti­ca?

LAN­ZA­NI: Apren­dí mu­chí­si­mo. Fui­mos a Bo­li­via a con­tar un fu­tu­ro post apo­ca­líp­ti­co y nos en­con­tra­mos con un pre­sen­te... Es muy ac­tual. Se­ma­na a se­ma­na, en las no­ti­cias sa­lían co­sas que es­ta­ban den­tro del guión...

O: Es una La­ti­noa­mé­ri­ca que es­tá a la vuel­ta de la es­qui­na. Es­ta­mos ha­blan­do de re­fu­gia­dos, de des­pla­za­dos am­bien­ta­les por una ex­plo­ta­ción des­me­di­da.

—¿Có­mo re­per­cu­ten es­tos te­mas en la crian­za de tu hi­jo?

O: Tra­to de con­su­mir ali­men­tos na­tu­ra­les y or­gá­ni­cos, pe­ro no sabemos qué es­ta­mos co­mien­do y to­man­do. Es­tán con­ta­mi­na­dos ai­re, tie­rra y agua. Es di­fí­cil vis­lum­brar un fu­tu­ro… Me cos­tó mu­cho ser ma­má, en el sen­ti­do de to­mar la de­ci­sión de traer a al­guien al mun­do, pe­ro al mis­mo tiempo creo que son ellos los que vie­nen con una con­cien­cia dis­tin­ta a la que te­nía la ge­ne­ra­ción que nos an­te­ce­de. En ese sen­ti­do in­ten­to te­ner una mi­ra­da más lu­mi­no­sa, pe­ro

cla­ro, los que to­man las de­ci­sio­nes no son ni­ños…

L: Es di­fí­cil cuan­do las de­ci­sio­nes las to­man unos po­cos y las su­fren to­dos. El pri­mer lu­gar don­de es­tu­vi­mos en el ro­da­je fue Poo­pó, al la­do del se­gun­do la­go más gran­de de Bo­li­via, que es­ta­ba se­co por com­ple­to. Fui­mos a ha­cer una ex­cur­sión y de la na­da nos en­con­tra­mos con un vie­ji­to que vi­vía so­lo con diez pe­rros. Con mi cá­ma­ra lo pu­de en­tre­vis­tar un po­co y en­con­tré a mi per­so­na­je en él. Se­gui­mos un po­co más y en una ca­sa en­con­tra­mos a tres mu­je­res. La más gran­de nos con­tó que su ge­ne­ra­ción se en­fer­ma­ba de cán­cer por to­mar agua no po­ta­ble, con­ta­mi­na­da por la mi­ne­ría.

—Am­bos arran­ca­ron de muy chi­cos en el me­dio. ¿Có­mo vi­vie­ron la ex­po­si­ción y có­mo creen que es aho­ra? L: A mí lo que me ayu­dó y sal­vó fue­ron mis pi­la­res: mi fa­mi­lia y mis ami­gos. Es un mun­di­llo di­fí­cil y hay gen­te muy ma­la tam­bién, que tal vez ni te das cuen­ta de có­mo es. Por eso son esen­cia­les la fa­mi­lia y los ami­gos. Es el pun­to más cla­ro en la vi­da de to­dos.

O: Es­ta­ba muy so­la. Vi­ne a Bue­nos Ai­res a los 16 y mi fa­mi­lia se que­dó en Uru­guay. Vi­vía en una ha­bi­ta­ción de ser­vi­cio, aun­que cla­ra­men­te era otra épo­ca. Creo que la ex­po­si­ción no era la de hoy. Hay una glo­ba­li­za­ción don­de una no­ti­cia, por más que sea fal­sa, se du­pli­ca al ins­tan­te y al­go se va de las ma­nos. En un pun­to, eso pue­de afec­tar a cual­quie­ra. No creo que ten­ga que ver ne­ce­sa­ria­men­te con la edad. Cuan­do era chi­ca ha­bla­ba mu­cho y me cos­ta­ba en­ten­der el re­co­rri­do que po­día lle­gar a te­ner al­go que de­cía. Con los años me fui co­no­cien­do me­jor y apren­dí a res­guar­dar­me.

POS­TA­LES. Orei­ro y Lan­za­ni en la ópe­ra pri­ma de Nicolás Puen­zo, her­mano de Lu­cía e hi­jo del ganador del Os­car por La his­to­ria ofi­cial.

FOTOS: CEDOC PER­FIL

FOTOS: CEDOC PER­FIL

AN­TES. Orei­ro en Gil­da, no me arre­pien­to de es­te amor. Lan­za­ni con Fran­ce­lla, en el rol de los Puc­cio que en­ca­be­za­ron El clan.

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