En Mar del Pla­ta, dan cla­ses de surf pa­ra pe­rros y sus due­ños

Con tra­jes y ta­blas, les en­se­ñan a ha­cer equi­li­brio so­bre las olas. en Pi­na­mar no hay bal­nea­rios ex­clu­si­vos, pe­ro se ven más mas­co­tas en la pla­ya.

Perfil (Domingo) - - SOCIEDAD - CLA­RA FERNANDEZ ES­CU­DE­RO

En Ca­li­for­nia o Ha­waii las dan ha­ce años, pe­ro en las pla­yas ar­gen­ti­nas son una no­ve­dad: es­te año, por pri­me­ra vez, un bal­nea­rio de­di­ca­do a las mas­co­tas en Mar del Pla­ta in­cor­po­ró cla­ses de surf pa­ra pe­rros, que pue­den com­par­tir­se –o no– con sus due­ños. Se uti­li­zan ta­blas tra­di­cio­na­les, de padd­le surf –pa­ra ir sen­ta­dos– y ka­yaks. Pe­ro lo más atrac­ti­vo, pa­ra quie­nes se acer­can a los cur­sos, que co­men­za­ron ayer, es tra­tar de que sus pe­rros se di­vier­tan y apren­dan a ha­cer equi­li­brio so­bre las olas.

“Ele­gi­mos traer es­ta op­ción por­que más allá de ser una ac- me­ten so­los a la pi­le­ta. Ellos son los más ‘lan­za­dos’”, cuen­ta. Los más chi­cos es­tán siem­pre acom­pa­ña­dos por los ins­truc­to­res. “Pa­ra ellos, la ex­pe­rien­cia es más gra­ti­fi­can­te aún, por­que se di­vier­ten jun­tos”, di­ce.

En el bal­nea­rio, los pe­rros tie­nen su pro­gra­ma pro­pio: hay una pi­le­ta, una pis­ta de agi­lity –don­de ha­cen prue­bas y sor­tean obs­tácu­los– y es­pa­cios de juego se­pa­ra­dos. Las car­pas cues­tan des­de $ 40 mil por mes y exi­gen li­bre­ta sa­ni­ta­ria. Acom­pa­ña­dos. En Pi­na­mar, en tan­to, no exis­ten aún los bal­nea­rios ex­clu­si­vos pa­ra mas­co­tas, pe­ro –a pe­sar de una

nor­ma­ti­va de la Mu­ni­ci­pa­li­dad, que exi­ge que en los pa­ra­do­res los pe­rros ba­jen so­lo an­tes de las 9 de la ma­ña­na y lue­go de las 19–, po­cos lo cum­plen.

“Ca­da vez más, se ven fa­mi­lias que com­par­ten el día con los pe­rros en la pla­ya, so­bre to­do des­pués del me­dio­día”, cuen­ta Jor­ge Gon­zá­lez, un ve­cino de esa lo­ca­li­dad que pa­ra con su fa­mi­lia en uno de los bal­nea­rios más con­cu­rri­dos de Bun­ge y la Av. del Mar. “En las pla­yas del nor­te y del sur, don­de no hay pa­ra­do­res, tam­bién se ven pe­rros, pe­ro allí no exis­ten res­tric­cio­nes ho­ra­rias”, agre­ga.

Pa­ra quie­nes ca­mi­nen con sus pe­rros por los bal­nea­rios tra­di­cio­na­les de Pi­na­mar, ade­más de res­pe­tar los ho­ra­rios es­ta­ble­ci­dos por la ciu­dad, de­ben lle­var co­rrea y bo­zal (los de gran ta­ma­ño), más li­bre­ta sa­ni­ta­ria por si les es re­que­ri­da.

FO­TOS: GZA. YES!

JUN­TOS. Acom­pa­ña­dos por un ins­truc­tor, ayer, en las pla­yas del Fa­ro, una mu­jer y su mas­co­ta in­ten­tan sus pri­me­ros pa­sos so­bre las olas.

EN FA­MI­LIA. Pa­san el día y com­par­ten car­pa y si­llas con los ca­nes, no im­por­ta el ta­ma­ño ni la ra­za.

PA­TRI­CIO CA­BRAL

OP­CIO­NES. En Pi­na­mar hay ho­ra­rios y res­tric­cio­nes pa­ra ba­jar con pe­rros (arr.). Los ca­nes ha­cen agi­lity en la are­na de MDQ.

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