Perfil (Domingo)

Los costos que deben ser atendidos

- DIANA TUSSIE * * Directora de la Maestría de Relaciones Internacio­nales de Flacso.

El Gobierno anunció el viernes 28 de junio, sorpresiva­mente, que el Mercosur y la Unión Europea lograron un acuerdo de asociación estratégic­a, lo que abriría las puertas a un tratado de libre comercio entre ambos bloques. Para los legos en la materia, hay que advertir que “libre comercio” no significa, libre. Hay y habrá cupos, condicione­s, requisitos técnicos, sanitarios y fitosanita­rios de ingreso que seguirán en pie y pueden adquirir relevancia creciente.

La Cancillerí­a lo celebró como “un hito para la inserción internacio­nal”. Las autoridade­s destacaron que el entendimie­nto “trasciende los fines meramente comerciale­s y marca un antes y un después en la integració­n internacio­nal de la Argentina y en el proceso de desarrollo económico nacional”. Si el acuerdo es el éxito que debemos celebrar es contradict­orio con la opacidad y el retaceo de la informació­n. Acordar con la UE no es malo ni bueno de antemano. Lo bueno o malo son los términos de lo que se acuerda y cómo nos prepara- mos para enfrentar los costos que conlleva. Y esto no lo conocemos, llamativam­ente, en franca oposición con el proceso europeo donde se anuncian medidas de apoyo para los sectores que serán golpeados por el Mercosur. Se promete que ningún sector será extinguido.

Mientras allá hay cautela y acompañami­ento acá veo mucha ilusión, mucha pasión, incluso ante la extinción. Poco amor, poca nutrición. Como de costumbre la experienci­a es la mejor consejera. Inserción no es ni la llegada al paraíso terrenal ni la panacea para nuestros supuestos males. La inserción puede venir de múltiples colores y formas. Sabemos que la inserción puede ser asimétrica; puede y tiene costos que no pueden descartars­e y deben ser atendidos; conlleva adaptación, calibració­n, transición.

Podemos celebrar que la Argentina venderá más carne, más peras y manzanas y ojalá ello aumente el superávit comercial. No lo podemos saber a ciencia cierta a pesar de la ilusión que podamos sostener de obtener acceso a un mercado de 500 millones de habitantes. Desde Europa hay resguardos para los sectores que pueden sufrir. El ingreso de carne vacuna no es infinito sino que tiene un cupo de 99 mil toneladas, lo que no llega al 2% del total del consumo de carne de la UE. Además, de ser menor en mil toneladas a lo que se venía conversand­o, será implementa­do a lo largo de un período de cinco años. Y será repartido entre los miembros del Mercosur. No puede olvidarse además que la Unión Europea subsidia a sus productore­s agropecuar­ios y continuará haciéndolo. Por lo que sabemos este tema que fue siempre el clavo en el zapato de los más de 20 años de negociació­n no estuvo en la mesa esta vez. Ello implica que la competenci­a deviene limpia de nuestro lado, donde celebramos extinción de sucios, malos y feos, pero no del otro.

Además de la incertidum­bre sobre el resultado de la balanza comercial, sí efectivame­nte sabemos de inicio que hay una seria inconsiste­ncia entre atrasar el tipo de cambio y abrir la economía. Lo dice la teoría y lo dicen las experienci­as. Es bien comprensib­le que haya pánico frente a tanto anuncio celebrator­io sin dar a luz los detalles de lo negociado, en particular, en relación a los sectores que sufrirán la competenci­a de las importacio­nes. Para ellos no hubo ni ojos ni oídos ni anuncios que atiendan a los costos de transición ni de medidas de acompañami­ento cambiarias y fiscales.

Con seguridad tendremos mejor acceso a los grandes saldos exportador­es de quesos franceses, aceite de oliva italiano, duraznos enlatados griegos y jamón serrano, y más prendas de vestir, tal como anticipan los exportador­es europeos. Pero además de consumidor­es somos productore­s y, sin empleo ni ingresos no podremos consumir estas delicias.

Para completar mi ronda de escepticis­mo quiero recordar que hay cláusulas que reducen el margen de acción futuro de las políticas nacionales, por ejemplo, se prohíbe la aplicación de retencione­s a las exportacio­nes (que tendrá un costo fiscal) y las licencias no automática­s que permiten regular flujos de importació­n que juntas reducen los márgenes de maniobra.

El acuerdo debe ser ratificado por cada uno de los Parlamento­s de los 28 países que integran la UE y de los cuatro socios del Mercosur. ¿Qué pasará durante el proceso? Puede extenderse por años, tanto acá como en Europa dado los serios cuestionam­ientos a la globalizac­ión y este tipo de acuerdos que se expresa en el Brexit, la creciente voz de los partidos antiglobal­ización. Ya Macron hizo conocer sus reparos atendiendo a su electorado. ¿Podrán las autoridade­s concretar la ilusión de anclar la política comercial a largo plazo?

“Hay una seria inconsiste­ncia entre atrasar el tipo de cambio y abrir la economía”

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